LillodelaMancha

Historia en la Mancha

Mercaderes de seda y taracea de Pastrana (I)

Existió una ciudad bella como ninguna otra hasta el año 1570, frente a la Alhambra, una a otra se miraban, desde el Albaicín las moles rojizas sobre el verdor que regaba el Darro, desde las almenas de la Alhambra el blancor que refulgía con los rayos del sol o plateaba con los de la luna.

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Granada y el Albaicín grabado por Joris Hoefnagel, s. XVI

Sus estrechas callejuelas serpenteaban desde San Nicolás hasta Elvira en la Plaza Nueva, sus placetas en cualquier ensanche de una calle bullían de gentes que mercadeaban, en la plaza de Bib el Bonut, como si de una colmena se tratase, se arremolinaban las tiendas de orfebres, marroquinerías y telas de distintos tipos, en especial las de seda, en contraste con sus tranquilos y frescos cármenes en la parte baja donde el Darro los convertía en remanso de paz.

Los mercaderes de la seda eran los más ricos del Albaicín, consiguieron hacer de ella la industria más rentable del reino nazarí de Granada, tanto fue así que se exportaba a todos los países bañados por el Mediterráneo, donde era apreciada como la más bella y de mejor calidad, desde el reino de Tetuán, pasando por Tremecén y Argel, hasta el sultanato de Egipto y el reino otomano de Istambul en los confines del Mare Nostrum. Las sedas de Granada que los mercaderes del Albaicín llevaron a todo el mundo occidental conocido, vistieron a todas las mujeres de estos reinos, los voluptuosos cuerpos de las princesas de “las mil y una noches”, las esposas del Gran Turco que residían en el palacio de Topkapi y las odaliscas del sultán.

En el reino de Granada existía una dedicación, casi exclusiva, a su fabricación, desde las plantaciones de moreras, cría del gusano de seda y el tratamiento del capullo, hasta la obtención del hilo, su trenzado, tinte y labor en el telar, desde las villas de la Alpujarra hasta los confines del marquesado de los Vélez en las lindes del reino de Murcia.

Esta productiva industria comenzó a truncarse con el levantamiento morisco del reino de Granada, mal llamado así pues fue una guerra en toda su magnitud, la Guerra de la Alpujarra, que, a decir de los historiadores de la época, fue la más sangrienta en Europa en todo el siglo XVI, aún más que las guerras de religión europeas.

Asustados por los mandamientos en contra de sus costumbres que predicaba la pragmática sanción de 1567, que los consejeros de Felipe II obligaron a cumplir, los mercaderes principales del Albaicín buscaron a un cabeza de turco que iniciase un levantamiento suave para asustar al rey y a la población en general, que permitiese la anulación de las prohibiciones, de este modo promovieron una reunión en la casa del mercader de cera Adelet, donde se reunieron los más importantes y donde nombraron al artífice de la rebelión Farax Ibn Farax, un tintorero abencerraje de gran maldad e inclinado a la traición, que atrajo hacia sí importantes personas de la Alpujarra como Ibn Aboo, el segundo rey morisco, Hernando el Zaguer, tío y general que fue del primer rey Ibn Humeya, y Miguel de Rojas, que fue suegro y tesorero del rey, además de un ingente ejército de monfíes que asolaron todas las villas de la Alpujarra y río de Almanzora. Estos fueron los comienzos de la guerra que se inició en la Nochebuena de 1568.

Aunque el comienzo de la guerra y escaramuzas, los primeros meses de 1569, fueron favorables a los dos generales que mandaban los dos ejércitos, el de Granada por el marqués de Mondéjar y el del río Almanzora por el marqués de los Vélez, no por ello dejaron los moriscos de asolar la tierra y matar cristianos, de un modo tan brutal que muchos de ellos podrían ser considerados mártires de la Iglesia Católica. Desde la ciudad del Albaicín se prestaba ayuda y se daba información del movimiento de las tropas cristianas al rey Ibn Humeya que, de este modo, obraba en consecuencia y movía a lugares seguros sus tropas de monfíes y turcos venidos de Argel.

Esta fue la consecuencia por la que el rey, asesorado de nuevo por sus consejeros, mandó sacar a todos los moriscos del Albaicín. En la víspera de San Juan del año 1569, don Juan de Austria mandó a todas las compañías de la ciudad de Granada que concentrasen a los moriscos en el Hospital Real para ser expulsados lejos de su tierra, al interior del reino de Castilla. Fue tanto el temor que tenían que los llevasen a matar que el cura Albotodo, de origen morisco y querido por su pueblo, tuvo que intervenir para conseguir una cédula del Presidente de la Audiencia, don Pedro de Deza, en la que se garantizaba sus vidas.

Los hombres iban con las cabezas agachadas, los rostros cubiertos de lágrimas, las manos cruzadas, pensando en las haciendas que dejaban, en sus bienes, en sus cármenes y huertas que eran el resplandor del Albaicín y que, al poco tiempo de ser abandonadas, quedaron desoladas y desiertas, y más tarde destruidas, porque al estar sin vigilancia alguna, por la noches, se acercaban grupos de cristianos que entraban en sus casas, picaban las paredes y los suelos para buscar tesoros y el oro y joyas que creían habían escondido los mercaderes ricos, pensando en que volverían un día a recuperarlos y para evitar ser robados en el camino. Al poco tiempo que se despobló el Albaicín había muchas casas en completa ruina, de modo que se tuvo que poner la guardia que no se quiso poner al principio.

Solo quedaron los niños y ancianos, algunos oficiales y los mudéjares que fueron eximidos de la deportación por su condición, en base a acuerdos antiguos que tenían con los reyes cristianos.

Hay una leyenda o creencia de los vecinos del Albaicín que siempre nos relataban a los de la Alpujarra, decían que vendría un tiempo en que su sangre correría por la cuesta de la Alcazaba hasta cubrir una gran piedra que había al lado de la calle, y era cierto que en este día se cumplió, pues la gente (la sangre de los del Albaicín), era conducida por las compañías de soldados cristianos por esa cuesta para salir de él y nunca más volver. 

Este es, también, el comienzo de nuestra historia, el instante en que varios mercaderes de la seda del Albaicín, bajo el auspicio de los señores de Pastrana, don Ruy Gómez de Silva, príncipe de Éboli y su esposa doña Ana de Mendoza y de la Cerda, la tan conocida princesa de Éboli, que ese mismo año de 1569 habían comprado el señorío, se trasladan a vivir allí junto a un ingente número de moriscos. Allí renacería de sus cenizas el Albaicín granadino, allí renacerían los cármenes y el gusto por sus jardines y huertas, allí volvió a nacer la industria de la seda, se plantaron moreras, se construyeron telares, los mercaderes volvieron a trajinar en la Corte y en Toledo, a pesar del color negro oficial, las mujeres, en su intimidad, en sus vestidos de fiesta, volvieron a lucir las sedas tan delicadas de Pastrana, fabricadas por las manos expertas de los moriscos, herederos de las del reino nazarí de Granada.

La mula manca de Corral de Almaguer

Hubo un tiempo, perdido en la memoria de los habitantes de la Mancha Santiaguista, en que tener una mula (bestia como diría un vecino del siglo XVI) para ser usada como animal de trabajo en las labores del campo o para carga en los acarreos, denotaba el poder económico de una determinada familia.

Arando grande

Óleo “Arando Grande” de Nélida Cano

 

En efecto, su valor era comparable al de una vivienda. Por contra, el labrador se aprovechaba de ella para multitud de funciones, a las ya referidas de laboreo, habría que añadir, la de dar calor a la casa en los fríos y continentales inviernos manchegos, desde la cuadra que estaba pegada a la cocina, a veces, tan unida a ella que solo las separaba una puerta, así como el uso de su estiércol como abono.

Durante mis veranos en La Mota, cuando llegaba el frescor de la tarde después de la soñolienta siesta, me entretenía en ver como las mulas, una vez terminada la labor del campo, llegaban sueltas hasta los pilones de piedra medieval con agua fresca recién sacada del pozo, que servían de consuelo para apagar su sed; bebían ávidas en el Pozo de la Aldea, en la calle del Haldudo, en tantas otras …

Hoy día cuesta ver una mula por nuestras calles, en aquella época lo raro era ver a tantos vecinos como ahora. En el Catastro de Ensenada de 1752, para la villa de La Mota se contabilizaban los animales en: pollinos, jumentos, asnos o borricos como diríamos hoy día, unas 350 cabezas, mulas y machos, unas 250 unidades, eso para una población de unos 3.000 habitantes, lo que significaba unas 750 familias, o sea, casi un animal por cada familia.

Visto la importancia de tan útil y necesario animal para nuestros tatarabuelos, entramos a conocer nuestra historia que se desarrolla en el importante lugar de Corral de Almaguer, quizás la villa de mayor tamaño de toda la Mancha Santiaguista en este primer tercio del siglo, año de 1530.

Francisco Galán es un vecino de Corral de Almaguer. Durante los últimos años le han ido bien las cosechas en los campos de cereales que labra, de modo que ha decido que ya es hora de comprar una mula que le ayude a ser autónomo en las labores de labranza, trilla y carga de sus cereales. Para ello contacta con otro vecino de la villa, Gómez Ortiz, hombre hábil y astuto en los negocios, que es propietario de varias mulas y se aviene a venderle una al dicho Galán.

Se reúnen en el corral de Gómez Ortiz, donde Galán mira y remira cuál le gusta más y que se aproxime al precio que puede pagar por ella. Por fin se decide, toma la que cree que será buena y conciertan un precio de 23 ducados (8.625 maravedís) para cerrar el trato; una importante cantidad de dinero a la que Francisco Galán piensa sacar su rentabilidad.

Está muy feliz, cree que ha hecho una buena compra, además del trabajo que le va a quitar y del pago que no tendrá que hacer a otros para que le aren sus tierras. Pero, esta felicidad, se trastocó en pena y enfado, a la vez, al poco tiempo de comprarla. ¡Esta mula está manca de una pata!, el truhan de Francisco Galán me ha vendido una mula coja.

No podía creer que a él le ocurriese eso, ¿Cómo le había engañado después de mirar tanto en su corral? Se acercó a casa de su vecino, un experto y anciano labrador que tuvo mulas toda la vida. Cuando la reconoció le confirmó lo que ya sabía, esta mula tenía un defecto en la pata delantera, le iba a dar muchos problemas y, quizás, no tardando mucho, la tendría que sacrificar.

¡Adiós mis maravedís, adiós mi gozo! tanto tiempo ahorrando dinero para tener mi propia acémila, y en un instante perdidos mis ahorros, y mi ayuda en el campo, pensó Galán.

Dentro de lo malo, aún no había pagado un solo maravedí, solo se había limitado a firmar una carta de obligación de pago, por los 23 ducados, ante un escribano, así que con no pagar ya estaría compensado el estafador.

Pero Gómez Ortiz tampoco iba a entregar una de sus mulas sin cobrar dinero alguno, aunque estuviese manca. Contrató un procurador, pagó a un escribano y dirigió una carta pidiendo al gobernador del Partido de la Mancha y Ribera de Tajo, que actuase contra el moroso que no quería pagar la mula comprada, saltándose la carta de obligación firmada.

Atento a la carta de petición y a la de obligación, el alcalde mayor, licenciado Almodóvar, en nombre del gobernador, condenó a Francisco Galán que se ejecutasen sus bienes, para que con el dinero obtenido en pública almoneda se procediera al pago de la deuda.

