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Historia en la Mancha

Jueves Santo de 1568, procesión de la Santa Vera Cruz en Mota del Cuervo

Historias de la Mancha Santiaguista III
Historias de La Mota II

Jueves Santo de 1568, procesión de la Santa Vera Cruz en Mota del Cuervo

Numerosos vecinos se estaban congregando en torno a la nueva portada de la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel de Mota del Cuervo, la luz crepuscular se difuminaba con pasos rápidos para dejar entrever la oscuridad de la noche, solo mitigada por dos hachones dispuestos en los muros, a ambos lados de la entrada, y por las linternas, velas, velones y hachas de cera que llevaban algunos vecinos en sus manos.

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Semana Santa de Mota del Cuervo
Fotografía de Francisco Javier Lillo Gismero

Los actos litúrgicos de este Jueves Santo de 1568 estaban finalizando y pronto comenzaría la procesión de la Santa Vera Cruz. Era una de las más importantes del pueblo, se celebraba todos los años cada Jueves Santo con gran silencio y respeto, organizada por la cofradía del mismo nombre, que contaba con un total de 180 hermanos en sus filas, por eso la expectación era grande. Espontáneamente se había formado una fila larga a ambos lados de la calle de la iglesia, un camino de luces que vibraban con la suave brisa de la anochecida.

El corneta vestido con un hábito negro, desde la puerta, anunciaba la salida de la misma, a intervalos amplios no dejaría de tocar durante todo el recorrido, marcando el paso de todos los hermanos que participaban en la procesión. Le seguía un cofrade, alumbrando el camino con una linterna de latón.
Unos pasos más atrás seguía el portero, vestido con unas ropas de paño verde portando un estandarte negro y su cruz negra, suplementado con un paño verde y su trena de oro. Guardando sus costados dos hermanos, cubiertos con un hábito negro, sujetaban sendos crucifijos, insertos en unas varas para llevarlos alzados y poder ser vistos por todas las personas asistentes al acto. Detrás, a sus espaldas, otros dos hermanos cofrades portaban cetros de color verde, vestidos de negro tapaban su rostro con una caperuza verde.

Un grupo de cofrades en dos filas, llevando hachas de cera encendidas, con su vestimenta negra y caperuza verde, seguían al grupo que abría la procesión, eran hermanos penitentes que habían hecho alguna promesa o penaban solicitando el perdón de sus pecados.

Un cofrade vestido de negro y caperuza verde lleva un crucifijo grande, con su vara, cadena verde y manga negra para taparla, con su cubre manga encima.

Uno de los mayordomos, Pascual Sánchez Alcoholado, precedía el paso de la Vera Cruz, compuesto por dos andas que soportaban una plataforma adornada con flores y ramas verdes, hachas de cera encendidas en cada una de las esquinas, alumbran la gran cruz de color verde que se yergue desde la base de la plataforma, adornado el crucero con un paño blanco con sus franjas y tocado de un velo de tafetán negro. Era un paso sencillo pero hermoso a la vez.

Siguiendo el paso el clérigo bachiller Sánchez, que actúa de ordinario como capellán que oficia las misas que ofrece la cofradía en el Altar de la Vera Cruz, viste una casulla verde con tres tiras de raso, propiedad de la cofradía. A su lado el otro mayordomo Francisco Ortega de Lillo, ambos custodiados por dos muchachos con sotana negra que portan otros dos crucifijos en varas y un tercero delante con el incensario perfumando el recorrido. Detrás dos cofrades portan sendos cetros plateados, a quienes siguen todos los cargos e integrantes del cabildo, alcalde, prioste, escribano y ejecutor, vestidos de jubón y calzas negras para la ocasión.

Otro grupo de hermanos cofrades en dos filas, con sus hachas de cera encendidas, cierran la procesión. En el centro de estas dos filas un hermano lleva entre sus manos, mostrando a todos, un paño de terciopelo negro con una cruz verde.

De este modo tuvo que transcurrir la procesión de la Vera Cruz en 1568. La disposición de las personas la he simulado, los nombres usados son verdaderos, así como los ornamentos, bienes y propiedades de la cofradía.
Es la procesión más antigua celebrada en La Mota de la que tengo constancia.
Usaron los colores negro y verde como insignia de la cofradía, los que me sugieren ciertas suposiciones y preguntas para las que no tengo respuesta:
¿Porqué usaron una cruz verde?, sería porque la Inquisición usaba el mismo color. Sabemos que en La Mota hubo varias personas y familias pertenecientes al Santo Oficio.
¿Se le impondría a la Plaza de la Cruz Verde su nombre por esta cofradía o sería por la Inquisición?.

Los datos se han obtenido del AHN, Libros de Visita de la Orden de Santiago, transcripción realizada por mí. [AHN,Consejo de Ordenes,leg.6824]

En el año 1770 todavía existía la cofradía de la Vera Cruz. En la relación que mandó hacer el conde de Aranda para estudio y regulación de las mismas, aparece con unos gastos anuales de 550 reales, sin rentas propias y realizando 4 funciones al año, una de ellas, claro está, de tipo procesional, la correspondiente al Jueves Santo que se venía haciendo hace más de 200 años.

Cofradía de la Vera Cruz

El día 23 de octubre del año 1568, el Prior del Convento y Prioradgo de Uclés Miguel Martínez, visita la villa de La Mota como se tiene por costumbre de hacer desde tiempo inmemorial.
Uno de los motivos de este año es tomar relación de las cofradías que hay en la villa, visitar a los mayordomos, revisar sus cuentas y sacar relación de los bienes y pertenencias que posee.

Encuentra por mayordomos a los vecinos de La Mota, Pascual Sánchez Alcoholado y Francisco Ortega de Lillo, este último se encuentra ausente del pueblo, quienes fueron nombrados en el cargo el primero de mayo de 1568.

El escribano del Prior revisa las cuentas que les fueron tomadas por el visitador de la Orden de Santiago, el señor licenciado Garay, y las que después tomaron los oficiales de la dicha cofradía en fecha 8 de mayo de 1568, resultando un alcance contra el cabildo y a favor de los mayordomos, dándose por buenas.

En las nuevas cuentas que se toman al mayordomo le hacen el siguiente cargo:

Por las luminarias y limosnas al pasar el bacín en la iglesia, desde principio de mayo de 1568 hasta el tercer domingo de octubre de este mismo año, se han obtenido 1.910 maravedís.

Se hizo un reparto de cuota entre todos los cofrades el 9 de mayo de 1568, cobrándose un real a cada uno, total 180 reales (6.120 maravedís), que sumado al cargo anterior da un cargo total de 8.302 maravedís.

El mayordomo se hace los siguientes descargos de gastos realizados:

Por gasto de compra de cera y enterramientos de cofrades empleó 1.354 maravedís. Gasto realizado en el período que va desde el primero de mayo de 1568, hasta hoy 23 de octubre del mismo año.

Gasto empleado en pagar al clérigo bachiller Sánchez, por 24 misas que ofició en nombre de la cofradía y para los cofrades difuntos. A real cada una hacen 24 reales (816 maravedís).
Al clérigo bachiller Rodado se le pagan 13 reales (442 maravedís) por 13 misas que ofició para la cofradía.

Sumados todos los gastos da un total de 2.612 maravedís. Así que los mayordomos deben de devolver a la cofradía 5.690 maravedís, que el Prior manda que los devuelvan en un plazo de 9 días.
Fueron testigos de la toma de cuentas, Juan de Pareja y Antonio de Cosca, vecinos de Uclés. En concreto Antonio de Cosca era el notario apostólico del Convento.

Debo de comentar unos aspectos interesantes que se refieren en las cuentas:
Se cobra una cuota de un real a cada cofrade, ¿en qué se empleaba este dinero?, además de lo mencionado en las cuentas, se usaba para dar a los cofrades un enterramiento digno, pagando la cofradía la mayor parte del entierro, y para asistir con algo de dinero a la viuda y huérfanos. Realizaban así una misión caritativa y de seguro de vida, anticipándose en siglos a los actuales seguros.
Otro aspecto significativo es que la cofradía debía de mantener un libro de cuentas, donde se anotaban los ingresos y gastos acompañados de sus facturas.

Inventario de los bienes de la hermandad

He marcado con un * los ornamentos y utensilios que pudieron haber usado en la procesión del Jueves Santo.
En algunos, los que pueden presentar más dificultad, he añadido una explicación.

* Un crucifijo que está en la iglesia en el Altar de la Vera Cruz
Un arca pequeña para tener la cera
Un pendón de tafetán colorado con una cruz. El tafetán es un tipo de tela de seda, muy usada en el reino nazarí de Granada, quienes eran unos expertos en la fabricación y comercialización de la seda en todos los países del Mediterráneo.
* Un pendón negro con su cruz negra
* Dos cetros plateados y dos cruces
* Otras dos cruces y dos cetros verdes
Dos bacines de latón y una campanilla. El bacín es una vasija usada, en este texto, para recoger las limosnas en la iglesia.
* Una cruz grande verde
* Un paño verde con una trena de oro. La trena era una especie de cinturón o tahalí.
* Un velo de tafetán negro
* Un paño blanco con sus franjas
Una bula en latón. La cofradía era poseedora de una bula papal, con toda seguridad confirmaba su constitución.
* Una corneta. Instrumento de viento que acompañaba a las procesiones o a los ejércitos para dar órdenes.
Las cornetas del s. XVI no eran como las actuales, sino que tenían forma de cuerno, de donde toman el nombre y cuyo material era usado para su fabricación en la antigüedad, con agujeros a lo largo de ella para poder tocar al igual que una flauta, aunque su sonido fuera muy distinto.

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Cornetas del s. XVI
Fotografía tomada de Ensemble La Danserye

Unas ordenanzas confirmadas y un libro de cuentas. Era muy importante disponer de unas ordenanzas que rigiesen el funcionamiento del cabildo de la cofradía, confirmadas eclesiásticamente, para dar validez y seriedad a la misma. Estas ordenanzas estarán perdidas, pero podemos tomar como ejemplo las correspondientes a la cofradía de Nra. Sra. de la Asunción que se conservan en el Archivo Municipal de Mota del Cuervo.
Dos ciriales de palo. Dos candeleros de madera para sujetar velas.
Unos cajones para los ornamentos
Un candelero para hachas de cera. Soporte, normalmente de madera, con varias bases cilíndricas para colocar velas.
* Una casulla verde con tres tiras de raso
* Una linterna e dos arandelas. La arandela es un disco con un agujero en medio, que se coloca en el candelero, para recoger la cera que se derrite de las velas encendidas.
Una cruz de ganchos con un crucifijo pequeño
Un paramento pincelado que está en el Altar. Una pintura realizada a pincel en una pared del Altar de la Vera Cruz.
Un tocado de lino
Tres cestillas para coger la limosna
Más otra cestilla
Más una casulla de carmesí colorado
* Más un paño de terciopelo negro con una cruz verde
* Una vara pequeña para la manga
Un par de manteles de lino que están en el Altar
* Una manga de terciopelo negro con una cadena verde. La manga era una tela que tapaba el soporte con que se llevaba el crucifijo, la vara que lo sustentaba.
Un alba con amito e dos paños de manos que están en el Altar. Alba y amito, vestimentas usadas en la liturgia.
Un frontal con tiras de raso que está en el Altar. El frontal del Altar es el adorno que tapa el frente del mismo, realizado con telas pintadas u otro material.
Un paño de seda con sus franjas que está en el Altar
Unas escribanías con un cuchillo y tijeras. La escribanía en el s. XVI, constaba de un soporte donde se colocaban varios recipientes cilíndricos con tapa, donde se ponían la tinta, los polvos secantes, usados para la escritura. Cuchillo y tijeras eran usados para sacar punta a las plumas, cortar el papel, etc.
Más un poco de tira que dio la mujer de Antonio Mateo
Una banca para el Altar. Se había instalado una banca de madera para asiento de los clérigos y fieles que iban a rezar a él.
Una sobremesa de colores para sobre la banca
Una cubierta para la manga
Un par de manteles de cebadilla
* Un par de andas en que llevan el Crucifijo el Jueves Santo
* Una ropa verde para el portero
Dos cerrajas con dos llaves e un cucharón de yerro

Cofradía del Santo Sepulcro de Mota del Cuervo, 1665

Una de las más antiguas Cofradías procesionarias de Mota del Cuervo, que en estos días están dejando su corazón y su alma, en conseguir que todo salga perfecto en los próximos actos religiosos y procesiones, que se van a celebrar con motivo de la Semana Santa.

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Paso del Santo Sepulcro de Mota del Cuervo
Fotografía de Juan Manuel Ruiz de Valbuena

Podemos conocer que ya existía como Cofradía el 11 de marzo de 1665, hace 350 años, a través del manuscrito de fallecimiento de Juan Sánchez de Lillo, que fue anotado en el Libro de Defunciones del Archivo Parroquial, libro 3º, folio 2.

“Libro en el qual se escriben los que mueren y se entierran en la parroquial desta villa de La Mota, desde este año de 1665, siendo cura el sr. lzdo. don Joan Cano”.
[Al margen] “Joan Sánchez Lillo”
“En once días del mes de março de myll sisçientos sesenta y çinco años, se enterró en la parrochial desta villa de La Mota, en la capilla del Sto. Xpo. del Entierro, a Joan Sánchez Lillo, natural desta dicha villa”.

Juan Sánchez de Lillo fue enterrado en la capilla del Santo Cristo del Entierro de la iglesia parroquial de La Mota. El hecho de existir una capilla con una advocación determinada, significaba que debía existir una cofradía dedicada al Santo Entierro, y al ser enterrado allí Juan Sánchez de Lillo debía ser cofrade de la misma.
Por su carácter sacramental debía ser de tipo procesional, de modo que los cofrades saldrían todas las Semanas Santas con hachas encendidas, en un respetuoso silencio, por los alrededores de la iglesia.

Juan Sánchez de Lillo fue el primer cofrade conocido del Santo Cristo del Entierro, muchos de la familia Lillo que le continuaron, siguieron perteneciendo a dicha Cofradía.

Así que esta es una buena noticia para los cofrades del Santo Sepulcro de Mota del Cuervo. Existió una cofradía dedicada al Santo Cristo del Sepulcro en fecha anterior a 1665, que en una primera aproximación podríamos datar en el primer tercio del s. XVII, sin perjuicio que pudiera haber sido creada con anterioridad.

Existen datos más concretos de ella en un artículo redactado por mí, en la revista nº 4 que edita la Asociación de Amigos por la Historia de Mota del Cuervo, tomando como base los manuscritos de cofradías relativos al s. XVIII, se conoce que en el año 1770 tenía una renta anual de 1.125 reales, hacía dos funciones al año, una de ellas sería durante la Semana Santa, de tipo procesional como se venía haciendo más de un siglo.

Datos tomados de mi libro de próxima aparición, “Los pleitos del bachiller Lillo en Mota del Cuervo”.

Licencia de obras del concejo de El Toboso en 1530

Historias de la Mancha Santiaguista II
Historias de El Toboso I

Dedicada a la Sr. Dª. Pilar Arinero, alcaldesa de la villa de El Toboso, que tuvo la gentileza de recibir una comisión de la Asociación de Amigos por la Historia de Mota del Cuervo, nos atendió muy amablemente dedicándonos su escaso tiempo y tuvo la paciencia de escuchar nuestros proyectos comunes para la Mancha Santiaguista.

Licencia de obras del concejo de El Toboso en 1530

Como sucedía en casi todas las villas de la Mancha Santiaguista, la Plaza pública de la Villa de El Toboso era poco más que un ensanche de la calle Mayor, Principal o Real, según como fuera la denominación de la misma en cada pueblo en particular, esto mismo ocurría con la Plaza de La Mota.
Estamos en el año 1530, en el primer tercio del s. XVI. Hace unos 40 años que los vecinos han abandonado la Edad Media, gracias al impulso que han proporcionado los Reyes Católicos, para entrar en una nueva era bajo el gobierno de su nieto, el César Carlos.

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Plaza de la villa de El Toboso

El Toboso era una población cerrada y compacta sobre su cerca medieval, de la que aún quedan restos muy bien conservados, las casas se hacinaban en ese recinto cerrado, no quedando mucho espacio libre para tener una Plaza pública, lo suficientemente amplia, que sirviese de reunión de los vecinos y encuentro para los grandes acontecimientos.

La población ha crecido desde los 210 vecinos que vivían en la villa en el año 1500, hasta los 255 vecinos, unos 1275 habitantes, en el presente año de 1530, entre ellos podemos encontrar a 14 caballeros cuantiosos o de cuantía, cuyos nombres conocemos:

Alonso Ortiz
Fernando de Villanueva
Gabriel de Villanueva
Andrés Fernández
Francisco de Morales
Carlos Martínez
Pero López Serrano
Juan Martínez de Esteban Martínez
Pero Martínez Arco el viejo
Juan Martínez de Alexo
Pero Martínez Panduro
Juan Díaz el mozo
Pero López de Miguel López
Diego López el Poderoso

Estos caballeros de cuantía daban una idea de la riqueza de una determinada villa, El Toboso era un pueblo que se podía considerar afortunado, comparado con La Mota, donde solo había 9 caballeros cuantiosos para una población de 320 vecinos.

La caballería de cuantía fue una milicia urbana que crearon los reyes castellanos, para asegurarse un cuerpo de ejército de rápida formación, cuando era necesario para ataque o defensa de un enemigo común, tuvo su razón de ser en tiempos de las luchas con los reinos musulmanes. Estaba formada por personas que disponían de unas rentas de unos 150.000 maravedís en esta época de 1530, es decir, las personas de mayor riqueza de la población. Se les obligaba a mantener armas, lanza y caballo disponibles para cuando fueran llamados por el rey, haciendo alarde de ellos al tiempo de la festividad de San Juan en las plazas de las villas santiaguistas, a cambio estaban exentos del pago de impuestos y pechos. En las visitas de los visitadores de la Orden de Santiago se comprobaba si disponían de todo su armamento y caballo, en caso contrario eran castigados con penas monetarias y se les emplazaba a tenerlos en la próxima visita.

El Toboso disponía en 1530 de dos edificios civiles de importancia, la Casa de Bastimento o Tercia Real, de la que existen actualmente ciertos restos en la Plaza del Arco, en el edificio donde se encuentra la panadería, y el Hospital de Pobres, de la advocación de San Agustín, situado cerca de la Plaza de la villa, mandado construir por el concejo.

“Ospital
Continuando la dicha visytaçión, los dichos visitadores, visytaron un ospital de Santo Agustín que ay en la dicha villa, çerca de la Plaça, el qual a fecho el conçejo, de la dicha villa, por devoçión.”

La Tercia Real había sido mandada construir en tiempos de Fernando el Católico, con encargo a su maestro de obras Hernando Ruiz de Alarcón, pero por diversos motivos no se había llevado a efecto hasta el comienzo del reinado de su nieto Carlos I.
Como mencionan los Libros de Visitas de la Orden de Santiago, fue construida para guardar los diezmos de pan y vino correspondientes a la Mesa Maestral, es decir, al emperador Carlos como Administrador Perpetuo de la Orden.
La planta inferior tenía un par de jaraíces, lagares para pisar la uva, el mosto así obtenido se guardaba allí mismo, en 30 tinajas fabricadas en los hornos del Toboso, tinajas que fueron famosas en todo el reino de Castilla y que llevaban la firma de la villa.
La planta superior se utilizaba para guardar el pan, el trigo y la cebada, almacenados en trojes, pequeños muros que servían para separar los dos tipos de cereales mencionados.
Tuvo un arco de sillería para entrar en la bodega y una escalera de piedra labrada, por el exterior de la fachada, para subir hasta la panera del piso superior. El techado de madera y teja, era un arte de ingeniería para la época, del que quedan restos de vigas en algunas de las viviendas del edificio mencionado con anterioridad.

“Casa de Bastimento
Ay, en la dicha villa, una casa de bastimento, en donde se echa el diezmo del pan e vino que se coge en la dicha villa. Es una casa fecha de cal y canto, bien labrada. En lo alto se echa el pan y en lo baxo se echa el vino. Tyene, esta bodega, treynta tinajas.”

Junto a los diezmos de pan y vino, la Mesa Maestral recibía los otros siguientes diezmos:
Diezmos de ganados, queso y lana.
El pedido ordinario y la escribanía que valían 8.212 maravedís.
Diezmo de mozos, potricos, borricos, becerros, muletos, miel y cera.
Se cobra también un portazgo.

Además de la iglesia parroquial existían varias ermitas para el culto de los fieles toboseños:

San Benito que estaba dentro de la cerca de la villa, incluida en el conjunto arquitectónico del Monasterio de la Concepción, regentado y cuidado por las Hermanas Clarisas, con las paredes de cal y canto hechas hace poco tiempo. Es de una nave, con un techado de madera de pino bien labrado, montado a hilera. Tiene una entrada con sus buenas puertas y cerradura.
La ermita había sido mandada construir por el concejo, cuyos alcaldes y regidores nombraron al mayordomo de ella, cuyo cargo había recaído en el vecino Pablo Panduro, con la misión de recoger limosnas para su conservación y mantenimiento.