Cuando el alguacil de la gobernación se presentó en su casa, Galán trató de darle todas las explicaciones posibles, pero no era cosa que le afectara, pues le dijo que él solo cumplía orden de comunicar el mandato de ejecución. Galán recibió la noticia y al día siguiente hizo su carta de poder para su procurador, quien, ante un escribano, para que diera fe de lo que decía en su carta, se presentó ante su Alteza, el rey don Carlos, en su Consejo de Ordenes, apelando de la ejecutoria del gobernador o que la hiciera nula o lo que mejor decidiera el Consejo en forma y manera de derecho.

El procurador suplicó que la carta fuese aceptada y que se revocase el mandamiento.

Los del Consejo la aceptaron y enviaron mandato a Gómez Ortiz para que se presentase, en un plazo de quince días, en persona o a través de su procurador, para que informase de lo ocurrido, dijera lo que fuere en contra de la apelación y nulidad solicitada por Francisco Galán, y reclamase su derecho y justicia, de modo que, si se presentaba se le aplicaría justicia, pero si no lo hiciera, perdería el pleito en favor de Galán. Además, ordenaron que se entregase un traslado, en un plazo máximo de seis días, de la solicitud de apelación y nulidad que Galán había presentado en el Consejo.

El pleito se celebró. El licenciado Almodóvar condenó a Gómez Ortiz a que se llevase su mula y liberó a Francisco Galán de la carta de obligación de pago por los 23 ducados; aunque dio una segunda alternativa si no lo hacían en esta manera, podría quedarse Francisco Galán con la mula y pagar a Ortiz tres mil maravedís que era el justo precio en que se tasó. Vea el lector que Ortiz trató de engañar en más de cinco mil maravedís a Galán.

Al tiempo que se pronunciaba esta sentencia, Francisco Galán solicitó que se diese por nula la ejecutoria que todavía estaba pendiente contra él. El Consejo aceptó la solicitud y la dio por nula.

El Consejo de Ordenes recibía todas las peticiones y pleitos de los habitantes de la Mancha Santiaguista, cuando éstos apelaban y reclamaban justicia y desagravio en derecho, por cosas importantes y por cosas menores. El rey don Carlos como Administrador Perpetuo de la Orden y Caballería de Santiago estaba en la obligación de responder a sus súbditos.

Este pleito que nos ocupa se produjo entre los días 21 y 23 de noviembre de 1530.

Actuaba como presidente del Consejo de Ordenes, el conde don García Manrique.

Sentaron jurisprudencia del pleito, los licenciados Luxán, Perero de Neyra y Sarmiento. La secretaría estaba bajo la supervisión de Francisco Guerrero.

 

 

 

 

Gastos del concejo del Quintanar en 1531

Todos los concejos de la Mancha Santiaguista, se puede considerar que no eran independientes para fijar lo que debían o necesitaban hacer dentro de su municipio. Si necesitaban comprar una tierra, hacer un edificio, sacar en procesión una imagen venerada o hacer unos gastos extraordinarios, no podían hacerlo, esa decisión correspondía al rey don Carlos como Administrador Perpetuo de la Orden de Santiago de la Espada, pues todos ellos estaban bajo su jurisdicción dentro del Consejo de Ordenes. Incluso disponer del dinero recaudado no era nada fácil, lo que se obtenía de los diezmos iba a la Iglesia y al Maestre, los maravedís que se recaudaban a los pecheros iba a la Corona, al final todo a don Carlos por ser Maestre y rey.

El Quintanar (Quintanar de la Orden) como es conocida por los pueblos comarcanos de la Orden, no es menos que las otras villas en esta problemática. Su concejo, como los otros, está saliendo tímidamente de la época medieval a un estado moderno, pero no es fácil, las antiguas costumbres impuestas por la Orden desde los tiempos ancestrales de la repoblación, a comienzos del siglo XIII, están muy arraigadas en los habitantes de la Mancha Santiaguista y no se pueden abandonar en pocos años; sirva como ejemplo la edificación de iglesias, en todas las villas se construyen nuevos edificios basados en un gótico tardío que llega hasta la década de los años 60 del siglo XVI, a pesar que ya estaba muy introducido el arte del renacimiento, son las tan conocidas iglesias de salón o columnarias, inspiradas en las alemanas “hallenkirche”, que tanto en La Mota como en el Quintanar comenzó a hacer su fábrica el cantero vasco maese Pero López, quien había fijado su residencia en La Mota y, por tanto, vecino de ella.

Este año de 1531, el concejo del Quintanar tiene necesidad de pagar los servicios de unos profesionales que ha contratado para mejorar la calidad de vida de sus vecinos, estos han sido los siguientes:

Tres celadores o escuderos (la palabra es difícil de transcribir en el texto) que desde muy antiguo los vecinos habían hecho votos y juros de tenerlos en la villa, posiblemente serían los encargados de vigilar la antigua cerca medieval que rodeaba la villa, a los que han pagado una cantidad de 10.000 maravedís anuales.

Un herrero para que sirva las necesidades de los vecinos en la fabricación de herramientas, para las labores del campo, hierros para mulas y jumentos, etc, se le pagan 4.000 maravedís. La herrería era una de las primeras y más solicitada actividad que los vecinos reclamaban para que se instalase en las villas, se puede deducir por el salario que se pagaba, pues era uno de los más altos.

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La Fragua

Francisco de Goya

 Un barbero que cuida de la salud de los vecinos, hace sangrías, remedia los dolores de muelas y otras enfermedades, 1.000 maravedís cada año. Estos barberos eran más curanderos que profesionales de la medicina, curaban más en base a experiencias y conocimientos transmitidos que en base a un método médico y científico, muchas veces producían la muerte, por infecciones, en lugar de sanar al enfermo.

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Los guardas de los montes del Quintanar recibían 4.500 maravedís. Oficio muy necesario pues los abusos que cometían los habitantes de la villa y de las otras de la comarca eran muy notables. Cada villa tenía uno o varios montes poblados de encinas milenarias, una especie de sotobosque, que abastecía las necesidades de madera y de donde se recogía la bellota, muy apreciada para alimentación de personas y cría de los cerdos. La recogida de madera estaba regulada en cantidad, época y pago de multas por medio de ordenanzas que los guardas se encargaban de hacer cumplir, los infractores eran objeto de multas cuantiosas e incluso la cárcel de la villa. La recogida de bellota estaba regulada, desde la Edad Media, por ordenanzas de la Orden, solo se podía recoger hacia la festividad de Todos los Santos en el mes de noviembre, sobre este particular hay escrito un artículo en mi blog, titulado “La guerra de la bellota entre La Mota y El Toboso”, los vecinos de La Mota acuden al monte del Toboso a robar la bellota y éstos les hacen frente, produciéndose heridos entre ellos y penas para algunos infractores.

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Comic del gran dibujante Alex Piera Lillo

Un mensaje que siempre lanzo en mis escritos, la Mancha Santiaguista no tuvo el paisaje de campos de cereales y viñas de la actualidad, hasta mitad del siglo XVI estaba poblada de grandes extensiones de encinas, desde Socuéllamos, pasando por Manjavacas, El Toboso hasta el Quintanar, Villamayor y Corral de Almaguer, y desde Criptana, La Puebla de don Fadrique, Los Hinojosos y La Mota, hasta los límites del marquesado. Ese océano de encinas verdes daba un carácter mágico a nuestra Mancha, cada vez que paso por ella observo que, poco a poco, comienzan a crecer. Despertemos nuestra conciencia para que las encinas vayan en aumento.

Las bellotas que daban las encinas milenarias eran prodigiosas, de un tamaño fuera de lo normal que no pasaban desapercibidas a la vista de cualquier humano. Cervantes las cantó en el Quijote:

“Dícenme que en ese lugar hay bellotas gordas: envíeme hasta dos docenas, que las estimaré en mucho, por ser de su mano …”

 “Y en lo que toca a las bellotas, señor mío, yo le enviaré a su señoría un celemín, que por gordas las pueden venir a ver a la mira y a la maravilla.”

El ayuntamiento tiene empleados dos escribanos públicos, que se encargan de registrar las actas de las reuniones del concejo, las escrituras de tierras y haciendas, las cartas de poder y, en general, de todos los documentos legales, no en vano son los notarios de la época que dan fe de lo que escriben y su documento es sinónimo de verdad. Cobra cada uno 2.500 maravedís cada año (véase lo dicho anteriormente, un herrero cobra 4.000 maravedís y un notario 2.500 ¡Qué diferencia con los tiempos actuales!).

Todos estos salarios ascienden a la no despreciable cantidad de 24.500 maravedís (el escribano se equivoca en la suma y dice que asciende a 25.500 maravedís, ¿A tan temprana edad comenzábamos con las sisas?).

Los oficiales del concejo, alcaldes ordinarios, que solían ser dos, y regidores, que solían ser tres, se preguntaban ¿cómo vamos a pagar esta cantidad? ¿de dónde la obtendremos?, como ya hemos dicho, todos los maravedís por impuestos y diezmos pertenecen al Maestre de la Orden o al rey, por tanto, de esas cantidades no podían guardar nada para sus necesidades.

Sí queridos amigos lectores, han acertado, la respuesta era bien sencilla y fácil de pensar: escribiremos una carta al rey, a su Consejo de Ordenes, solicitando que nos permita hacer un reparto entre los vecinos por medio de un impuesto extra. Ningún ayuntamiento ha inventado nada, todo estaba pensado desde muy antiguo.

Comentar que este reparto en el caso de los médicos o barberos se hacía por igual entre todos los vecinos, de ahí viene la expresión “iguala” que usamos cuando contratamos los servicios de un médico o una sociedad médica, pagando una cantidad mensual o anual.

Dicho y hecho los alcaldes ordinarios del Quintanar mandan hacer un escrito a uno de los escribanos del ayuntamiento, solicitando la cantidad referida.

El Consejo de Ordenes delibera y escribe una carta en nombre del rey don Carlos, dando licencia para repartir los maravedís solicitados en este presente año de 1531 puesto que no da tiempo para obtener información, pero para los dos próximos años de 1532 y 1533, el Consejo de Ordenes debe enviar un delegado que compruebe que los gastos son reales y que el ayuntamiento del Quintanar no tiene medios para pagarlos y por tanto hay que repartir, además se revisarán los libros de la mayordomía del concejo.

Los maravedís recogidos a los vecinos, producto del reparto, se entregarán a una persona llana y abonada (una persona que sea honrada) y se irán asentando los gastos en el libro de cuentas del concejo a medida que se gasten, junto con el justificante del pago, de manera que se pueda inspeccionar por cualquier persona que el rey envíe para ello.

Licencia dada en la villa de Ocaña, a 11 días del mes de marzo, año de 1531.

Presidente del Consejo de Ordenes, el conde don García Manrique.

Licenciados, Luján, Pero de Neyra y Sarmiento.

Secretario, Francisco Guerrero.

La villa de Ocaña tuvo la jurisdicción de la Provincia de la Mancha hasta los años sesenta que pasó a la villa del Quintanar por mandato y nueva ordenación del rey Felipe II.