Nuestra Señora de los Remedios. Es un cuerpo de ermita de una nave, construida a cal y canto. La capilla cubierta de madera de pino montada a par y nudillo, tiene instalada una reja de madera que la separa del resto de la ermita. En el Altar hay una imagen de Nuestra Señora, le cubre una sábana y unos manteles.
Tenía algunos bienes, un cáliz de plata con su patena, un vestido de lienzo con sus accesorios, una lámpara de azófar, dos candelabros, una cruz pequeña y un esquilón.
Era mayordomo de ella Antón Martínez de Arriba, que había recogido de limosnas 3.820 maravedís y 3 fanegas de trigo.

San Sebastián está situada junto a la villa, (nótese que estaba en la parte exterior de la cerca, por eso se dice que estaba junto a ella pero no en su interior).
Es de una sola nave, con las paredes de tierra y unos pilares de yeso donde apoyan las vigas de madera de pino.
En el Altar hay una imagen de San Sebastián y otra de Santa Catalina, se ha vestido con un frontal pintado, unos manteles y una lámpara de latón.

Así era la villa del Toboso en este año de 1530, los oficiales del consejo, alcaldes y regidores, estaban orgullosos de su pueblo, de todas las obras que habían realizado para engalanarlo y facilitar la vida a sus convecinos, pero, como buenos regidores, no se habían contentado con lo que tenían sino que deseaban darle más categoría aún si cabe.

Durante la visita a El Toboso del licenciado Almodóvar, alcalde mayor del Partido de Ocaña, al que pertenecían los pueblos de la Mancha Santiaguista, se había visto que la Plaza de la villa era pequeña para la categoría del pueblo y lo que había crecido en los últimos años, así que, entre todos, acordaron que el concejo comprase dos casas aledañas a ella y se derribasen para aumentar el espacio disponible.
También se decidió hacer unos nuevos pozos de agua dulce, para abastecer la creciente demanda de ella por parte de los vecinos.

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Pozos de agua dulce en El Toboso

En los primeros años del s. XVI existieron dos Partidos, el de Ocaña que gobernaba los pueblos de la Mancha Santiaguista, y el de Villanueva de los Infantes que gobernaba los del Campo de Montiel, cada uno con su gobernador, alcalde mayor, alguaciles, escribanos, amén de los funcionarios necesarios para su control.
Al comienzo del reinado de Felipe II, durante los años sesenta, para realizar un mejor control de las villas, el Partido de Ocaña se partió en otros tres partidos, Uclés, Ocaña y Quintanar, quedando Villanueva de los Infantes como estaba.
Por interés en el conocimiento de las villas de la Mancha Santiaguista que integraban el Partido del Quintanar, las enumero a continuación:
Cabezamesada, Campo de Criptana, Corral de Almaguer, Los Hinojosos de la Orden, Miguel Esteban, La Mota, Pedro Muñoz, La Puebla de Almoradiel, La Puebla de don Fadrique, Quintanar, Socuéllamos, El Toboso, Villaescusa de Haro, Villamayor de Santiago y Villanueva de Alcardete.

Las nuevas obras a realizar, como sucede en la actualidad, se realizaban con cargo a impuestos que se imponían a los vecinos pecheros, y estas no podían ser menos, más teniendo en cuenta que el ayuntamiento de El Toboso no disponía de propios ni rentas con que sufragar los gastos.
Por otro lado, el concejo no podía alegremente poner una cantidad y cobrarla directamente a las personas, sino que debía solicitar permiso al Consejo de Ordenes, institución que creó el rey Carlos I para controlar los pueblos y villas de las Ordenes Militares, cuando fue nombrado Administrador Perpetuo de las mismas por el papa Adriano VI, su antiguo consejero Adriano de Utrecht.

Por este motivo, a través del escribano del ayuntamiento, escriben carta al Consejo de Ordenes solicitando licencia para hacer las obras, piden les sea concedido una cantidad de 60.000 maravedís a repartir entre los vecinos.
Los señores del Consejo de Ordenes piden informes al alcalde mayor del Partido de Ocaña, licenciado Almodóvar, al ser favorables, en nombre del rey Carlos, dan su aprobación, pero solo conceden una cantidad de 40.000 maravedís, bastante menor que lo solicitado, pensando en no gravar en demasía a los vecinos.

“Don Carlos, etc, a vos el concejo, alcaldes, regidores, ofiçiales y onbres buenos dela villa del Tovoso, salud e graçia.
Sepades que en el my Consejo dela dicha Orden, fue vista una petiçión que, por vuestra parte, fue en él presentada, por la qual me hizistéis relaçión que el liçençiado Almodóvar, alcalde mayor deste Partydo, visytando esa dicha villa, nos mandó ensanchar la plaça della y conprar dos casas para hazer la dicha ensancha, e hazer çiertos pozos de agua dulçe de que tenéys mucha neçesidad.”

Además ordenan que se entregue el dinero a una persona de confianza y se disponga un libro de cuentas, donde se asienten los maravedís gastados en las obras referidas, a saber, el ensanche de la Plaza, la construcción de los pozos de agua dulce, más otras que se estaban haciendo o se debían de hacer, reflejadas con posterioridad en el escrito al Consejo.
Estas obras fueron, la terminación de una nueva torre que se estaba construyendo y la reparación de las casas del cabildo y del ayuntamiento.

“E que porque ansy, para la paga delo que costare, como para cobrar una torre que tenéys començada en la dicha villa, e para reparar las casas del cabildo e ayuntamyento della, no tenéys propios ny rentas, que me suplicávades e pedíades por merçed, vos mandase dar liçençia para hazer repartimyento entre los vezinos desa dicha villa, hasta en quantía de sesenta myll maravedís, que, para lo susodicho, dezís que serán menester o como la my merçed fuese.
E ansí vista la dicha petiçión e çierta ynformaçión, sobre ello avida, del alcalde mayor, fue acordado que devía mandar dar esta my carta en la dicha razón.
E yo tóvelo por bien.
Por la qual vos doy liçençia y facultad para que podáys haser repartimyento entre los vezinos desa dicha villa, hasta en quantía de quarenta myll maravedís, los quales hazed cojer e deposytar en poder de persona llana e abonada, para que se gasten en la paga delo susodicho e no en otra cosa alguna. E tened libro çierto e verdadero de como los repartyedes e gastades, para que deys de ello cuenta a la persona que, por my mandado, la oviere de resçibir.”

Se firma la carta, por el secretario Guerrero, en Ocaña, el 21 de noviembre del año 1530.

Esta es la historia del buen hacer de los regidores de El Toboso en el s. XVI, pendientes de las necesidades de sus vecinos, gastando el dinero público en mejoras para disfrute de la comunidad.
He de decir que, en la actualidad, los toboseños deben estar orgullosos de sus regidores, quienes siguen mirando por el engrandecimiento de ese gran pueblo de la Mancha Santiaguista, con tantas raíces cervantinas. Viene a mi memoria el buen gobierno del anterior alcalde D. Marciano Ortega Molina, continuado por el de la actual alcaldesa Dª. Pilar Arinero. Felicidades a ambos por elevar a El Toboso al lugar que le corresponde.

Bibliografía:
AHN,OM,AHT,Legajo 71867
AHN,OM,UCLÉS,L.1081
La monarquía hispánica en tiempos del Quijote, Porfirio Sanz Camañes

Los Hinojosos de la Orden hace 500 años. La villa de los hidalgos.

Introducción

Nadie en la pequeña y tranquila villa del Finojoso podía imaginar lo que iba a suceder el próximo septiembre de este año de 1241.
Hacía pocos años que toda la comarca había comenzado a ser repoblada por la Orden de Santiago, acudían numerosos colonos a la llamada de los freyles de Uclés y aún permanecían numerosos hidalgos que habían contribuido a la conquista de la zona a los musulmanes. La preocupación más inmediata este año era procurarse una vivienda, roturar la tierra y cuidar de sus ganados.

Desde que el rey Alfonso IX entregara a la Orden de Santiago territorios conquistados con la misión que fueran repoblados, se habían afanado en ocuparlos desde su sede de Uclés, y llamar la atención de colonos con privilegios y cesión de tierras, que formaran pueblas o villas, las que después constituirán el Común de la Mancha.
Por otro lado, desde 1184 que se había conquistado la villa de Alarcón a los musulmanes, este concejo de realengo no había dejado de aumentar los territorios que formaban su alfoz, tanto fue así que estaban chocando con las posesiones de la Orden de Santiago, entrando en conflicto claro personas, dominios y terrenos.
Para que el problema no fuera a más, el Santo rey Fernando III ordenó al obispo de Cuenca don Gonzalo Ibáñez (1236 – 1246) que procediera al reparto de tierras entre el concejo de Alarcón y los freyles del Convento de Uclés, quienes, después de numerosas conversaciones, fijaron el mes de septiembre del año 1241, la víspera de la festividad de San Miguel, para proceder a la división de las tierras.
Estaban presentes, además de don Gonzalo Ibáñez, una nutrida representación del Priorato de Uclés con el Maestre de la Orden de Santiago don Rodrigo Iñiguez a la cabeza, seguido de todo su Capítulo, así como los representantes de los concejos de Alarcón y Uclés.
Asisten como testigos 15 freyles de Santiago, 5 de la Orden de San Juan, 2 canónigos que asistían al Obispo, 14 vecinos de Uclés y 18 de Alarcón.

Comenzaron a poner mojones tomando dirección norte a sur, en el río Xigüela (río Gigüela) por la puente de Domingo Pérez, subieron a los alcores de la Sierra Jablameña (Sierra de Almenara), continuaron por Fuente Anaya (Hontanaya, la Fuente del Guadiana), pasaron el Finojoso (Los Hinojosos) hasta el Pozo del Algive (término de Santa María de los Llanos) y terminaron en las Mesas Rubias (Las Mesas) y la Fuente del Espino.
Acordaron que la parte izquierda sería para el concejo de Alarcón y la parte derecha para la Orden de Santiago.

“… y para venir en conocimiento de la extension de términos del Castillo y villa de Uclès, se observa que con orden y mandato del señor don Fernando el Santo, los dividió, (sacado n. 12. y cax. 113. n. 16.) el Obispo de Cuenca don Gonzalo, en la era de 1279 y año de 1241.
Señalando por la parte de Alarcón, por pertenecientes à Uclès, desde Jiguela, hasta la Puente de Domingo Pérez, y la Sierra de Jablameña, aguas vertientes, hasta el fin de la Sierra, y a un collado en la carrera de Fuente Anaya a Guzques, y donde se juntan las carreras, que van al Finojoso, y de allí al Pozo del Finojoso, y a la entrada del campo de Algive, y al Pozo de Algive, por somo de alcoi, y a las Mesas-Rubias, y a la Fuente del Espino; siendo lo de la mano derecha de Uclés, y lo de la siniestra de Alarcón; y en esta partición de términos intervino el Maestre don Rodrigo Yñiguez, y el Capítulo de la Orden.”

[Bernabé de Chaves, Apuntamiento legal … , capítulo 35, pág. 14]

Cuando llegaron al Finojoso los vecinos no podían creer lo que estaba sucediendo, la numerosa comitiva entró por la parte norte del pequeño pueblo, por la carrera que venía desde el cruce de caminos de Gúzquez y Hontanaya, que continuaba por la calle principal del pueblo hasta su parte sur, desde donde arrancaba la carrera que iba hasta la Puebla del Aljibe. Al llegar al pozo que abastecía de agua clara y limpia al pueblo dijeron que este servía de mojón por mitad, es decir, la mitad del pozo para unos y
la otra mitad para los otros. Aún hoy día se puede ver el pozo dividido en dos partes.

(null)
Así un pueblo, por decisión del rey y consentimiento del Obispo de Cuenca, Orden de Santiago y concejo de Alarcón, en un solo día, en un solo instante que fue atravesado por la comitiva, se convirtió en dos pueblos. Familias, hermanos, amigos estaban en el pueblo de al lado, tan triste noticia perduró en la memoria de sus habitantes y constituyó un hecho traumático durante siglos.
Con el devenir de los años, el Finojoso que se quedó la Orden de Santiago se dio en llamar Los Hinojosos de la Orden, la parte que se quedó el concejo de Alarcón se acabó llamando Los Hinojosos del Marquesado, debido a que fue propiedad del primer marqués de Villena don Juan Pacheco, habiendo pertenecido en el siglo anterior al infante don Juan Manuel como señor de Alarcón y de Belmonte.

Esta posesión de la mitad de la villa por el marqués de Villena, provocó un grave problema económico y demográfico, debido a las exenciones fiscales que concedía el marqués, muy mejoradas respecto a los diezmos y cobranzas de la Orden de Santiago. Los habitantes de la parte del pueblo que estaba situado en territorio de la Orden, comenzaron a pasarse a la zona del marquesado, de modo que comenzó a despoblarse, y siendo una villa rica se transformó en todo lo contrario.
Al final solo cruzaban la calle los pecheros, los que pagaban los impuestos, quedando en Los Hinojosos de la Orden los hidalgos que, por supuesto, no pagaban absolutamente nada según era la norma.
Esta era la situación a comienzos del s. XVI, en el año 1515, hace de ello 500 años.

Los Hinojosos de la Orden, año del Salvador Nuestro Señor Ihesu Xpo de 1515

Bien entrada la primavera, un jueves 10 de mayo de 1515, los visitadores de la Orden de Santiago, Iñigo López de Perea, caballero de la Orden y Gonzalo García de Monresín, cura de Llerena, llegan hasta la villa de Los Hinojosos de la Orden.
Una vez que se apearon de sus monturas fueron andando hasta la iglesia de la villa, que es de la vocación de San Bernabé, allí son recibidos por los alcaldes ordinarios Alonso Patiño y Pero Ramírez, junto con los regidores Sebastián López y Martín Fernández, el cura Antonio López, freyle de la Orden y numerosos vecinos, entre los que se encuentran Francisco Patiño, Juan de Lara y Felipe de Tapia.

Los Hinojosos tenían una población de 59 vecinos (295 habitantes), una población muy pequeña comparada con las villas santiaguistas vecinas, de ellos son hidalgos 35 vecinos, aproximadamente el 60% de la población gozan de hidalguía, no pagan impuestos ni diezmos, por ello se queja continuamente el comendador de esta encomienda que es un lugar pobre, no hay suficientes diezmos para resarcir su puesto.
Siempre había constituido una encomienda, pero por la falta de vecinos que pecharan, el último comendador Ferrando de Lodares, del que tenemos las últimas noticias en 1508, solicitó al rey Fernando el Católico dejar su encomienda y este la anexó a Villaescusa de Haro, a cuya encomienda pertenece en este año de 1515.

El comendador tenía una casa de encomienda que estaba situada al lado de la iglesia. Era una casa no muy grande formada por una sola pieza, que se había reformado recientemente, con un techado hecho de madera tosca de pino, se habían hecho unas buenas puertas con su cerradura. La casa tenía anexo un corral que estaba cercado, donde se cultivaban unas dos fanegas de cebada.

“Otrosí, visitaron la encomienda de la dicha villa, al qual agora está anexada, por provisyón de Vuestra Alteza, a la encomyenda de Villescusa de Haro.”

La iglesia parroquial

Está bajo la advocación de San Bernabé. Los visitadores entraron a la iglesia por una puerta con dos hojas de madera dotadas de cerradura y llave, está protegida con un portal hecho a colgadizo con madera tosca.
La parte central estaba fabricada de una sola nave, de construcción medieval muy antigua.
En el interior vieron una capilla hecha de buena cantería, toda ella enlucida hasta el arco toral, el techado era todo de madera, muy antiguo. A cada uno de los lados, sendas naves, también con su maderamen en el techo. En el suelo se podían ver sepulturas que pagaban las personas adineradas para poderse enterrar en el interior de ella. Al pie de la iglesia hay una tribuna hecha de buena madera y a su lado otra tribuna más pequeña con unos órganos pequeños.

Al lado de la capilla principal, Gonzalo de Tapia vecino que fue de la villa, mandó construir una capilla colateral, hecha toda de cantería con cruceros de piedra.
Tiene un campanario pequeño al que se accede desde la tribuna, con una campana grande y otra mediana.

(null)
El cura de la iglesia era el freyle de la Orden de Santiago Antonio López, que había sido nombrado por Álvar López Becerra, administrador que fue del Convento de Uclés.
Un asunto importante es que ya, en 1515, hace 500 años, había libro de bautizados ya que los visitadores lo solicitaron y el cura lo entregó, quiere decirse que debería estar en el archivo parroquial, si no se ha perdido, por tanto se podrían consultar nacimientos desde hace 500 años.

El cura también entregó el libro de los confesados de cada año, que envía más tarde al Prior de Uclés. Hacer este libro era de obligado cumplimiento para los curas de las villas santiaguistas, las normas del Priorato de Uclés, obligaban confesarse a las personas que vivían en sus territorios, al menos una vez al año, así que el cura debía anotar en un libro los que no lo hacían, para más tarde enviarlo al Prior quien castigaba con una pena, normalmente monetaria, a los que no lo cumplían, pero, a veces, se daban condiciones extremas y eran penados con la excomunión.

El visitador Gonzalo García de Monresín, cura de Llerena, se puso una sobrepelliz y se acercó al Santo Sacramento. El Sagrario hecho de yesería estaba situado en el Altar Mayor, metido en la pared, con sus puertas, cerradura y llave. Dentro había un cofre con llave, en su interior una forma puesta sobre corporales en un relicario de plata.
Preguntó al cura que cada cuánto tiempo renueva el Corpus, le dijo que cada diez días, lo que le pareció bien.

En la capilla principal, en el Altar Mayor, había una imagen de Nuestra Señora, vestida con una camisa bordada de negro y una faldilla de zarzahán morisco con tocados (1).
En el mismo Altar, un retablo pequeño de madera muy antiguo. El Altar se tapaba con un frontal (2), también de zarzahán, que había regalado a la iglesia Fernando el Católico, también se había colocado una buena sábana y una palia.

(1) Zarzahán, tela de seda delgada, como el tafetán con lista de colores, muy usada por los moriscos.
(2) Frontal o antependium, es una cubierta de madera o tela decorada que sirve para cubrir y decorar los altares por el frente y costados, desde la mesa del altar hasta el suelo.

En la capilla de Gonzalo de Tapia se había colocado un retablillo pintado, hecho de madera, había una sábana con una cinta de grana e hilos verdes, un frontal de lino con un rodapié colorado y verde, y, debajo de éste, otro frontal de lienzo morisco, una alfombra a los pies del Altar, delante una imagen encima de la sepultura del fundador de la capilla.
La entrada de la capilla se protege con una reja de madera, en el interior se ha colocado un cuadro representando la Quinta Angustia y otras devociones.

Se acercaron a la pila de bautizar que estaba debajo de la tribuna, estaba cerrada con un cobertor de madera, con una sábana encima. No disponían del óleo y crisma.

La iglesia tenía los siguientes ornamentos de plata, alguno de gran valor sentimental puesto que había sido donado por el rey Fernando el Católico:
Una cruz que se había reparado después de la última visita, tenía un peso de siete marcos, seis onzas y un real (1,786 kg de plata) (3).

(3) Marco, 230 gr de plata. El marco equivale a 8 onzas o 67 reales.

Una Custodia de plata pequeña donde se guardaba el Corpus, que regaló Fernando el Católico a la iglesia, con un peso aproximado de un marco.
Un cáliz de plata con su patena, con el vaso dorado, pesa dos marcos.
Otro cáliz de plata con su patena, que se ha llevado a reparar a Belmonte porque estaba a punto de romperse el pie. Los visitadores mandaron al mayordomo de la iglesia que pague el reparo y lo traiga enseguida. El cáliz pesará un marco y medio y dos reales y medio (353,6 gr de plata), se tiene que pagar la hechura que va a ser seis reales y medio, más la plata que añada el platero en la reparación. Le ordenan que traiga relación firmada, por el platero, de la plata que ha añadido al cáliz.
Una patena de plata que pesa medio marco.
Un incensario de plata que se había gastado por la cruz y se ha tenido que hacer hace poco tiempo.

Las casullas y ornamentos para el culto eran de ricas telas de sedas y zarzahanes, con bordados en oro y cintas de colores, telas de Bretaña, pero entre ellos destaca una casulla de damasco morado, totalmente nueva, que donó la reina doña Isabel, de gloriosa memoria, porque para este año de 1515 ya hacía tiempo que había fallecido.