 

Transcripción del manuscrito por Enrique Lillo Alarcón

[AHN,OM,AHT,leg.78171]

 El conçejo del Quyntanar

Ocaña

março

de IU d xxxi años

 

Al governador del Partydo de Tajo o su te-

nyente que este presente año e los dos venyderos

de quinyentos e treynta e dos e d xxx iii, aya ynfor-

maçión delas cosas ordinarias que el conçejo

del Quyntanar deve, e sy hallaren que

no tiene de que lo pagar, que dé liçençia para lo repartir

en cada uno delos dichos vecinos

 Don Carlos, etc.

A vos el my governador o juez de resydençia que es o fuere del Partydo de la Mancha e Ribera de Tajo o a vuestro lugarteniente en el dicho ofiçio, salud e graçia.

 Sepades que por que del conçejo dela villa del Quyntanar me fue hecha relaçión, por su petiçión, que en el my Consejo dela dicha Orden fue presentada, diçiendo que el dicho conçejo paga, ordinariamente en cada un año, los maravedís siguientes a los tres celadores que antiguamente están votados e jurados, diez myll maravedís, e a un herrero, porque sirva en la dicha villa, quatro myll maravedís, e a un barbero myll maravedís, e a los guardas delos montes dela dicha villa quatro myll et quinyentos maravedís, e a los escrivanos públicos e del conçejo dos myll e quinyentos maravedís, que monta en todo veynte e çinco myll e quinyentos maravedís.

 E porque para pagar lo susodicho, no tiene el dicho conçejo propios ny rentas, me suplicavan e pedían por merçed, les mandase dar liçençia para hazer repartimyento entre los vezinos, dela dicha villa, para ello, o como la my merçed fuese.

 Y en el dicho my Consejo fue acordado que devía mandar dar esta my carta para vos en la dicha razón.

E yo tóvelo por bien.

 Porque vos mando que si por para del dicho conçejo fuéredes requerido, que le déys liçençia para repartyr los dichos maravedís por esta presente manera de: myll e quinyentos e treynta e un años, e para los dos años primeros venyderos de quinyentos e treynta e dos, e quinyentos e treynta e tres, cada uno dellos, ayáys ynformaçión e sepáys si es ansy que el dicho conçejo deve e acostunbra pagar los dichos juros delas cosas de suso declaradas, e si tiene propios o rentas o le deven deudas de alcançes de quentas pasadas de que puedan pagar las (…) que halláredes que provisionastes para lo susodicho o parte dellos, e venys para ello los libros delas mayordomyas o quentas del dicho conçejo.

 E asy dada la dicha ynformaçión, si por ella halláredes que el dicho conçejo es obligado a pagar, cada un año, los dichos maravedís delas personas dichas, o de qualquyer o a quales quyer dellas, e que no tienen propios o rentas, ny les deven devdas e danças de quentas para lo pagar, en tal caso mando que en my nonbre, déys liçençia e facultad al dicho conçejo para que puedan hazer repartimyneto entre los vezinos dela dicha villa, en quantya delos maravedís que por la dicha ynformaçión halláredes que son menester para lo susodicho, los quales mando de my parte.

E yo, por las presentes, les mando que hagan cojer e deposytar en poder de persona llana e abonada para lo pagar del susodicho e no para otra cosa alguna. E que hagan libro çierto e verdadero de cómo lo repartieren e pagaren, para que den dello quenta a la persona que por my mando la obiere de resçibir.

 E los unos ny los otros no hagades ny hagan endeal por alguna manera, so pena dela my merçed e de diez myll maravedís para la my Cámara.

 Dada en la villa de Ocaña, honze días del mes de março, año de myll e quinyentos e treynta e un años.

El conde don Garçía Manrique

Liçençiado Luxán / Liçençiado Pero de Neyra / Liçençiado Sarmyento

secretario Françisco Guerrero

La Figuera, la aldea perdida en 1243

Los antecedentes del Común de la Mancha

La villa perdida de La Figuera

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“Camino del Higueral”, José Nogales Sevilla

Alfonso VI abrió la frontera natural del Tajo con la conquista a los musulmanes de la capital de la Taifa de Toledo, la gran ciudad Tulaytula (Toledo), el 25 de mayo del año 1085, pérdida tan llorada por todo el islam, que supuso la entrada de los almohades en la Península Ibérica.

La reconquista fue muy lenta en los comienzos del siglo XII. El año 1157 se toma Uclés a los musulmanes, el castillo y la villa son cedidas por el rey Alfonso VIII a los caballeros de la Orden de San Juan en el año 1163, pero por discrepancias en el modo de su gobierno, retira la donación y la cede a los caballeros de la Orden de Santiago por documento dado en Arévalo el 9 de enero de 1174, es el nacimiento de la sede castellana de la Orden, pues hasta la fecha estaba en el convento monasterio de San Marcos de León, y tras la conquista del territorio que se desplegaba hacia el sur, el nacimiento de la Mancha Santiaguista. En esos años, Uclés es como una isla en territorio de moros.

Un segundo hecho importante es la conquista de Cuenca, ciudad inexpugnable por la situación de su castillo entre las hoces del Huécar y el Júcar, con los territorios aledaños y toda su serranía en el año 1177.

Hacia 1182 se conquistan los territorios de la futura Mancha Santiaguista y dos años más tarde, hacia el año 1184, se conquista el castillo de Alarcón a los musulmanes después de un asedio de 9 meses. Dice la leyenda que el capitán Fernán Martínez de Ceballos, logró escalar sus escarpados muros, sobre la hoz del Júcar, con dos puñales vizcaínos y logró echar una escala para que subieran los cristianos y lograran apoderarse de la villa fuerte y alcazaba, desde este momento, el rey Alfonso VIII le concedió el nombre de Martínez de Alarcón, es el nacimiento de mi segundo apellido tan importante como el primero para mí.

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Complejo fortificado de Alarcón

Fue favorecida la conquista de Alarcón por el dominio que ejerció el rey Lobo, Muhammad Ibn Mardanis, rey de la taifa de Murcia, sobre la zona oriental de los terrenos que después serían la Mancha, un caudillo de origen hispano – musulmán que estaba dispuesto a realizar pactos tanto con cristianos como con musulmanes y que, a pesar de haber fallecido en marzo de 1172, mantuvo estos territorios fuera del alcance de los poderosos almohades.

Alarcón es entonces un gran territorio compuesto por unas 63 aldeas, que llegan por el oeste hasta Bellomonte (Belmonte), así en 1186 se le concede fuero junto con todo su alfoz.

Alarcos supone la gran derrota de Alfonso VIII y los castellanos. Los almohades avanzan para intentar recuperar Toledo, en 1197 Alarcón es asediada, pero no consiguen entrar en ninguna de las dos, Uclés y todos los territorios conquistados de la Mancha son arrasados por el ejército musulmán, pero al no poder conquistar ni Toledo ni Alarcón se retiran hacia el sur.

Nuevamente avanzan los cristianos para comenzar la invasión de todos los lugares del Campo de Montiel, que finaliza con la toma de su castillo en el año 1227, favorecido por la batalla definitiva que colapsó el poderío almohade y la retirada a Al Andalús de los musulmanes, este es el verdadero comienzo del fin en Las Navas de Tolosa el 16 de julio de 1212.

Un pequeño territorio entre dos grandes potencias

Tan larga introducción era conveniente para conocer los dos grandes territorios que se establecen tras la conquista: en el norte, desde el río Tajo hasta los confines del Gigüela el Priorato de Uclés y Ocaña; en el sur desde el Záncara y Guadiana hasta Segura, el vasto territorio que ocupa el Campo de Montiel.

Como una pequeña separación fronteriza, como un terreno de nadie entre ambos, algunas pequeñas aldeas repobladas por castellanos que se dedican a la agricultura y ganadería, junto con algunos judíos y mudéjares, que acuden a este lugar por las ventajas y seguridades que les ofrece la Orden.

¿Cuáles eran?

“Quitrana, Posadas Vieias, Villa Aios, Miguel Estevan, Almuradiel, La Figuera, El Cuervo, Villareio Ruvio, Mania Vacas”

Nueve aldeas que delimitan el futuro Común y la Mancha Santiaguista: Criptana, Posadas Viejas y Villajos que formarían la futura villa de Campo de Criptana; Miguel Esteban; Almuradiel, futura villa de La Puebla de Almoradiel; La Figuera, aldea perdida en los tiempos y manuscritos; El Cuervo y Manjavacas, los habitantes de esta última se desplazarían a los alrededores de El Cuervo y formarían la villa de La Mota del Cuervo; Villarejo Rubio, cuyos habitantes se desplazarían hacia el oeste una legua para formar la villa de Socuéllamos.

Así consta en el despacho de un privilegio de partición de términos entre el Concejo de Alacaraz y los frailes de la Caballería de Santiago, representados por su maestre don Pelay Pérez Correa, que concede el rey Fernando III el Santo en Valladolid, el 18 de febrero del año 1243 (era de 1281) [Sacado núm. 6, y caja de Montiel núm. 5]

“Conosçida cosa sea a los que agora son et a los que son por venir, que el Conçeio de Alcaraz se embió querellar, por sos bonos omes, a mí don Ferrando, por la graçia de Dios Rey de Castiella, et de Toledo, de León et de Gallizia, et de Córdova, de los freyres de la Cavallería de Sant Yagüe que les entraran sos términos que les fueran dados del ondrado Rey don Alfonso, myo avuelo, et que avíen hy poblado castiellos et aldeas, et os nombres de los quales castiellos et aldeas son éstos que aquí son escriptos … “

En un primer instante, estas nueve aldeas que estaban solitarias y perdidas entre los dos vastos territorios, se circunscriben al Campo de Montiel, por eso afirma mi amigo José Manuel González Mujeriego que cuando dice Cervantes que don Quijote camina por los territorios de la Mancha y a la vez por el antiguo y conocido Campo de Montiel, se refiere a Mota del Cuervo como el lugar de la Mancha.

Más tarde en 1353 el maestre de la Orden de Santiago, don Fadrique, concede el privilegio del Común de la Mancha a estas villas que lo solicitan para tener un ajuntamiento común.

La Figuera

Hasta aquí de sobra es conocida por todos esta bella historia de conquistas y reparto de términos que dieron lugar a nuestra tierra la Mancha Santiaguista, pero algo se nos quedó en el tintero que aún no hemos sabido descifrar, algo que los historiadores han saltado por falta de datos, al menos yo desconozco este misterio: ¿cuál es la aldea de La Figuera? ¿dónde estaba situada? ¿por qué desapareció sin dejar rastro?

Lanzo estas preguntas al aire para que sean tomadas por todos los amantes de nuestra tierra y busquen entre archivos y manuscritos la prueba de la existencia de esta aldea, “La Higuera”.

Solo como una aventura, como una hipótesis de trabajo futura, después de darle vueltas, rebuscar en manuscritos y archivos, se me ocurrió esta idea que aquí expongo:

Si tomamos las cinco primeras aldeas, en el orden que están escritas, Criptana, Posadas Viejas y Villajos que constituyen el núcleo de Campo de Criptana, seguidas por Miguel Esteban y La Puebla de Almoradiel, forman una línea con recorrido de sur a norte en la linde de lo que después sería la Mancha Santiaguista con los territorios de la Orden de San Juan. Esta frontera recorre el extremo occidental de la Orden de Santiago.

Si tomamos las cuatro siguientes, La Higuera, El Cuervo, Manjavacas y Villarejo Rubio, formarían la linde con el marquesado de Villena, en el extremo oriental de la Mancha Santiaguista, una línea que iría de norte a sur.

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Es como si el escribano las hubiese tomado en su orden natural, el extremo del oeste desde el sur al norte, desde Campo de Criptana hasta La Puebla de Almoradiel, el extremo del este desde el norte al sur, desde La Higuera hasta Socuéllamos.

Si lo que supongo fuera cierto (no está probado de ninguna de las maneras), La Higuera se habría situado al norte de El Cuervo, en la zona cercana a la actual villa de Los Hinojosos.

¿Qué hay allí para poder reforzar esta idea?

Estuvo muy poblada desde la antigüedad, pueblos carpetanos o celtas construyeron el templo fálico que se puede visitar a las afueras de la villa.

Por allí pasaron los romanos, probable calzada romana en el lugar conocido como la Calzada y restos de la cueva de la Covatilla.

Existe, al oeste de la villa, el Pozo de la Higuera.

Un poco más al noreste existieron el lugar de Las Higuerillas y el monte Higuerillas.

Sea como fuere es una asignatura pendiente que tenemos los amantes de la Mancha Santiaguista:

¡Encontrar el lugar de La Figuera, La Higuera! Nacida en los albores del nacimiento de nuestra tierra.

 

 

 

 

Vecinos del Toboso pleitean contra el Director de Correos, Maffeo de Taxis, marzo de 1531

Alonso Ortiz, Martín López, Antón Sánchez de Flor, Francisco Mesonero de Segovia y otros consortes, todos vecinos de la villa del Toboso, en este marzo de 1531, mantenían un pleito contra Maffeo de Taxis, Correo Mayor de Castilla, nombrado en este cargo por el rey don Carlos el 20 de diciembre de 1517 en Valladolid (este año hará 500 años de su nombramiento, por lo que desde estas líneas invito a nuestro CORREOS que le dé el merecido homenaje), a cuenta de unas fanegas de pan de las rentas de la Mesa Maestral que decía que le debían.

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Francisco de Tassis, primer Correo Mayor de Castilla

Sello de Correos de España

 Maffeo de Taxis envía a visitar todas las villas de la Mancha Santiaguista a su procurador, García de Villanueva, con carta de poder conveniente que le represente, reclamando las fanegas de trigo que le deben en distintas villas, de este modo se acerca al Toboso y entrega una demanda a los vecinos referidos para que estén avisados de la causa que se seguirá en el Consejo de Ordenes, instalado en la capital del Partido de la Mancha y Ribera de Tajo que en estos años correspondía a Ocaña, ya que hasta la década de los 60 de este siglo XVI no será Quintanar de la Orden la nueva capital. García de Villanueva puede ser un probable descendiente de la familia Villanueva del Quintanar, familia de judíos conversos que tenían casa cerca de la Sinagoga, actual ermita de Nuestra Señora de la Piedad en el centro de la villa.

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Parte posterior de la Tercia Real de El Toboso

donde se recogían los diezmos de la Mesa Maestral

Se aprecia uno de los botaretes y la cornisa de adorno donde finalizaba el tejado

Una vez realizada la visita por todas las villas de la Mancha Santiaguista donde existen deudores de la Mesa Maestral, se retira a su residencia en la ciudad de Ocaña. Debido a esta circunstancia, para seguir el pleito ante el Consejo de Ordenes, Alonso Ortiz y los otros sus consortes se tienen que trasladar desde El Toboso hasta Ocaña, esta circunstancia les agrava mucho puesto que, si tienen que buscar casa y vivir allí durante la duración de todo el pleito, que solía ser de muchos meses, el gasto que tendrían sería mucho mayor que la deuda del principal y no recibirían justicia pues tendrían que abandonar el pleito y su derecho a defensa, recibiendo mucho agravio y daño.

Por este motivo deciden escribir al Consejo de Ordenes y solicitar que, como la causa es solo civil y no hay escrituras ni contrato alguno que obligue a hacerla fuera de la jurisdicción, remitan la causa en primera instancia a los alcaldes ordinarios del Toboso, para que la conozcan y apliquen justicia en lugar del tribunal del Consejo.

Leída la solicitud en el Consejo de Ordenes, con el consentimiento del rey don Carlos, deciden que la causa se continúe en El Toboso y sean los alcaldes ordinarios los que llamen a las partes y oídas sus alegaciones, apliquen la justicia del rey.

Dada en Ocaña, a 3 de marzo de 1531.

El conde don García Manrique.

Licenciado Luxán, licenciado Perero de Neyra y licenciado Sarmiento.

Secretario, Francisco Guerrero.

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Sello conmemoración del V centenario

llegada de la familia Taxis a España

¿Quién era este Maffeo de Taxis, Correo Mayor de Castilla?

Maffeo de Tassis o Taxis, nació en el seno de una familia noble de Cornello dei Tasso, provincia de Bérgamo, en la Lombardía italiana, hacia finales del siglo XV, hijo de Ruggero de Tassis y de Alegria de Albricio, sustituyó en el cargo a su tío Francisco de Tassis a su muerte, siendo nombrado Correo Mayor de Castilla por el rey Carlos I. Casó con Catalina Enriquez de Fletres, siendo la primera familia de apellido Tassis española, pero no la pudo perpetuar porque solo tuvo descendencia femenina y, en aquellos años la sociedad no permitía la rama de la mujer, tuvo dos hijas, Francisca y Elena. Murió en España en el año 1535, le sucedió en el cargo su sobrino Raymond de Taxis.

Una familia dedicada al servicio de postas y correos

Fue una familia dedicada al servicio postal desde la antigüedad, con ella podríamos decir que nació el primer sello de correos, tanto es así que, en la bella ciudad medieval lombarda, cuna de la familia, Cornello de Tasso, existe un museo dedicado a la historia postal.

El primer Tasso famoso fue el escritor medieval Torcuato de Tasso, cuyo poema épico la “Jerusalén Liberada”, escrito en octavas reales y estructurado en 20 cánticos, trata del asedio de Jerusalén durante la Primera Cruzada.

Omodeo Tasso fue el primer ancestro que trabajó en el servicio de correos y postas ya por el siglo XII, se le considera el inventor y regulador de este tipo de servicio. Más tarde la familia cambió el apellido al más conocido de Tassis o Taxis de donde derivó la palabra tasa que se aplicaba al correo.

El más conocido e importante de la saga fue Francesco de Tassis, tío de nuestro Maffeo, que en 1490 se encontraba al servicio del emperador Maximiliano, junto con su hermano Janetto y su sobrino Juan Bautista fue nombrado Correo Mayor del Reino, reformando el sistema de postas y correos de Borgoña. Más tarde cambiaría su nombre al idioma alemán, llamándose Franz von Taxis. A la muerte del emperador comenzaría a prestar sus servicios a Felipe el Hermoso, quien en 1501 le nombra Correo Mayor de Borgoña y los Países Bajos.

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Francesco de Tassis

 Tras la muerte de la reina Isabel y el traslado a Castilla de la nueva reina Juana, Felipe el Hermoso trae consigo su servicio de postas, así nombra a Francisco de Taxis Correo Mayor de Castilla, es el nacimiento del servicio de correos y postas español. Durante el reinado de Carlos I se ratifica la concesión del servicio a la familia Tassis, de modo que en 1516 se firma un contrato que lo amplía a los reinos de España, Nápoles, Alemania y Francia, el servicio aumenta, los ingresos de la familia también.

Se puede así decir que es la primera multinacional europea dedicada al servicio de postas, correos y traslado de objetos y documentos de compromiso, con carácter de monopolio pues el rey prohibió cualquier intento de correos paralelo de tipo privado, aplicando cuantiosas multas a quien lo hiciera, en favor de la familia Taxis.

Maffeo de Taxis amplió el negocio de su tío en España, no solo proporcionó el servicio de correos y postas, sino que arrendó otros muy numerosos, como el que nos ocupa en este manuscrito, donde aparece como cobrador y recaudador de las rentas pertenecientes a la Mesa Maestral de la Orden de Santiago.

También intervino como intermediario en el traslado de capital entre banqueros y la Hacienda Real:

“A principios de la siguiente década (década de los años 20 del s. XVI) fue Renaldo Strozzi – importante banquero florentino afincado en Valladolid – quien actuó como intermediario entre Juan de Figueroa y Maffeo de Taxis por un préstamo de 1.000 ducados cuyo destino final se hallaba en las guardas”

[Enrique García Hernán – Davide Maffi, “Guerra y Sociedad en la Monarquía Hispánica …” Laberinto, Madrid 2006]

Para tener una idea de los costes del transporte de correos y postas, las ciudades que recorría, y los viajes que hacían los españoles al servicio del Emperador, reproducimos aquí una liquidación de las cuentas de la nómina de correos del Emperador Carlos, dada en Bruselas, a 16 de enero de 1532.

[Manuel Fernández Álvarez, “Corpus Documental de Carlos V, 1516-1539”, Salamanca 1973]

Se da orden de pago a los Contadores Mayores de cuentas en favor de Maffeo de Taxis, Correo Mayor de Castilla, por un importe de 470 ducados y medio, que son 176.437 maravedís, que Juan Ochoa de Salinas ha pagado:

A un mensajero que fue desde la villa de Hernani a la villa de Tafalla, al conde de Alcaudete, con cartas que enviamos con Diego de Solórzano, correo a 21 de septiembre del año pasado de 1531 años, un ducado ………. 375 mrs.

A un correo que fue desde la ciudad de Mantua a Venecia, a Rodrigo Niño mi embajador, con cartas que enviamos por la Bugeta, a 30 de septiembre del dicho año, ocho ducados ………. 3.000 mrs.

A un correo que fue desde la dicha ciudad de Mantua a Milán, al protonotario Caraçiolo, y a Saboya, a Gutierre López de Padilla, con cartas que enviamos por la Bugeta, el dicho día 30 de septiembre, veinte y seis ducados ………. 9.750 mrs.

A un correo que fue desde la ciudad de Bolonia a Correzo, al marqués del Gasto, y a Génova, a Figueroa mi embajador, con cartas que enviamos por la Bugeta, el dicho día 30 de septiembre, dieciocho ducados ………. 6.750 mrs.

A un correo que fue desde la villa de Hernani a la villa de Tafalla, al conde de Alcaudete, con cartas que enviamos con don Enrique de Rojas, a 23 de octubre del dicho año, un ducado y medio ………. 562,5 mrs.

A un correo que fue de Alejandría a Génova, a Figueroa, mi embajador, con cartas que enviamos con Diego Jaymes de Haro, a 23 de octubre del dicho año, cuatro ducados ………. 1.500 mrs.

A un correo que fue de Bolonia a Venecia, a Rodrigo Niño, con cartas que enviamos con el dicho Diego Jaymes, el dicho día 23 de octubre, diez ducados ………. 3.750 mrs.

A Asensio Vizcaíno, correo, por un viaje que hizo en diligencia de esta villa de Bruselas a Saboya, a Gutierre López de Padilla, y a Roma, a micer May, mi embajador, y a Nápoles, al cardenal Colona, a 7 de noviembre del dicho año, cincuenta ducados, y otros cien ducados le fueron pagados en Nápoles por Alonso Sánchez, nuestro tesorero general, para cumplimiento de ciento y cincuenta ducados que hubo de haber por el dicho viaje ………. 18.750 mrs.

A un correo que fue desde Alejandría a Génova, a Figueroa, mi embajador, con cartas que enviamos con el dicho Asensio Vizcaíno, el dicho día 7 de noviembre, cuatro ducados ………. 1.500 mrs.