“Otra casulla de damasco morado, nueva, la qual dio la Reyna doña Ysabel, nuestra señora de gloriosa memoria. ”

La iglesia era poseedora de numerosas tierras de trigo y cebada, con el dinero que se obtenía, después de vendido el producto, se cubrían las necesidades de la iglesia, aceite, cera, etc, más para la fábrica y reparación de la misma. Sería prolijo numerar aquí todas ellas, con sus límites y personas vecinas, si en algún momento me lo solicitan no tengo inconveniente en relacionarlas, pero de momento citaré algunos de los topónimos que se usaban en Los Hinojosos hace 500 años:
Desde Los Hinojosos salían caminos directos a Uclés, Villamayor de Santiago, Villanueva de Alcardete, El Quintanar, La Mota, El Pedernoso y sendas a Villaverde, Gúzquez (4), al Cerro.

(4) Gúzquez y Villaverde, despoblados que estuvieron situados entre Villanueva de Alcardete y Villamayor, en la Edad Media.

El Membrillarejo estaba por encima de la senda de Villaverde, lindaba con el Cerro Luengo y el carril del Gredalejo.
El Castillo Viejo pegado al camino de Villanueva de Alcardete.
El Cerro de la Horca, donde probablemente se ajusticiaba a los malhechores.
La Senda del Aliagosa, probable zona cubierta de aliagas (la genista de Juan Manuel Serrat en la canción Mediterráneo, de color amarillo).
El camino de la Labosa, zona al suroeste del término municipal lindante con el término de La Mota, ya que en los manuscritos de ella también aparece ese topónimo. Es la zona donde tuvo tierras la familia del Juan Haldudo, personaje que aparece el capítulo IV del Quijote.
El Pozo Quadrejón, situado a la mano izquierda del camino de la Labosa.
El Cerrillo de las Eras, situado cerca del camino de La Mota, al lado derecho del camino que va al cerro una vez que se atraviesa la Acequia.
El Alto, situado a la mano derecha del camino de La Mota.
El Donadío situado detrás de una tierra de guindos de Juan Rubio.
El Xamargín (Jamarguín). El Regatero. La Fuente Tarancón.
La Cañada de las Mohedas, situada a mano derecha del camino del Pedernoso.
El Blancar en el mismo camino anterior.
La Rambla situada bajo la sendilla que atraviesa la Acequia y llega hasta el Cerro de San Cristóbal, cerro situado cerca de la ermita de San Cristóbal. Más adelante estaba el Cerro Aliagar (también cubierto de aliagas o genistas).
Las Callejas.
El camino del Cerrubio y el de Cogevente (coje y vente).

La sacristía también era poseedora de algunas tierras que se entregaban al sacristán para contribuir en aumentar su sustento. Aquí encontramos el topónimo de la Gallega, cerca de las tierras del comendador.

El beneficio curado, es decir lo que dejaban al cura para su manutención, también tenía numerosas tierras. Indicamos aquí algunos de los topónimos que aparecen en ellas:
El Camino Real pasaba por el término de Los Hinojosos hace 500 años, estaba hacia el camino de Villamayor.
El Portachuelo, situado cerca del Donadío.
El Rubillo.
Navablanca, situada en el camino de La Mota, que llega hasta el río y sube hasta el Monte.
El Albadí, nombre de procedencia eminentemente árabe, que demuestra que la zona de Los Hinojosos, La Mota y Santa María de los Llanos estuvo poblada por musulmanes antes de la Reconquista y no era una tierra vacía como se especula.
Por el término de Los Hinojosos pasaba el camino que iba desde Belmonte a El Toboso.
También se encontraban cerca las llamadas Eras del Marquesado.
La Senda de las Paredes.

El mayordomo de la iglesia y las cuentas

Terminada la visita de la iglesia, mandaron llamar al mayordomo de la misma que era el vecino de Los Hinojosos Alonso Patiño, ya llevaba con el oficio desde la última visitación que se produjo en el año 1511, es decir 4 años, para pedirle las cuentas de lo que había recibido y gastado en este tiempo.
Estaban presentes, como testigos, el alcalde de Los Hinojosos Pero Ramírez, los regidores Sebastián López y Martín Fernández, y el cura Antonio López, además de ciertos vecinos.

En la última cuenta que habían tomado los visitadores pasados, el año de 1511, tenía líquido la iglesia 6.641 maravedís, más 137 fanegas y 7 celemínes de cebada (4.430,90 kg) (5) que se vendieron, más cierto ganado que entregó el escusado de la iglesia (6) y que también se había vendido, más el bacín y el dinero cobrado de las sepulturas de la iglesia, más algunas cosas menudas, montó una cantidad de 17.714 maravedís.

(5) Fanega de cebada, 32,205 kg. Una fanega equivalen a 12 celemínes.
(6) Dezmero escusado, era la persona de la villa que más tenía en tierras, ganados y productos que contribuía con la mayor cantidad de diezmos a la iglesia.

Después mostró las cuentas de los gastos que había realizado, que fueron: reparar la cruz de plata, reparar las tejas del tejado de la iglesia, reparos generales del mismo y echar caballetes nuevos, reparar la escalera de la torre del campanario más la madera que compró para ello, cera para el Altar, reparar el cáliz que estaba quebrado.
Supuso, todo ello, un gasto de 15.908 maravedís y medio.

Así que la diferencia entre lo recibido y gastado fue de 1.805 maravedís y medio, pero encontraron que el mayordomo había cobrado, a Diego de Perea, 400 maravedís por una sepultura que no era suya, de modo que descontando ésto, quedó líquido 1.405 maravedís y medio.

De trigo, había recibido Alonso Patiño, en el año 1511, 85 fanegas y 10 celemínes (3.712,90 kg) (7), más lo del escusado, los terrazgos (8) y diezmos de las tierras durante los años pasados de 1512, 13 y 14. Sumó todo el trigo 188 fanegas y 6 celemines (8.153,90 kg).

(7) Fanega de trigo 43,257 kg.
(8) Terrazgos, alquileres de las tierras de la iglesia.

De cebada y centeno había recibido Alonso Patiño, por los mismos conceptos anteriores, 168 fanegas y 8 celemínes de cebada, de las que se descontaron 137 fanegas y 7 celemínes que vendió y que están contadas en la cuenta anterior del dinero, así que quedan líquidas 31 fanegas y 1 celemín de cebada (1.001 Kg).
De diezmos de garbanzos se le contaron 23 celemínes y medio, de los cuales había vendido 6 celemínes, así que le quedó líquido 1 fanega y 4 celemínes y medio.

Mandatos que dejan al mayordomo

Ordenan que en un plazo de 9 días entregue a la iglesia el dinero y cereales, una vez vendidos, el dinero que se obtenga lo ha de emplear en:
Comprar dos albas con sus estolas y manípulos.
Hacer una reja de madera para la pila del bautismo, que tenga su cerradura y llave.
Hacer un retablo para el Altar Mayor de la iglesia que cueste unos 40.000 maravedís.
Todo debe de estar hecho en un plazo de un año, sino fuese así se le impondrá una pena de 2.000 maravedís que se usarán en la fábrica de la iglesia.
Los visitadores le dejaron nuevamente en el oficio de mayordomo y este juró su cargo.

La capellanía de Elvira de Perea

Había sido instituida en la iglesia parroquial, con cargo que se dieran tres misas cada semana, serían los patrones de ella los herederos de Elvira de Perea, siempre el hijo mayor.
Estaba a su cargo el clérigo Alonso Rodríguez, perteneciente a la Orden de San Pedro, a quien habían puesto en el oficio los patrones de la capellanía, una vez que solicitaron el permiso correspondiente al Prior de Uclés, puesto que él tenía la potestad de nombrar el clérigo para el servicio de la dicha capellanía.
Tenía algunos ornamentos de plata, vestidos para el culto, libros, etc, entre los que destacaban:
Un cáliz de plata con su patena, que pesa un marco y medio.
Unas vinajeras de plata que se las llevó al platero para arreglarlas, la patronera de la capellanía Teresa de Llerena, nunca más volvieron, pero sus herederos han entregado bienes equivalentes al nuevo patrón, Gonzalo de Tapia, para que haga unas nuevas.
Una palia que se llevó el patrón Gonzalo de Tapia a Alcazar de Consuegra (actual Alcazar de San Juan), donde vive, que es un paño de lienzo con unas ruedas de oro bordadas.

Entre las tierras y posesiones que están donadas para el mantenimiento de la capellanía, todas en Villamayor, hay topónimos verdaderamente curiosos:
Tiene un molino que se llama el Añador, en la ribera del Xihuela (Gigüela), que es de dos ruedas, situado en el término de Villamayor, que renta a la capellanía cada año 45 fanegas de pan (9), descontada la cuarta parte que pertenece al comendador de Villamayor.

(9) Pan, se llamaba así, en la Edad Media y siglo XVI, a los cereales trigo y cebada, que se usaban para fabricar el pan.

Este molino tiene una historia curiosa que merece la pena contarla aquí:
Dicen que un tal Alonso Ramírez y el comendador de Villamayor rompieron su presa, hace como unos siete u ocho años. No contentos con eso, hoy día, los criados de Alonso Ramírez ahondaron los arcos del puente del molino, para que no se retuviese el agua y no pudiera moler, de este modo pensaba, el tal Ramírez, conseguir que se lo dieran a censo más barato del precio que está ahora, pero conociéndose este hecho no se lo han querido conceder. Así que el molino se ha quedado sin reparar por culpa del patrón Gonzalo de Tapia, por estar ausente en Alcázar.
Antes que se rompiese, por estos malhechores, molía 95 fanegas cada año (4.109 kg de trigo).

Tenía numerosas tierras alrededor del molino, linde con la dehesa de Villamayor, linde con el socaz y el caz del dicho molino, con el puente, con la serna del comendador, varias islas, una de ellas que se usa para plantar cáñamos.

Construcciones públicas hace 500 años

Hospital

Uno de los edificios públicos de segundo término que existía en Los Hinojosos hace 500 años era el Hospital de Pobres.
Todo el ajuar, tanto de ropa como su aparejo, había sido donado por Elvira de Perea y su nuera Teresa de Llerena, pero en este año de 1515 se encontraba en unas condiciones pésimas, todos los bienes se habían perdido o destruido y los pobres habían sido echados fuera del Hospital por mandato del concejo.