A un correo que fue desde Alejandría a Milán, al protonotario Caraçiolo, mi embajador, con cartas que enviamos con el dicho Asensio Vizcaíno, el dicho día 7 de noviembre, cinco ducados ………. 1.875 mrs.

A un correo que fue de Bolonia a Venecia, a Rodrigo Niño, con cartas que enviamos con el dicho Asensio Vizcaíno, el dicho día 7 de noviembre, diez ducados ………. 3.750 mrs.

A Joan de Narbaxa, correo, por un viaje que hizo en diligencia, yente y viniente de esta villa de Bruselas a Saboya, a Gutierre López e Padilla, gentilhombre de nuestra casa, a 27 de noviembre del dicho año, ciento y setenta y siete ducados y medio ………. 66.562 mrs.

A Joan de Narbaxa, correo, por un viaje que hizo en diligencia, yente y viniente desde la ciudad de Turnay a esta villa de Bruselas, a Bartolomé Lobera, a 4 de diciembre del dicho año, siete ducados ………. 2.625 mrs.

A ciertos correos que envió el protonotario Caraçiolo desde la ciudad de Milán a la villa de Bolarni, cabo la Chusa, con cartas para mí, el rey, las cuales, de allí, de Bolarni, a esta villa de Bruselas y a Gante se enviaron por la Bugeta, a 28 de febrero, y a 3, y a 20 de abril, y a 8, y 19, y 23, y 30 de mayo, y 12, y 30 de julio, y 12 de agosto, y 23 de septiembre, y 11, y 16, y 27 de octubre, ochenta y cuatro ducados y medio ………. 31.687 mrs.

A ocho correos que fueron a Venecia, a la ciudad de Trento, con cartas de Rodrigo Niño, mi embajador, para mí, a 21 de mayo, y a 16 de junio, y a 15 de julio, y a 24 de septiembre, y a 10, y a 12, y a 23 de diciembre del dicho año pasado de 1531, sesenta y cuatro ducados; y las dichas cartas se enviaron desde la dicha ciudad de Trento a esta villa de Bruselas por la Bugeta que está puesta por nuestro mandado que se paga por otra parte ………. 24.000 mrs.

 

Transcripción del manuscrito por Enrique Lillo Alarcón

Al alcalde mayor deste Partydo de Tajo, que remyta

a los alcaldes del Tovoso, çierto pleyto que ante él pende,

primera ynstançia, entre el correo mayor e çiertos vezinos dela dicha villa 

[AHN,OM,AHT,leg.78171]_042

 Don Carlos, etc.

A vos el liçençiado Almodóvar, alcalde mayor del Partydo de la Mancha e Ribera de Tajo, salud e graçia.

 Sepades que por parte de Alonso Ortyz, e Martín López, e Antón Sánchez de Flor, e Françisco Mesonero de Segovya, e de otros sus consortes, vezinos dela villa del Tovoso, me fue fecha relaçión, por su petiçión que en el my Consejo dela dicha Orden fue presentada, diziendo que ellos tratan çierto pleyto con Mafeo de Taxis, nuestro Correo Mayor, a cuyo cargo está la cobrança e recabdança delas rentas pertenesçientes a la Mesa Maestral dela dicha Orden, e con Garçía de Villanueva en su nonbre, sobre razón que por su parte les fue mandado ante vos çiertas hanegas de pan (tachado: que diz que la devían), la qual dicha demanda diz que puso ante vos el dicho Garçía de Villanueva, andando visytando por çiertos lugares del dicho Partydo, çerca dela dicha villa del Tovoso, e que por vos fue resçibida la dicha demanda, e tomado en vos el conosçimyento dela dicha cabsa.

E que estando en este estado, os venystes dela dicha visytaçión a esta villa de Ocaña, donde agora resydís, que diz que son diez leguas dela dicha villa del Tovoso.

 E que sy los dichos Alonso Ortyz e sus consortes oviesen de venyr ante vos a seguyr la dicha cabsa, serían más los gastos e costas que en el proseguyr della hiziesen que no lo que monta el prinçipal, por lo qual, podría ser, que dexasen de seguyr su justiçia, e que en ello resçibirían mucho agravyo e daño.

 Que me suplicavan e pedían, por merçed, que pues la dicha cabsa es çivil e contra ellas no ay escriptura ny contrato alguno para poder ser convenydos fuera de su jurisdiçión, os mandase que remytiésedes el conosçimyento dela dicha cabsa, en la dicha primera ynstançia, a los alcaldes ordinarios dela dicha villa del Tovoso, para que ellos conoscan della o que será dello, les mandase proveer de remedio con justiçia como la my merçed fuese.

 Y en el dicho my Consejo fue acordado que devía mandar dar esta my carta para vos, en la dicha razón.

E yo tóvelo por bien.

 Porque vos mando que como con ella fuéredes requerido no conoscáys más dela dicha cabsa, ny hagáys sobre ello cosa alguna, e remytáys el conosçimyento della, en el punto y estado en que está, a los alcaldes ordinarios dela dicha villa del Tovoso, alos quales e a cada uno e qualesquyer dellos mando que llamadas e oydas las partes a quyen toca e atañe, brevemente, hagan e admynystren sobre ello lo que se hallare por justiçia, por cuanto que la parte que la toviere haya e alcançe, e por defeto della no tengan cabsa de se me venyr sobre ello a quexar, e los unos ny los otros no hagades ny fagan ende al por alguna manera, so pena dela my merçed e de diez myll maravedís para la my Cámara.

 Dada en Ocaña, a tres de março de d xxxi

El conde don Garçía Manrique

Liçenziatus Luxán / Liçenziatus Perero de Neyra / Liçenziatus Sarmyento

Guerrero

 

 

 

Los pleitos de Pedro Muñoz en el siglo XVI

De todos es conocido los numerosos pleitos que tuvieron que mantener Juan Mayordomo y sus compañeros, como repobladores de Pedro Muñoz, con las villas colindantes a los antiguos límites de su término municipal.

Durante la Edad Media, tras la conquista definitiva de los territorios de la Mancha Santiaguista por los frailes caballeros de la Orden de Santiago a principios del siglo XIII, se comienza a poblar los lugares con pequeñas aldeas de carácter agrícola ganadero. Estas incipientes villas se instalaron junto a los numerosos complejos lacustres que aún existen en la región, son los casos, por ejemplo, de Manjavacas que se situó junto a la laguna de su nombre y Pedro Muñoz que se situó en la laguna del Pueblo o de la Vega. Esta fue una mala decisión pues fue también la causa de su despoblamiento, en efecto, las lagunas eran origen de muchas enfermedades, la de más mortandad fue causada por los mosquitos que se crían en sus humedales que transmitían el paludismo, las conocidas “fiebres tercianas” que se menciona en toda la literatura del siglo XVI.

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Laguna del Pueblo, Pedro Muñoz

Foto tomada de Google Earth

Pedro Muñoz, como Manjavacas, se despobló. Las villas cercanas cuyos términos municipales eran limítrofes a él, poco a poco, con el paso del tiempo, fueron ocupando sus tierras y ejidos para labrar trigo y cebada, para utilizarlos para pasto de sus ganados, Socuéllamos, La Mota, El Toboso y Campo de Criptana ocuparon esos terrenos, incluso pagaban a la Orden el impuesto de uso de ellos de un valor nada desdeñable. La Mota en el año 1480 pagaba por su término municipal y la cuarta parte que le correspondía de las tierras de Pedro Muñoz, la cantidad de 7.385 maravedís (un salario anual medio de un pechero oscilaba entre los 400 y 800 maravedís).

“Tiene más el dicho logar el pedido, con el quarto de Pero Munyos, que vale syete mill e trezientos e ochenta e çinco maravedís.”

Este pago de la cuarta parte del impuesto que le hubiese correspondido pagar a Pedro Muñoz, fue la causa por la que estas cuatro villas reclamasen el derecho de las tierras sobre la ocupación de Juan Mayordomo.

En la villa de Ocaña, a 22 de noviembre del año 1530, el Consejo de Ordenes en nombre del rey don Carlos, concede el privilegio que Pedro Muñoz sea habitado, sobre el pleito que mantienen con las cuatro villas, podríamos decir que esta sentencia es la segunda Carta Puebla de Pedro Muñoz, la que les habilita para vivir en su pueblo.

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Plaza y Ayuntamiento de Pedro Muñoz

Foto de página web del ayuntamiento

 

En la villa de Ocaña a xxii días del mes de novienbre de IU d xxx años

Visto por los señores del Consejo delas Ordenes el proçeso de pleyto que ante ellos pende entre Iohan Mayordomo e Benyto Valera, por sy y en nonbre delos otros abitantes e moradores en el logar de Pero Muñyz dela una parte, e dela otra los conçejos delas villas del Touoso, y La Mota, y Canpo de Critana, y Soquéllamos, e sus procuradores en sus nonbres, sobre razón dela poblaçión del dicho logar de Pero Muñoz, dixeron que davan e dieron liçençia e facultad, a los vezinos del dicho logar, para que puedan poblar e rehedificar en él todas las casas e otros hedefiçios que quysyeren e por bien tovieren, asy los vezinos que agora están en el dicho lugar como los de aquy adelante vinyeren e quysyeren estar en él, con tanto que los dichos pobladores sean obligados a sacar, primeramente, liçençia de Su Magestad para ello.

Y mandaron que los abrevaderos questán en el térmyno y sytio del dicho logar de Pero Muñoz, sean e queden comunes a las dichas villas, e a cada una de ellas, por todo el año, syn sacar dello las syete semanas.

E ansy dixeron que lo pronunçiavan e declaravan syn hazer condenaçión de costas contra nynguna ny alguna delas dichas partes.

Las cuatro villas no quedaron contentas con la sentencia del rey, hicieron caso omiso a ella, mantuvieron sus posesiones en el término municipal de Pedro Muñoz, pleitearon largo y tendido, y hasta hubo fuertes encuentros con armas por medio, que en otra ocasión relataré.

 

Este manuscrito de 22 de marzo de 1531 que a continuación vamos a relatar, cuatro meses justos después de la sentencia de avecindamiento anterior, es una prueba de ello.

Las cuatro villas nombran un procurador que les represente en el Consejo de Ordenes, se trata del letrado Juan Miguel, que escribe una carta diciendo que los terrenos, ejidos y pozos que sus representados, las cuatro villas, tienen incluidos en sus términos municipales y en el común de ellos, han sido tomados por la fuerza (se refiere a vecinos de Pedro Muñoz) que han construido allí corrales y huertas, por lo que interrumpen los pastos de modo que los bueyes y mulas de labrar no pueden pacer en los lugares que para ello tenían. También producen un gran daño a las rentas de la Mesa Maestral y va contra las leyes Capitulares de la Orden (el letrado es avispado e intenta implicar a la Orden de Santiago en el pleito y a su Maestre, que no es otro que el propio rey don Carlos como Administrador Perpetuo de ella).

Si no se pone remedio y se consiente esta situación se producirán muchos malos encuentros, peleas y pleitos entre las villas y se dará opción a que cada cual ocupe para sí lo que quisiere de lo común, público y concejil, como así lo tienen ocupado ahora.

Para solucionar este problema rogamos a Vuestra Alteza nombre un Juez de Términos de su Casa y Corte, conforme a la ley de Toledo, para que devuelva a las cuatro villas todos los lugares que tienen ocupados, y que se castigue a los culpables de acuerdo a dicha ley de Toledo.

Así terminó la carta del letrado Juan Miguel, se recibió en el Consejo de Ordenes, se estudió y se acordó que se recibieran las partes para oír sus dichos.

Este momento de 22 de marzo de 1531 es el comienzo de los pleitos oficiales entre Pedro Muñoz y las cuatro villas, Socuéllamos, la Mota, El Toboso y Campo de Criptana, que ocuparon gran parte del siglo XVI, que tantos maravedís costaron a unos y otros, que tantos sin sabores produjeron. Suerte para todos que aquellos tiempos pasaron y hoy se convive en paz, considerando a los pedroteños como hermanos que somos de la Mancha Santiaguista.

Muy Poderoso Señor

Juan Myguel en nonbre delos conçejos, justiçias, regidores delas villas del Canpo de Critana, e Socuéllamos, y La Mota, y El Tovoso, digo que muchos vezinos particulares delas dichas villas e de otras partes, los quales no son moradores del térmyno de Pero Muñoz, con los quales las dichas villas tratan pleyto, syno otras personas diversas, asy vezinos delas quatro villas y de otras partes, las quales tienen tomado y ocupado gran parte del exido e pozos et apropiado para sy, y muy gran parte delos térmynos públicos e conçegiles e comunes delas dichas quatro villas, y se lo han entrado y tomado forçablemente, e hazen en el dicho exido e térmynos corrales e huertas, e las ronpen de manera que no aya donde los bueyes y bestias de haçada pazcan.

E cada día ay muy grandes diferençias y enojos sobre ello, y es muy gran perjuyzio de vuestras rentas de la Mesa Maestral, y es contra las leyes capitulares desta Horden.

E sy no se remediase se seguiryan muchos enojos e ruydos, e cada uno ocuparía todo lo que quysiese delo común e público y conçegil. E ansy lo tienen ocupado.

E para el rremedio desto pido e suplico a Vuestra Alteza mande proveer de un juez de térmynos de su Casa e Corte, conforme a la ley de Toledo, para que restituyan a las dichas villas todos los térmynos que les tienen ocupados. Y en lo que no oviere logar la ley de Toledo conozca ordinariamente, castigando a los culpados, para lo qual vuestro real ofiçio ynploro, e pido justiçia.

 

El Carril de los Parrales. Desde El Toboso a La Puebla de Almoradiel

Existió en la Edad Media un carril que formaba parte de otro más importante, el Camino que desde Levante llevaba a todos los peregrinos a Santiago. Camino de Levante que compartía recorrido con el de la Seda, que unía Toledo con Murcia y Cartagena, en el recorrido entre El Toboso y Chinchilla, uno, el de Toledo se desviaba en El Toboso a Miguel Esteban, el otro, el de Levante, se desviaba en El Toboso hacia La Puebla de Almoradiel. Esas vías tan transitadas por numerosos viajeros y comerciantes, principalmente de seda, que desde Toledo mercadeaban con todo el Mediterráneo, por peregrinos que iban penitentes a visitar Santiago y carreteros que lo usaron por comodidad y rapidez. Este trozo de camino de Santiago de Levante era conocido como “Carril de los Parrales”.

Unía las villas de El Toboso y La Puebla de Almoradiel de forma muy recta y formaba parte del camino nº 50 de Juan de Villuga ya en el año 1543, aunque, como he referido, sus orígenes hay que trasladarlos a los caminos medievales.

al Provencio iiii (El Provencio, 4 leguas)

alas Mesas iii (Las Mesas, 3 leguas)

a Manja vacas i (Manjavacas, 1 legua)

al Touoso ii (El Toboso, 2 leguas)

ala Puebla ii (La Puebla de Almoradiel, 2 leguas)

ala Puebla de don Fadriq i (La Puebla de don Fadrique, 1 legua)

a Villa cañis ii (Villacañas, 2 leguas)

Este Carril de los Parrales aún existe.

Saliendo desde La Puebla de Almoradiel en dirección sur para después girar a sureste, se cruza el “Camino de los Cardadores” un poco antes de continuar la línea divisoria entre los términos municipales del Quintanar y Miguel Esteban.

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Mapa del IGN

Se deja, a mano derecha, el Pozo del Chillón, se continúa por la línea divisoria de los términos municipales referidos, se cruza “Camino de Valdehermoso”, “Camino de la Blanca”, “Camino de los Pozos de la Blanca”, “Camino de Miguel Esteban a Quintanar, hasta llegar al Arroyo de la Blanca.

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Mapa del IGN

 Sin dejar la línea divisoria de los términos, se llega al cruce “Camino de la Hontanilla” con “Camino del Vallejo”. Se deja, a mano izquierda, “Casa de Nieto”, “Pozo del Rebollo” y un chozo junto al carril, se deja la línea divisoria un poco antes del “Chozo del Jarillo” ya en término municipal de El Toboso.

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Mapa del IGN

Dejamos, a mano derecha, la “Senda de la Zorrera”, junto al camino pasamos “Pozo de la Cadena”, atravesamos “Fábrica de Tinajas” para llegar a El Toboso por el noroeste.

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Mapa del IGN

Desde estas líneas invito a todos los amantes del deporte de andar caminos, recuperen este “Carril de los Parrales” que ya recorrieron nuestros antepasados medievales.

Y ahora, después de esta extensa introducción para situarnos, les cuento una historia del s. XVI.

Pero López de la Plaza, un vecino de El Toboso, allá por el año 1531, preocupado por su seguridad y la de todos los viajeros que circulaban por el “Carril de los Parrales”, escribió al rey don Carlos, a través de su Consejo de Ordenes que estaba por esas fechas en la ciudad de Ocaña, en los siguientes términos:

Desde la villa del Toboso hasta la Puebla de Almoradiel hay un camino muy antiguo y que usan muchos viajeros que llaman “Carril de los Parrales”. Es un buen camino muy derecho y recto que se hace sin trabajo por caminantes y carreteros, por los que van a las labores del campo y al servicio de las tierras.

Los vecinos de Miguel Esteban, sin que ningún viajero o caminante alguno le produzca daño en sus viñas o sembrados de trigo, llegan hasta este camino y asaltan a los que circulan por él, deteniéndoles sin ninguna orden de alcalde y robándoles sus pertenencias, ya sean personas de la Orden de Santiago como otros viajeros.

Si esto continua de este modo será causa de muchos peligros y pleitos. Por eso solicito a sus Majestades (el rey don Carlos y la reina Isabel) que provean justicia en este caso.

Muy Poderoso Señor

 Pero López de la Plaça, vezino dela villa del Toboso de la Horden de Santyago que es en esta Provynçia de Castilla, hago saber a Sus Magestades, asy como un vezino natural dela dicha Orden, en como desde la dicha villa del Tovoso hasta la villa de La Puebla de Almoradiel va un camyno muy antyguo, e muy seguydo e usado que se dice “El carril de los Parrales”, e es muy derecho e tyeso camyno para yr dende la una villa a la otra a menos trabajo, asy camynantes como carreteros, e para yr a las labores e para el seviçio dellas, que es tierra muy librada e es syn perjuyzio de persona ninguna.

E los vezinos de Myguel Estevan syn les tocar ny hazer daño en sus panes, e viñas, ny en otra nynguna cosa salvo por llevar cohechos, salen al dicho camyno, e algunas vezes sin mandamyento de alcalde, e prenden e cohechan a los camynantes e carreteros, asy de la Orden como a los de fuera della.

E si esto se consintyese e no se providyese sobre ello, será cabsa de muchas quystiones e peligros, e en mucho deservyçio de Dios e de Su Magestad.

Por tanto, yo, ansy como un vezino de la dicha Orden, e con buen zello e deseo que el dicho peligro se escusase e se proveyese, suplico a Vuestra Magestad lo mande proveer e remediar conforme a justiçia, como Vuestra Magestad bien visto fuere.

 El Consejo de Ordenes aceptó la carta de Pero López de la Plaza y, en nombre del rey, llamó a ambas partes, a Pero López y al concejo de Miguel Estaban, para oír los alegatos que tenían sobre ello, para que, una vez oídos proveer justicia de modo que ninguna persona recibiera más agravio cuando viajaba por el dicho camino.

Fue dada en Ocaña, diez días del mes de marzo de 1531 años.

Firma el conde Manrique

Licenciado Luxán, licenciado Pero de Neyra, licenciado Sarmiento

Secretario, Francisco Guerrero

 

Mesón y horno de Pedro Muñoz, 1536

Pedro Muñoz es una villa de la Mancha Santiaguista que en ese año de 1536 comienza a desarrollarse y crecer.

Aunque hace pocos años, 20 de noviembre de 1530 (1), que el rey, a través de su Consejo de Ordenes les da licencia para que puedan hacer vecindad, y por tanto tengan todo el derecho a repoblar su lugar y crear un municipio, los pedroteños se han afanado en hacer de su villa una población importante, y en verdad que lo están consiguiendo.

“Bien sabéys que por vuestra parte me ovo sydo hecha relación que, con my liçençia e mandado, se avía poblado nuevamente esa dicha villa …”

Hasta hace pocos años el camino principal hacia Murcia y Cartagena desde Toledo era el camino de la Seda, un lugar de un extraordinario tránsito para la época, pero en la zona de la Mancha Santiaguista tiene un gran inconveniente, a su paso por Manjavacas se situó, desde la Edad Media, una casa encomienda perteneciente a la Encomienda de la Torre Vejezate, y actualmente a Socuéllamos, donde se cobra un portazgo de paso, es la conocida Venta de Manjavacas, donde varios estudiosos cervantinos sitúan la entrada de don Quijote a la noble orden de caballería, nombrado por el propio ventero convertido en señor del castillo.

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Casa de la Paca, calle Tahona de Pedro Muñoz

Fotografía de Google Earth

Con el desarrollo de la población y concejo de Pedro Muñoz, los vecinos pueden ofrecer a los viajeros una alternativa al paso de Manjavacas, posada, comida y agua para los animales, rodeando la laguna por su parte oeste y sur, evitando así el pago del tan odioso portazgo. Los pedroteños de este primer tercio del s. XVI son listos y, enseguida, comprenden que pueden conseguir una economía adicional a la de las labores del campo.

Pensando en estas circunstancias, el concejo se decide a escribir al rey don Carlos, a través de su Consejo de Ordenes, solicitando licencia para construir un mesón y un horno de cocer pan, con objeto que, como no tienen mesón alguno, se puedan recoger en él los caminantes que por la villa pasan, y, el horno del concejo, por las crecientes necesidades de los vecinos para cocer el pan que amasan.

Le siguen explicando al rey que los maravedís que renten engrosarán las arcas del concejo, aumentando sus propios, que serán empleados en pagar los pleitos que tiene el concejo, no olvidemos que Pedro Muñoz mantuvo numerosos pleitos con las villas vecinas El Toboso, Socuéllamos, La Mota y Criptana, por la ocupación de sus tierras, así como pagar el resto de cosas necesarias al consejo o las que mandase el rey, pechos, etc.

Algo importante que hace el concejo de Pedro Muñoz es que le dice al rey que esta broma no le va a costar un maravedí, para ello le solicitan que les conceda hacer reparto, entre los vecinos, de los costes de la fabricación de ambos edificios, tasándose la edificación del mesón en 41.700 maravedís y la del horno en 10.000 maravedís, lo que hace un monto de 51.700 maravedís.