El ayuntamiento había considerado más prioritario tener una herrería, pareciéndoles bien que fuese en el edificio del Hospital, así que, hace cuatro años en 1511, desmantelaron todo lo que allí había y, como tenía dos estancias o casas, colocaron en una a un herrero con su fragua para que sirviera con su trabajo al dicho concejo y la otra la cedieron al pregonero de la villa. Los pobres que venían de fuera, que llegaban hasta el Hospital para pedir albergue, no encontraban sitio alguno que les acogiese, ni les hiciese caridad alguna.
Uno de los motivos de este atropello era que había sido nombrado patrón del Hospital Gonzalo de Tapia, vecino que fue de la villa pero que se fue a vivir a Alcázar de Consuegra como ya se refirió, por este motivo no hay persona que cuide de que se haga el mantenimiento adecuado y vigile que se procure todo lo necesario para que se cumpla el fin para el que fue hecho, el de dar albergue, comida y atención a los pobres que lleguen hasta él.
Los visitadores, viendo y juzgando todo lo que había sucedido, pusieron por
mayordomo a Felipe de Tapia, el hermano de Gonzalo, al que le encomendaron que cumpliese con dicho oficio, que mandase retirar la fragua del interior del Hospital y que hiciese salir al herrero y pregonero, de manera que quedase completamente libre de todo lo que el concejo había puesto y, una vez despejado, se utilizase nuevamente para acoger a los pobres, además de comprar ropa para atenderlos.

Los visitadores condenaron y pusieron de pena al concejo 1.500 maravedís, por los cuatro años que se habían aprovechado del Hospital, por la desobediencia y poca caridad que habían mostrado, y a los alcaldes y regidores que son y habían sido desde el año 1512 hasta hoy, una pena de 680 maravedís, haciéndose relación de los nombres de todos ellos en una copia que se adjuntó con el informe de la visita.

“En pena de la desobediençia e poca caridad del conçejo e ofiçiales de él, condenaron al dicho conçejo por quatro años que se avían aprovechado del dicho ospital, en mill e quinientos maravedís, e a todos los alcaldes e regidores que avían seydo desde el año de doze fasta oy, en seysçientos e ochenta maravedís, los nonbres de los quales quedaron en copia, que montó, la dicha pena, dos mill e çiento e ochenta maravedís …”

La pena impuesta a los oficiales del concejo ascendió a la cantidad de 2.180 maravedís, que ejecutaron en sus personas y bienes antes de salir los visitadores de la villa. Este dinero se lo dejaron en depósito a Felipe de Tapia y le ordenaron que lo gastase en reparar las dos casas del Hospital, en la forma siguiente:
La casa donde estaba la herrería que se suba el suelo de la misma añadiendo tierra, porque había quedado muy hondo por el trabajo del herrero, que haga una tapia en la parte que da a la calle, que ponga unas puertas nuevas.
Después de hecha la reparación de las casas, con el dinero que sobrase, compre ropa para hacer camas.
Mandaron que elija una persona que haga de hospitalero y que, con caridad, reciba a los pobres que lleguen hasta él, dándoles albergue y ayude en sus necesidades.
Dieron de plazo, a Felipe de Tapia, dos meses para hacer todo lo que le habían mandado, con pena de 2.000 maravedís para la obra del Hospital si no lo cumpliese. Felipe de Tapia aceptó el cargo y prometió cumplir todo lo mandado en el plazo que le dieron.

El horno de poya

Nadie se asuste por la expresión, no se conoce con exactitud el porqué del nombre tan curioso a nuestra utilización hoy día de las palabras, tengo el convencimiento que el nombre deriva del poyo o poyos que se construían dentro del recinto del horno, para colocar el pan después de horneado, a veces para amasar y separar el pan antes de introducirlo al horno, por eso, debido a estos poyos, se llamarían hornos de poya, al pan cocido en él pan de poya y al pago por el uso del horno impuesto de poya.

Desde la Edad Media se instalaron en las villas para que los vecinos llevaran su pan a cocer allí, estaba prohibido hacerlo en las casas particulares o en cualquier otro lugar. La propiedad era de la Orden o del comendador de la villa, a veces se rentaba al concejo o a algún particular, aprovechándose de las rentas que producían y controlando la fabricación de uno de los alimentos básicos de la época, el pan.

En Los Hinojosos, hace 500 años, había un horno de poya que era propiedad de la encomienda para que los vecinos cocieran allí su pan.
Estaba situado muy cerca de la Plaza, no muy bien cuidado, cuando se acercaron los visitadores a verlo encontraron que estaba caída una de las paredes junto al horno, de modo que había afectado a la chimenea, así que se tenía que reparar ésta para que no se quemara la casa entera.
Se llamó al albañil Martín Gallardo para que tasara la reparación de todo ello, que lo hizo en 963 maravedís, se mandó al mayordomo de la encomienda que lo hiciese reparar en un plazo de tres meses, bajo pena de diez ducados para redención de cautivos si no lo hiciera. Este mandamiento se puso, junto con otros de la encomienda, en la visita de la encomienda de Villaescusa de Haro a la que pertenecía el horno de poya.

Tierras y diezmos de la Encomienda de Los Hinojosos, ahora de Villaescusa

Tiene esta encomienda los diezmos de ganados de un dezmero escusado, que suele valer cada año unos 1.000 maravedís.
Tiene el diezmo de pollos, lechones, ansarones, hortalizas, legumbres, cáñamos, las aceitunas de los muros adentro de la villa.
De cada vecino pechero recibe 6 maravedís por el humazgo. Este era un impuesto, básicamente, por la vivienda, cada vecino que tenía una casa, por tanto una chimenea en su interior para cocinar, pagaba este impuesto, por eso se llamaba de humazgo, por el humo que salía de cada chimenea.
El retajo de la carnicería, se paga una blanca (10) por cada cosa que se viene a vender en la dicha villa.

(10) Blanca, moneda equivalente a 1/2 maravedí.

También se había concedido al comendador, el derecho de sacar de la dehesa dos carretadas de leña.
Tenía de posesión cinco tierras: una que es linde con otra de Gonzalo Patiño y con la Abadía, otra en el Tajadar linde con García Ruiz y Diego López, otra en el Pozo las Eras linde con el Ejido, con Mejía y Alonso Patiño, otra camino del Quintanar linde con la Abadía y Gonzalo García de don Juan, y la otra linde con el dicho camino, Rodrigo Llorente y Ortega.

Estaban valoradas las rentas de la encomienda en 5.000 maravedís.

Rentas de la Mesa Maestral

Pertenecen al Maestre de la Orden de Santiago, es decir a Fernando el Católico como Administrador ya que se había eliminado la figura del Maestre, lo siguiente:
Los diezmos de pan y vino.
Los diezmos de ganados mayores y menores, los de menudos, los de borricos, potricos y becerros.
Los diezmos de collazos.
Cada año suelen valer los diezmos 700 fanegas de trigo, cebada, centeno, avena y escaña; 100 arrobas de vino; 70 cabezas de ganado lanar y cabrío, que suelen valer estos menudos unos 1.000 maravedís.

No se ha construido casa de bastimento para guardar el pan y el vino, cuando, por ejemplo, en La Mota y en Villamayor ya se habían hecho.
Los diezmos que se recogen se guardan en cámaras alquiladas a los vecinos, como era costumbre en las villas de la Mancha Santiaguista antes de la construcción de las Tercias Reales, esto producía mucho daño a las rentas del rey, porque los renteros no querían tomar los diezmos, ya que acusaban a los vecinos que alquilaban las cámaras que se quedaban con parte del producto, y los vecinos que eran acusados y puestos en pleito por
los renteros, tenían tendencia a abandonar las villas al perder parte de su hacienda a consecuencia del pleito.

Los visitadores enviaron informe al rey Fernando para que provea lo que sea su voluntad.

“No ay, en la dicha villa, casa de bastimento para poner el dicho pan, antes se alquilan cámaras por la Orden, de lo qual Vuestra Alteza reçibe daño e deserviçio. Pónese por relaçión para que Vuestra Alteza mande proveer lo que fuere su serviçio.”

Las ermitas

Decir que existen blogs de personas que hablan sobre las ermitas de San Antón y San Sebastián, donde se ponen fechas de fabricación y existencia de las mismas que están confundidas, también se hacen reconstrucciones de la ermita de San Sebastián, el antiguo templo dedicado al dios de la fecundidad, que no es correcto, ver descripción de la misma y su techado en este relato, más adelante.

San Andrés

Hay una ermita que llaman de San Andrés, situada a una legua de distancia de Los Hinojosos (5,6 km) en dirección suroeste, en el límite con el término municipal de La Mota, en el lugar que llaman las Labosas.
Está fabricada de buenas tapias de tierra, es de una sola nave, cubierta con buena madera de pino cepillado hasta la mitad de ella, según se mandó en la visita de la Orden pasada, falta por cubrir la otra mitad. En la entrada se han puesto unas puertas nuevas con su cerradura y su llave.
Tiene una campana mediana.
Tiene un altar, con un frontal y unos manteles que donó Alonso de Marcos, donde están puestas unas imágenes de talla medieval muy antiguas.

La ermita era poseedora de numerosas tierras que le proporcionaban buenas rentas. En la visita pasada de 1511 se pudo comprobar que las tierras no estaban apeadas, así que se había mandado a Diego de Perea, el mayordomo de la ermita, que lo hiciese lo antes posible, pero este no lo hizo, por lo que se había mandado de nuevo a Bartolomé López de Asensio y a Bartolomé Fernández que lo hicieran inmediatamente y fue hecho.

En la visita pasada los visitadores habían dejado en el oficio de mayordomo de la ermita a Diego de Perea. Cuando llegaron ahora los visitadores, encontraron que había fallecido, habiéndole sustituido su mujer e hijos, a quienes pidieron las cuentas las de los hijos menores, a su institutriz Mari Cobarde. Se habían recaudado 11.611 maravedís.

Diego de Perea, mientras vivió, y después sus hijos, habían gastado dinero en cubrir la mitad de la ermita, para ello habían comprado:
7 docenas de ripia. (11)
21 tirantes de a trece pies. (12)
4 vigas grandes para madres. (13)
Teja, clavazón y tierra para cubrir el techo. (14)
Entregaron 4.500 maravedís a los maestros que estaban haciendo el techado.
Los gastos de materiales anteriores, los de los maestros, junto con otras cosas que fueron necesarias para cubrir el tejado, sumó un total de 9.098 maravedís, así que se llevó la mitad del gasto en materiales y la otra mitad en mano de obra.

(11) Ripia, tablas toscas rectangulares, que se clavaban en los tirantes y servían para cubrir el techado.
(12) Tirante, viga de madera que se instala entre los muros para contrarrestar el empuje transversal que producen los pares sobre él, evitando que se derrumbe. Pares, vigas de madera que van desde la jácena hasta la viga que se instala encima del muro, formando el techado. Pie, medida de longitud equivalente a 27,8635 cm, así que el tirante del texto tenía una longitud de 3,62 m.
(13) Vigas madres, son las jácenas, las vigas maestras que recorren longitudinalmente el punto más alto de la ermita y donde apoyan los pares, sujetándose a ellas mediante clavos.
(14) Sobre el techado de madera, así construido, se solía extender una capa de tierra, con objeto de cubrir los huecos y grietas que dejaba la ripia, para que no pudiera penetrar el frío y la lluvia. Sobre la capa de tierra se instalaba, finalmente, la teja.

Quedó de alcance, diferencia entre lo recibido y lo gastado, 2.309 maravedís, más 10 fanegas de trigo y 11 fanegas y 4 celemines de cebada que aún no se habían vendido, más el terrazgo que está alquilado este año a Alonso de Marco, vecino de Los Hinojosos, en 20 fanegas de pan por mitad, es decir, 10 fanegas de trigo y otras 10 de cebada.
Mandaron que todo se entregase a Bartolomé Fernández a quien nombraron nuevo mayordomo, quien juró su cargo.

Le entregaron nuevos mandamientos:
Que hiciese enlucir y solar de yeso toda la iglesia.
Que mandase hacer una reja de madera delante del Altar, que tenga cerradura y llave.
Que mande hacer unos poyos en la capilla que llegasen hasta la puerta de la ermita.
Le impusieron un plazo de seis meses para terminar las obras, bajo pena de 500 maravedís, si no lo cumplía, para las obras de la dicha ermita.

San Antón

Fuera de los muros de Los Hinojosos (es posible que aún en 1515 quedaran restos de la antigua cerca medieval, que debió cerrar la villa, como sucedió en tantas otras de la Mancha Santiaguista) se encuentra la ermita bajo la advocación de San Antón, muy vieja y en mal estado de conservación, muy dañada por los elementos.
Estaba situada en el lugar que actualmente ocupa la ermita de las Tres Civilizaciones.
Tiene una capilla de tres naves con un techado de madera muy tosco, el edificio es de fabrica muy pobre. En el Altar están varias imágenes de talla medieval muy antiguas.
La nave es muy angosta y en el hastial han hecho un campanario hace poco tiempo. El tejado está muy mal reparado, las puertas son viejas y están malas. Los cimientos están socavados, el agua los ha ido minando y están a punto de dejar sin apoyo a los muros.
Es una ermita con pocas posesiones de tierra, por eso no hay mucho dinero para mantenerla, recibía 19 fanegas y 4 celemines de trigo y 9 fanegas y 5 celemines de cebada, del terrazgo y diezmos.

El mayordomo que cuida de ella es Gonzalo Chacón, vecino de Los Hinojosos, desde el tiempo de los visitadores que realizaron la visita en 1511, desde esa fecha ha recibido 1.068 maravedís.
Ha gastado en este tiempo 1.126 maravedís, en reparar la ermita, en poner algo de teja, en comprar aceite para la lámpara, y otras cosas que había anotado y mostró a los visitadores en su libro de gasto. Así que le debe la iglesia 58 maravedís.
Por ser hombre honesto los visitadores le renovaron en su oficio de mayordomía.

Le mandaron que venda los cereales que había recibido del terrazgo, a los precios que valen en este año de 1515, que eran:
El trigo a 3 reales y 28 maravedís la fanega. La cebada a 2 reales.
Con el dinero que recibirá por su venta, le mandaron que cobre los 58 maravedís que le debe la ermita, que repare el hastial que está muy estropeado, que compre un frontal de guadamecí (15) y una sábana para cubrir el Altar, que compre una llave para la puerta y repare la teja rota.
Le concedieron un plazo de 9 días para hacer todo lo que le mandron, bajo pena de 2 ducados para la obra de la ermita si no lo cumplía.

(15) Guadamecí, piel de carnero tratada y curtida que se adornaba con relieves, dibujos pintados o dorados.

San Sebastián

Es una ermita situada cerca de la villa, en el Cerro de la Hontanilla, construida sobre las ruinas de un santuario muy antiguo donde se daba culto al dios de la fecundidad, representado por numerosas esculturas fálicas.

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Es una nave larga de tres tapias de alto (unos 2,5 m de altura) construidas sobre su cimiento. La mitad de la ermita está cubierta de buena madera de pino y el resto de ella descubierta.
Tiene un Altar muy pobre y mal adornado, con una imagen de San Sebastián.
No tiene posesiones ni renta alguna, tampoco se pasa el bacín en la iglesia de Los Hinojosos para pedir por ella, así que nombraron a un mayordomo, Bartolomé Ruiz, vecino de la villa, para que lo hiciera de ahora en adelante.

Los visitadores, al repasar las rentas de la ermita, encontraron que Francisco de Molina, vecino de la villa que estaba presente en la visita de la ermita, le debe ocho carretadas de yeso. Tiempo atrás había sido condenado por el alcalde mayor, así que los visitadores le mandaron que se fuera directamente a la cárcel y no saliera de ella hasta que repusiera el dicho yeso. Francisco de Molina entregó a Bartolomé Ruiz, como señal, una buena alfombra hasta que entregara el yeso.

También debía 85 maravedís el escribano García Ruiz, que los entregó en ese momento al mayordomo.
Mandaron al mayordomo que ese dinero y lo que más hubiere lo gaste en cubrir la otra mitad de la ermita que falta por hacer.

Aquí termina el recorrido por esta villa Santiaguista en el año de 1515, un breve instante, una fotografía de un momento de hace, ahora, 500 años.

Datos tomados de [AHN,OM,UCLÉS,L.1076]

Dedicado a Elena y Francisco Javier Lillo Gismero, que siguen mis escritos e
investigaciones con mucha atención y entusiasmo, porque sé que apreciarán este en particular ya que Elena, como el de la película que tenía 8 apellidos vascos, tiene 8 apellidos hinojoseños o pucheriyos.
Me consta que forman un matrimonio donde existe mucho amor y respeto, por eso les aprecio, y les comparo con el mío donde también existe el amor y el cariño.
Con mis mejores deseos para ambos.
Enrique Lillo Alarcón

El escudo de Fernando el Católico en la Tercia Real de Mota del Cuervo

Introducción

Han sido meses de investigación, preguntándonos cómo sería el escudo real que está situado encima del arco de medio punto de la puerta principal de La Tercia Real de Mota del Cuervo. He comprobado documentos, mirado y remirado una y otra vez el escudo, fotografías dando el sol de un lado y del otro, ahora, finalmente, podemos dar solución a lo que escondía su piedra arenisca, tan dañada por el tiempo.

Este estudio se incluirá en uno más amplio sobre este edificio singular de La Mota, donde se dará cumplida respuesta a su nombre Casa de Bastimento o Tercia Real, cuándo se construyó, cómo se edificó, cuánto costaron parte de los elementos que lo constituían, qué alojaba en su interior …
Adelantar que estas Tercias Reales, fueron construidas en las villas de la Mancha Santiaguista (me gusta decirlo así, porque define perfectamente el área y los pueblos contenidos en él), a principios del s. XVI, en el estudio que se hará sobre ellas, daré todos los datos y argumentos pertinentes que lo testifican. Así se edificaron en Villanueva de Alcardete, La Puebla de don Fadrique, Campo de Criptana, La Mota, Villamayor, El Toboso …

Cuando se cumple el 500 aniversario del fallecimiento del rey Católico, Fernando II de Aragón, 23 de enero de 1516 en Madrigalejo, presento este estudio que ya realicé hace algún tiempo, como homenaje a él y al escudo tan singular que tuvo el valor de colocar en un edificio tan representativo, que no volvió a poner en parte alguna.

El escudo real

Las Tercias Reales construidas en la Mancha Santiaguista, dispusieron de un escudo real encima de la puerta principal de la misma.

“E un arco de cantería muy bueno, con las armas reales de Sus Altezas sobre él, con su escarçan, e con sus puertas e çerraduras, conforme a la dicha obra.”
[AHN,OM,UCLÉS, L.1070]

Efectivamente, debía aparecer el escudo real de Sus Altezas, los Reyes Católicos, justo encima de la puerta principal, al menos eso es lo que decían los visitadores de la Orden.
Este escudo de Isabel y Fernando es el que todos conocemos: primer y cuarto cuarteles para Isabel, con las armas de Castilla y León; segundo y tercero cuarteles para Fernando, con Aragón y Sicilia; en el vértice Granada, conquista y posesión de Castilla. Pero el destino cambió el rumbo del escudo a representar, y sucedió que el 26 de noviembre de 1504, murió Isabel en Medina del Campo a consecuencia de una hidropesía provocada por un cáncer de útero.

Hasta la fecha del fallecimiento de Isabel ambos reyes ostentaban el cargo de Administradores de la Orden de Santiago, concesión que habían obtenido del Papa Borgia Alejandro VI.
Como tales Administradores eran propietarios de las rentas y diezmos de la Mesa Maestral, que, hasta la fecha, se venían guardando en las cámaras de casas particulares o en Casas de Bastimento, propiedad de la Orden, en las contadas villas que disponían de ellas, si no estaban destruidas y abandonadas, como también sucedía con frecuencia.

A comienzos del s.XVI se inicia la construcción de edificios en las villas que no disponían de ellas. Al mismo tiempo, también por concesión papal de Alejandro VI, los reyes tenían derecho al impuesto de la tercia real, consistente en las dos novenas partes de los diezmos de la iglesia. Así se sumaron en los Reyes Católicos los dos impuestos, diezmos de la Mesa Maestral y tercia real, por consiguiente parece que podían ejercer el derecho de incluir su escudo real en la puerta principal del edificio.

Desaparecida Isabel, Fernando asumió el cargo de Administrador de la Orden de Santiago, por encima de su hija Juana y su yerno Felipe el Hermoso, no dejando el cargo hasta su fallecimiento el 23 de enero de 1516, sucediéndole más tarde su nieto Carlos, sin mediar ningún otro monarca en este intervalo de tiempo.

El escudo real que aparece en La Tercia de La Mota, afirmamos pues que pertenece al administrador único y perpetuo de la Orden, Fernando el Católico:
Primer y cuarto cuarteles, Aragón y Sicilia.
Segundo y tercer cuarteles, Campo de Francia (flores de lis en oro en azur) correspondiente a la Casa de Anjou y Cruz de Jerusalén en oro.
El escudo presenta una cruz alcolada y florenzada o flordelisada (en la parte posterior y rematada en flores de lis), el símbolo de la cruz de Santiago.
Rematado en su parte superior y costados con un alfiz en relieve, con adorno de bolas medievales, en su interior, bordeando el escudo en todos sus lados excepto en el inferior.

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Escudo de Fernando el Católico
Tercia Real de la Mota del Cuervo

¿Porqué usó Fernando este escudo?