“… e que, porque en ella no avía mesón alguno para en que posasen e se recogiesen los camynantes que pasavan por la dicha villa, ny horno conçegil para cozer pan, me suplicávades e pedíades, por merçed, los mandase dar liçençia para hazer repartimyento, entre los vecinos desa dicha villa, en quantya delos maravedís que fuesen menester, para hazer el dicho mesón e horno …”

Don Carlos, siempre precavido, envía a los oficiales de su Consejo de Ordenes para recabar información de las solicitudes del concejo de Pedro Muñoz. Se realiza la visita, se preparan los informes y se entregan en el Concejo, añadiendo, además, donde se situarán estas construcciones tan necesarias para el pueblo:

El mesón se edificará en la Plaza de la villa, cerca de donde está el pozo donde paran las carretas, para que las bestias tengan un lugar con agua suficiente donde poder abrevar, justo al lado de la casa de Francisco Muñoz. (2)

El horno de cocer pan se situará a espaldas de la casa de Juan de Reyllo. (3)

Visto en el Consejo de Ordenes toda la información se concede la licencia de edificación y reparto de los maravedís.

Se firma en Madrid, el 2 de marzo de 1536, por los señores del Consejo de Ordenes.

Conde García Manrique

Licenciado Luján, licenciado Sarmiento, doctor Anaya, licenciado Álava

Secretario del Consejo, Guerrero

 

(1) Ver el blog de historia, “Pedro Muñoz villa de la Mancha Santiaguista. Su carta puebla”.

(2) La villa de Pedro Muñoz se desarrolló, radialmente, desde la actual Plaza de España, centro poblacional, que ocuparía la Plaza Mayor de la villa. Allí existió un pozo de agua dulce y se eligió como sitio idóneo para recibir las carretas y viajeros que llegaban hasta la villa.

(3) El horno de cocer pan, también llamado horno de poya por los poyos que se construían alrededor de él, donde se dejaba el pan amasado y el pan cocido que salía del horno, era una necesidad básica para los vecinos de Pedro Muñoz. En todos los pueblos de la Mancha Santiaguista, el horno pertenecía a la Mesa Maestral, era una forma de poder y control sobre el pueblo, amén de las rentas que se obtenían como pago de su uso, normalmente unos 3 panes por fanega, una fanega solían ser 48 panes de a kilo. En Pedro Muñoz, al ser repoblado con licencia del rey, fue el concejo el que solicita tener la posesión del horno, el rey se lo concede. Lo sitúan a las espaldas de la casa de Juan Reíllo, ¿Puede ser el topónimo calle de la tahona, que todavía existe en Pedro Muñoz, el lugar donde se situó el horno? Una oportunidad para su búsqueda en ese lugar.

 

Transcripción del manuscrito por Enrique Lillo Alarcón

Don Carlos, etc.

A vos, el conçejo dela villa de Pero Muñoz, salud e graçia.

Bien sabéys que por vuestra parte me ovo sydo hecha relación que, con my liçençia e mandado, se avía poblado nuevamente esa dicha villa, e que porque en ella no avía mesón + (sigue en el margen) alguno para en que posasen e se recogiesen los camynantes que pasavan por la dicha villa, + ny horno conçegil para cozer pan, me suplicávades e pedíades, por merçed, los mandase dar liçençia para hazer repartimyento, entre los vecinos desa dicha villa, en quantya delos maravedís que fuesen menester, para hazer el dicho mesón e horno, e que lo que, después de hechos, rentasen, fuese para propios dela dicha villa, con que pudiésedes seguyr los pleytos que le tocasen, e cunplir, y pagar las otras cosas de quanto viésedes nesçesydad o como la my merçed fuese. 

E yo, con acuerdo delos del my Consejo dela dicha Horden, por una my provisyón en él librada, ove mandado aver çierta ynformaçión sobre lo susodicho, la qual fue avida, y trayda, e presentada ante los del dicho my Consejo.

E por ellos vista, porque consta e paresçe que ay nesçesydad de se hazer el dicho mesón e horno.

E que para hazer el dicho mesón son menester quarenta e un myll e seteçientos maravedís, e para hazer el dicho horno diez myll maravedís, que son por todos çinquenta e un myll e seteçientos maravedís + (sigue en el margen) conviene que el dicho mesón se haga en la Plaça dela dicha villa, çerca del pozo, que es adonde paran las carretas, junto a una casa de Françisco Muñoz, y el dicho horno a las espaldas delas casas de Juan de Reyllo, que son los lugares e partes más convinyentes (no se puede leer, debe querer decir “para hazerlos”).

Según venya declarado e tasado por la dicha ynformaçión, fue acordado que devía mandar dar esta my carta para vos, en la dicha razón. 

E yo tóvelo por bien, por la qual vos doy liçençia e facultad para que podáys hazer e hagáys el dicho mesón y horno de que de suso se haze mynçión, en las partes e lugares de suso declaradas, e para que podáys hazer repartimyento, entre los vezinos desa dicha villa, en quantya delos dichos çinquenta e un myll e seteçientos maravedís, los quales hazed coger e depositar en poder de persona lega, llana e honrada, para que se gasten en hazer lo susodicho e no en otra cosa alguna.  

E tened libro çierto e verdadero de cómo lo repartiéredes e gastáredes, para que déys dello quenta a la persona que, por my mandado, la oviese de resçibir. 

E no fagades, endeal, por alguna manera.

 

Dada en la villa de Madrid, a dos días de março de IU D xxx vi años.

El conde don Garçía Manrique.

Liçençiado Luxán, liçençiado Sarmiento, doctor Anaya, liçençiado de Álaba.

Secretario Guerrero

 

Ermita de la Inmaculada Concepción. Los Hinojosos, 1531

Amigo y vecino de Los Hinojosos, cuando atravieses la sencilla y hermosa portada de piedra que da acceso a tu ayuntamiento, para tus pasos, detente un momento en tu quehacer y reza unas oraciones, allí estuvo, allí está presente la Inmaculada Concepción, allí obró muchos milagros a quien le suplicó con fe. Haz eso mismo, pide por tus necesidades, por las de todos, si lo haces con fe Ella te lo concederá.

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Ayuntamiento de Los Hinojosos

Escucha esta historia que sucedió hace muchos años, tantos que la memoria de los hombres no alcanza a recordar:

Hacia finales de la Edad Media, a mediados del siglo XV, los vecinos de Los Hinojosos de la Orden, esa pequeña villa repleta de hidalgos y de muy pocos labradores, decidieron honrar a Nuestra Señora la Virgen María construyendo una ermita bajo la advocación de la Inmaculada Concepción.

Construyeron un edificio de piedra de bella traza e hicieron una cofradía que oraba a la virgen y cuidaba de los hermanos de ella. Decidieron que todos los sábados, muy de mañana, cuando amanecía, harían una misa a la que acudirían todos ellos antes de ir a sus trabajos en el campo y ocupaciones, y así lo hicieron.

Primero fueron unos pocos, los cofrades que costearon la ermita con sus aportaciones. Rezaban a la Inmaculada con mucha fe, pedían por sus cultivos que crecieran sin que les dañase la lluvia o el pedrisco, pedían por sus familiares enfermos que les ayudase a soportar sus dolencias. A medida que rogaban con fe pudieron comprobar que Nuestra Señora María le concedía aquello que solicitaban, alguno se atrevió a pedirle que sanara a su hijo muy enfermo y Ella lo hizo.

“Pero Muñoz, en nonbre dela villa de Los Hinojosos dela Orden, besa las reales manos de Vuestra Magestad, a la qual plega saber cómo en la dicha villa an fecho una hermyta de Nuestra Señora dela Conçebçión, en ella ay una imajen muy devota e que haga milagros, donde los vecinos dela dicha villa e forasteros que por ally pasan tienen mucha devoción”

Los cofrades estaban maravillados e iban contando los milagros que hacía. Cada día se acercaban más personas a la misa del sábado en la madrugada, los vecinos de Los Hinojosos de la Orden que no eran cofrades, luego los del Marquesado, ya casi no se cabía en la ermita, más tarde vinieron de villas cercanas, de La Mota, del Quintanar, de Villamayor y forasteros que iban de camino.

“E tenyan por costunbre de dezir mysa en ella, los cofrades que la an hecho de sus limosnas, una mysa el sábado de mañana en amanesçiendo”

Tantas personas venían que el cura de Los Hinojosos, Martín Fernández de la Vara, tomó celos de lo que allí acontecía y se quejó a la cofradía y al concejo. Decía que a su misa mayor de los sábados no acudía nadie, que no dejaban limosnas cuando pasaban la cestilla, de modo que prohibió que se celebrase esa misa de la madrugada, y mandó cerrar la ermita a esa hora.

“E agora, el cura Martín Fernández de la Vara, se pone en perturbarles que no digan mysa los dichos días del sábado, hasta que él aya dicho mysa mayor, diziendo que le quitan los cornados que a él le an de ofresçer, lo que le es en mucho daño dela villa e hazerles dexar su devoción, e que se vayan a sus trabajos los del pueblo syn oyr mysa, e, ansy mysmo, los forasteros que por ally pasan, e pierden las limosnas que los forasteros hazían”

Los cofrades no podían dar crédito a lo que hacía el cura, así que fueron a quejarse a los alcaldes ordinarios de la villa, los que, oído lo que pasaba, ordenaron a su procurador, Pedro Muñoz, que se presentase en el Consejo de las Ordenes para entregar una carta al rey don Carlos, exponiendo el escándalo que estaba sucediendo en su villa y solicitando que les permitiera hacer la misa en honor de la Inmaculada.

El Consejo, en nombre del rey, lo tuvo por bien y escribió una carta al Prior de Uclés para que mandara al cura párroco que no prohibiera la misa y dejara libertad a los cofrades para mantener su advocación. Nuestra Señora María Inmaculada Concepción siguió haciendo milagros a todo aquel que se acercaba con fe, y así sucedió durante mucho tiempo.

Muchos años pasaron, los hombres olvidaron su alianza y promesa con la Inmaculada Concepción, dejaron de hacer la misa de los sábados en la madrugada, una época oscura cubrió la ermita y se abandonó el culto.

Durante 1922, la ermita permanecía cerrada, el ayuntamiento solicitó el edificio para usarlo como consistorio de la villa, lo restauró y se instaló en él.

Amigo cuando cruces el pórtico del ayuntamiento pide a la Inmaculada Concepción, con amor, con cariño, con fe, lo que pidas te será concedido.

Dedicado a mi amiga Elena en el día de su x + y = tretantos cumpleaños, esa gran maestra con ascendencia en Los Hinojosos.

Permítanme decir maestra en lugar de profesora, para mí hay una gran diferencia. Profesora es la persona que tiene por oficio enseñar una ciencia, un arte o una técnica; maestra es la persona que enseña o forma, de la que los alumnos reciben enseñanzas muy valiosas, es decir, todo su conocimiento, todo lo que llevan dentro, incluidos su amor y su alma.

[AHN,OM,AHT,leg.78170]

Esta historia verdadera esta archivada en el Archivo Histórico Nacional, ha sido transcrita por mí, Enrique Lillo Alarcón, vocal de la Asociación de Amigos por la Historia de Mota del Cuervo.

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La Inmaculada Concepción

Bartolomé Esteban Murillo

 

Manuscrito de las Danzantas de La Mota

Danzantas de Mota del Cuervo

Hace tiempo que la Asociación de Ánimas de Mota del Cuervo, se había dirigido a nuestra Asociación de Historia, para buscar algún manuscrito que hiciera mención a las Danzantas o a la famosa y conocida tradición de “Función de Ánimas”.

En verdad que hemos buscado, en el AHN (Archivo Histórico Nacional), en el AHT (Archivo Histórico de Toledo), en el AGS (Archivo General de Simancas), en el ADC (Archivo Diocesano de Cuenca), en legajos y manuscritos que nos pudieran dar alguna luz y referencia sobre el particular, ¡nada!, ¡no habíamos tenido resultado alguno!

El manuscrito que a continuación presentamos, puede ser la única referencia escrita y cierta que confirme la existencia de Danzantas el día del Corpus.

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Danzantas paloteando

fotografía de La Carnicería Gráfica

Las Danzantas, a decir de los vecinos de La Mota, La Mota el Cuervo o, como nombramos en la actualidad a nuestro pueblo, Mota del Cuervo, es una tradición que proviene de los tiempos remotos de la Reconquista, los tiempos oscuros de la Edad Media en que la Orden de Santiago señoreó por la Mancha Santiaguista, conquistando y repoblando estos territorios. Está basada, esta afirmación, en el hecho que representan las Danzantas durante sus funciones como es la lucha de moras y cristianas. Aunque, debo decir, que también hubo luchas de moros y cristianos durante la Guerra de la Alpujarra, acontecimiento que sobrecogió a todos los pueblos de la Mancha Santiaguista, que después se vieron afectados por una deportación en masa de moriscos hasta sus villas, quizás, como sucedió en Guadalajara, estas guerras de moras y cristianas nacieron por estas circunstancias.

Queda, así mismo, reafirmada, por el hecho que el personaje que dirige las funciones “el Porra”, es en definitiva un derivado o sucesor del zaharrón, moharracho o botarga, también llamado zagarrón, persona que dirige las danzas y aparta la chiquillería de las fiestas religiosas como es la del Corpus, y que en su versión primitiva era el personaje que, con un disfraz grotesco, hacía cosas para divertir a la gente. Nuestro “Porra” aún conserva algunos de los atributos de los zagarrones, la tralla, esa vara con trencilla que apoya sobre su hombro y los cascabeles.

Con gran acierto, desde mi punto de vista, las bodegas Zagarrón tomaron ese nombre tan bonito y sonoro para nombrar sus excelentes caldos.

Y, para abundar más en nuestras afirmaciones, queda decir que existe al norte de La Mota, en la linde con los terrenos del término municipal de Los Hinojosos, el monte, lugar y pozo Zagarrón, nombre del terreno proveniente de esa época de la Reconquista, tomada a los musulmanes a finales del s. XII o principios del XIII. Ese monte y lugar que fue objeto de numerosos pleitos entre los términos de Los Hinojosos y La Mota, que, al final, quedó dentro de nuestros límites municipales.

Cervantes hace mención de zagarrones y moharrachos varias veces en el Quijote:

“… venía vestido de bojiganga con muchos cascabeles, y en la punta de un palo traía tres vejigas de vaca hinchadas, el cual moharracho llegándose a don Quijote, comenzó a esgrimir el palo y a sacudir el suelo con las vejigas, y a dar grandes saltos sonando los cascabeles, cuya mala visión así alborotó a Rocinante …”

[Q,II,11]

“¿Quién diablos te había de conocer, Ricote, en ese traje de moharracho que traes?”

[Q,II,54]

Sobre el particular, realicé un estudio que se publicó en la Revista de Historia nº 5 de la Asociación de Amigos por la Historia de Mota del Cuervo, y que les invito a leer. Así quedan también invitados a presenciar, en nuestro pueblo Mota del Cuervo, las bonitas y amenas funciones de ánimas donde las Danzantes exhiben su gracia y las numerosas variantes de sus danzas.

Para finalizar esta introducción, quiero decir que esta tradición no es única de La Mota, aunque es aquí donde ha tomado mucha fama, se celebran también en Villanueva de Alcardete, y no es casual que así sea.

Durante finales de la Edad Media, existió una alcaidía que yo he dado en llamar “la Alcaidía de la Mancha Santiaguista”, pues no tuvo nombre ni villa que fuera dueña de ella. Pertenecía al Maestre de la Orden de Santiago, quien era el beneficiario de sus diezmos y rentas, estando al cargo de un alcaide que él nombraba. Esta alcaidía la formaron cuatro villas: La Puebla de don Fadrique, el Quintanar, Villanueva de Alcardete y La Mota, es por eso que nos unen tantas cosas en común que tenemos con dichas villas.

Corría el año de 1599, Felipe III no llevaba un año en el gobierno de nuestros reinos hispánicos, cuando el concejo, justicia y regimiento de La Mota, a través de su representante procurador, don Pedro Díaz de Zárate, envió un escrito al rey como Administrador Perpetuo de la Orden de Santiago, representado por su Consejo de Ordenes, solicitando licencia para gastar 30 ducados (11.250 maravedís) en la celebración de la Fiesta del Santísimo Sacramento el día del Corpus, como llevan años haciéndola, con danzas, representaciones y otros gastos como mejor pueden.

Amigo lector, ¿quiénes son las personas que danzan delante del Santísimo Sacramento el día del Corpus?, acertaste en la respuesta, las Danzantas de La Mota.

De este modo, para nuestros amigos de la Asociación de Ánimas, podemos presentar este manuscrito de 11 de marzo de 1599, donde, por primera vez tenemos una referencia escrita a las danzas que se hacían en La Mota delante del Santísimo. Por supuesto que la fecha es anterior a esta, pues en eso es explícito el manuscrito al mostrar que ya se venían realizando por tradición.

A la vista de la petición del concejo de La Mota, Felipe III manda que el Consejo de Ordenes envíe un representante a La Mota para tomar información: de qué manera celebran la fiesta, cuánto gastan en su celebración, en qué cosas, si conviene y es necesario que lo siga gastando, si tienen propios o rentas para cubrir esos gastos, si hay utilidad o perjuicio en dar la licencia.

Una vez recopilada la información, manda que el emisario junte al pueblo en concejo abierto y a campana tañida, un día de domingo o fiesta de guardar por la tarde, para que decidan si están a favor de recibir la licencia o, por el contrario, hay algunas personas que lo contradigan. Recogerá todos los votos y opiniones y los introducirá en un sobre firmado, cerrado y sellado para dar fe del acto, se lo entregaréis al concejo para que lo traigan y lo presenten ante mi Consejo.

Este es uno de los actos más puros de la democracia, que ya se celebraban en nuestras villas de la Mancha Santiaguista en este siglo XVI e, incluso, durante la Edad Media.

El mismo acto que se celebraba en la Atenas de Pericles, cuando el gobierno quería abordar una obra o un asunto de tal importancia que afectaba a la vida ateniense, reunía a todo el pueblo y votaban a mano alzada.

En nuestros pueblos se reunían a concejo abierto, es decir, todos los vecinos de la villa que querían, a campana tañida, es decir, llamada para un asunto importante, y votaban según su parecer, abiertamente, cara a cara, una persona un voto. ¿No es esto lo que nuestra sociedad reclama ahora?, nuestros dirigentes podrían aprender de las antiguas tradiciones de la Mancha Santiaguista.

Firman el escrito los del Consejo de Ordenes, al menos dos son conocidas:

  1. Francisco Fernández de Córdova, paje real y marqués del Carpio.
  2. Gaspar Bonifaz, caballerizo de su Majestad.

Lo que sigue es la transcripción del manuscrito realizada por mí, Enrique Lillo Alarcón, que se conserva en el AHN, para que la Asociación de Ánimas lo conserve entre sus documentos:

La villa de La Mota

Diligençia a conçejo abierto

Secretario Tapia

Don Phelipe etc, Administrador Perpetuo de la Orden y Cavallería de Santiago por avtoridad apostólica, a vos el nuestro governador del Partido de la villa de Ocaña o vuestro tiniente ordinario que con vos rresside, y a cada uno de vos.

Saved que, Pedro Díaz de Çárate en nombre del conçejo, justiçia y regimiento dela villa de La Mota el Cuervo, presentó ante nos, en el nuestro Consejo delas Hórdenes, una petiçión del tenor siguiente:

Muy Poderoso Señor

Pedro Díaz de Çárate en nombre del conçejo, justiçia y regimiento dela villa de La Mota el Cuervo digo que, la dicha villa, sale cada año la Fiesta del Santíssimo Sacramento por el Corpus y su Otava, y la çelebran con danças y rrepressentaçiones y otros gastos lo mexor que puede.

Y en esto ha gastado, cada año, treinta ducados de sus propios.

Y para que de aquí adelante lo puedan haçer sin pena, suplico a V. la mande dar liçençia para ello etc.

Pedro Díaz de Çárate

 

Y vista la dicha petición, que de suso va incorporada, por los de nuestro Consejo con su acuerdo, y vista nuestra carta, vos mandamos que, luego, como con ella fuéredes rrequerido, vayáis a la dicha villa de La Mota e llamada e oyda la parte del conçejo della y las demás a quien tocare, ayáis ynformaçión, averigüéys y sepáis cómo y de qué manera ha pasado y passa lo susodicho, y qué tanto ello que la dicha villa gasta de sus propios en celebrar la Fiesta del Santíssimo Sacramento, y en qué cosa, y si combiene y es necesario, que lo que asta ora se a gastado se gaste de aquí adelante, y si para gastarlo, la dicha villa, tiene propios y rrentas. Puniendo en la ynformaçión que hiçiéredes, un apuntamiento particular del cargo, data y alcançes líquidos que uviere delos propios y rrentas dela dicha villa.

Y qué utilidad y provecho, daño o perjuiçio se siguirá de dar la dicha liçençia, y a qué personas, y porqué la ussa.

Y açed juntar a conçejo abierto, a campana tañida, en un día de domingo o fiesta de guardar por la tarde, a todos los vezinos y moradores dela dicha villa que allí quisieren yr, y, ansí juntos, les proponed lo susodicho.

Y saved si son todos de acuerdo y pareçer que, nos, mandemos dar la dicha liçençia o aya alguna persona que lo contradiga, y si la ubiere declare las cavsas dela tal conttradiçión.

Y de todo lo demás que biéredes se deve aver la dicha ynformaçión, la habréis avida escripta en limpio, signada, çerrada y sellada, y en manera que haga fee firmada de vuestro nombre y con vuestro pareçer sobre ello, lo dad y entregad a la parte dela dicha villa, juntamente con las dichas contradiçiones si las uviere, para que lo trayga y presente en el dicho nuestro Consejo, y, en él visto, se provea justiçia, lo qual haréys por vuestra persona, sin lo cometer a otra alguna, con aperçevimiento que se dará por ninguna la dicha ynformaçión y se tornará a haçer a vuestra costa.

Y no hagáis lo contrario so pena dela nuestra merçed y de diez mill maravedís para la nuestra Cámara, y so la dicha pena mandamos a qualquier scrivano os la notifique y dé testimonio dello.

Dada en Madrid a onçe de março de mill y quinientos y noventa y nueve años.

El marqués don Fernández de Córdova.

El liçençiado Vonifaz, el liçençiado don Françisco de Contreras, el liçençiado don Joan de Ocón, el liçençiado Juan Aldrese 

Firma el manuscrito Gerónimo Gonçalez

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