Desde mi punto de vista, Fernando quiso expresar en este escudo lo que no fue en el pasado y lo que quería ser en el futuro, es un escudo muy particular y poco convencional que no he visto en otro sitio, refleja su espíritu audaz, astuto y ambicioso que le acompañó durante su vida, El Príncipe de Maquiavelo.

Desde la concordia de Segovia el 15 de enero de 1475, una vez que Isabel se auto proclama reina de Castilla en ausencia de su marido, relega a Fernando a un segundo plano en el gobierno del Reino, aunque parece que toman decisiones conjuntas, es Isabel la que hace predominar su voluntad en la mayoría de los acontecimientos. Desde esta misma perspectiva, el escudo de ambos tiene en el primer y cuarto cuarteles Castilla y León. Creo que un hombre y rey, de finales de la Edad Media, con el espíritu de Fernando, se quiso quitar esta carga de años de no ser la persona dominante en el gobierno.

Después de muerta Isabel y siendo Administrador único de la Orden, puso en el escudo de La Tercia Real de La Mota sus armas, Aragón y Sicilia, en el primer y cuarto cuarteles, Sicilia por cesión de su padre Juan II, Aragón a la muerte de éste.
Los segundo y tercer cuarteles, flores de lis en azur, correspondientes a la Casa de Anjou y la Cruz de Jerusalén, a mi parecer, tienen un doble significado:

En primer lugar, representan el Reino de Nápoles. Carlos I rey de Sicilia y Nápoles, Conde de Anjou y Rey de Jerusalén fue el propietario de ese escudo que usaron con algunas variantes sus descendientes. En 1282, Pedro III de Aragón entró en guerra con él, conquistando Sicilia y haciendo que solo gobernase en Nápoles. En febrero de 1443, tras numerosos intentos fallidos, Alfonso V de Aragón termina por conquistarla. En 1495, Carlos VIII de Francia lo recupera.
En 1504, el mismo año del fallecimiento de Isabel, Fernando vuelve a hacerse con el trono de Nápoles de sus antepasados, tan querido para él y donde puso grandes medios políticos, económicos, militares, para su conquista sobre el rey francés Luis XII. Estaba orgulloso de su triunfo, especialmente sobre Francia, no en vano, toda la política de matrimonios de sus hijos, tuvo el objetivo de aislar a Francia ante el resto de potencias europeas, por ello quería mostrar al mundo lo antiguo de su linaje en Nápoles y su victoria sobre Francia, así que tomó su escudo.

En segundo lugar, Fernando había conseguido neutralizar el apoyo de los franceses a su yerno Felipe el Hermoso, mediante el Tratado de Blois firmado con el mismo Luis XII de Francia, a consecuencia de este tratado contrajo matrimonio con la sobrina del rey, Germana de Foix, en octubre de 1505, no hacía un año que Isabel había fallecido. El regalo de boda de Luis XII fue la cesión de los derechos dinásticos del trono de Nápoles (aunque Fernando ya lo había conquistado) para Germana de Foix, concediendo a Fernando el título de Rey de Jerusalén, a ellos y a los hijos que resultasen de este matrimonio. Así vemos que se vuelven a reunir en Fernando el escudo de Nápoles y la cruz de Jerusalén.

Es por ello que Fernando tuvo dos grandes motivos para usar esa representación en el escudo real de La Tercia Real de La Mota.
¿Puede ser considerado como una venganza personal de Fernando a su mujer Isabel, por haber tenido que soportar un escudo real donde estaba relegado a un segundo plano?.
¿Fue tan importante para él la unidad nacional cuando casó con Germana de Foix, sin haberse cumplido un año del fallecimiento de Isabel, con el objetivo de dar un heredero a Aragón?, ¿qué hubiese ocurrido si el niño que tuvieron no hubiese muerto a las pocas horas?.

La Cruz flordelisada en la parte posterior del escudo, representa la cruz de la Orden de Santiago como propietaria del edificio de bastimento.
El alfiz en relieve y los adornos de bolas son los típicos usados en la época isabelina.

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Representación del escudo real
Es tan singular que no está puesto en ningún otro lugar

Cervantes o la maldición de los Ovando. Otra vez Mota del Cuervo el lugar de la Mancha.

Era su sobrina preferida, vivió con él y con su esposa Catalina de Salazar y Palacios, junto con sus hermanas Andrea y Magdalena, junto con su otra sobrina o hija Isabel, sobrina por parte de su hermana Magdalena, o hija fruto de sus amoríos con Ana Villafranca, en los distintos traslados que hicieron al ritmo de la Corte, Valladolid, Madrid …

Tantas mujeres en su vida, todas ellas tan independientes para las constantes de la época, influyeron en la condición social y en las novelas de Miguel. La mujer en Cervantes es una mujer integra, actual, independiente, con carácter, es una mujer identificable con cualquier mujer de hoy día, desde mi punto de vista, está representada en Preciosa, la Gitanilla, Constanza de Azevedo y de Meneses, hija del corregidor de Murcia Fernando de Azevedo.
Nuevamente Constanza, hermosa, prototipo de mujer, su sobrina.

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La Gitanilla, F. Coullaut-Valera
Detalle del monumento a Cervantes, Plaza de España, Madrid

Constanza de Ovando y Figueroa. Primer encuentro de Miguel de Cervantes con un Ovando

Fruto de los amoríos de Andrea de Cervantes y de Nicolás de Ovando, en la ciudad de Sevilla, nació una niña, Constanza de Ovando y Figueroa, hacia el año 1565 o 1566.
Andrea de Cervantes hija mayor de Rodrigo de Cervantes y hermana de Miguel, debió ser una mujer hermosa; al igual que sucedió, anteriormente, con su tía María de Cervantes, quien fue amante de Martín Mendoza, el Gitano (otra vez referencias a La Gitanilla), ella tuvo también la misma condición liberal que su tía y mantuvo relaciones con Nicolás de Ovando, aunque parece que en este caso había compromiso de casamiento y la relación era seria, ya que después del nacimiento de la niña, cuando anunció que no cumpliría su promesa de matrimonio, el padre entregó a don Rodrigo una importante cantidad de ducados y consintió en dar su apellido a Constanza, reconociéndola como hija natural.

Está claro que se terminó la relación y se produjo un alejamiento de Nicolás, sobre todo después del fallecimiento de su padre Luis Carrillo, por un naufragio cuando navegaba en la nao capitana de la flota del general don Cristóbal de Erasso, viajando en el Golfo de Nueva España, entre San Juan de Ulúa y San Cristóbal de la Habana, esta desgracia produjo el empobrecimiento de la familia, que tuvo que liquidar su hacienda y bienes, unido a que su madre no podía consentir un matrimonio con una diferencia de clase social grande como era el caso, así que se aceptó el pago y el apellido, básicamente para evitar posibles denuncias de Andrea que le podían acarrear nefastas consecuencias.

Los amoríos de Andrea y Nicolás se sucedieron en la ciudad de Sevilla, donde habría acudido Nicolás para visitar a su pariente, el licenciado Juan de Ovando (provisor de Sevilla, reformador de la Universidad de Alcalá de Henares, visitador del Consejo de Indias desde 1566, presidente del mismo desde el 28 de agosto de 1571 y presidente del Consejo de Hacienda desde 8 de septiembre de 1572), en algún periodo de descanso entre sus estudios en leyes (como su padre y su abuelo), que realizaba en Valladolid.
Se debieron de conocer a través de otra pariente, Melchora de Ovando y Figueroa, que también estaba desplazada en Sevilla con su tío Juan de Ovando, de la misma edad que Andrea de Cervantes y probables amigas.
La relación debió ser intensa porque Nicolás dejó los estudios de derecho, de modo que tras el fallecimiento de su padre, nunca más los
terminó.

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El padre, Rodrigo de Cervantes, y el hijo Miguel, debieron animar y favorecer la relación de Andrea y Nicolás, un matrimonio con un heredero de una familia rica y noble, podría significar salir de la precaria situación que siempre arrastró a la familia Cervantes, así que Andrea y la familia se dedicaron en cuerpo y alma a la consecución de ese fin. Cuando, finalmente, no se produjo, debió suponer una terrible decepción para todos, en especial
para Miguel que se compenetraba muy bien con su hermana.
Andrea, despechada, intentó dar celos a Nicolás con otro amante, pero ya todo fue inútil, Nicolás la abandonó definitivamente y solo le concedió las gracias que se han comentado.

Desde mi punto de vista, el nombre y los apellidos que tomó Constanza tienen relación con sus familiares Ovando, el primer apellido es evidente, el que le dio su padre por ser hija natural, el segundo, el de Figueroa, es el que aparece en la familia Ovando por el matrimonio de Marina Gómez de Monroy y Figueroa con Juan de Vera (hijo de Diego de Cáceres Ovando), y supongo que, al mismo tiempo, por analogía con la probable amiga de
su madre Andrea, Melchora de Ovando y Figueroa, justo los mismos apellidos que ella relaciona. El nombre, muy probablemente, se le impuso por Constanza de Monroy, la madre de Melchora de Ovando, que ratifica la posible amistad con Andrea y su implicación en los amoríos con Nicolás.

El alcaide de La Mota. Segundo encuentro Ovando con Miguel de Cervantes.

Nicolás de Ovando procedía de una familia noble y rica de Cáceres, un linaje ilustre de Extremadura, hijo del doctor en leyes Luis Carrillo y de María de Ovando, quien era, a su vez, hija del doctor en leyes y oidor del Consejo de Ordenes Nicolás de Ovando y de Isabel Téllez; padre e hijo habían tomado el nombre de Nicolás de su tío antecesor fray Nicolás de Ovando que fue Gobernador de La Española, en los primeros compases del descubrimiento
de América, en tiempos de los Reyes Católicos.

El doctor en leyes Nicolás, era hijo de Mencía de Ulloa y de Hernando de Ovando, quien, a su vez, era hijo del militar Diego de Cáceres Ovando, capitán de Enrique IV y de los Reyes Católicos, que fue nombrado alcalde de Benquerencia y Monleón, casó con Isabel Flores de las Varillas, dama de la reina Isabel.
El doctor Nicolás tuvo un hermano, Diego de Ovando Cáceres que casó con Beatriz Coello, de este matrimonio nació Hernando de Ovando y Ulloa, el segundo Ovando que se encontró con Miguel de Cervantes.

Cuando fue necesario testar para continuar con el mayorazgo de la familia Ovando, el doctor Nicolás no tuvo más remedio que hacerlo en su sobrino Hernando de Ovando y Ulloa, puesto que no podía hacerlo en su única hija por ser mujer, de este modo se convirtió en el primer Señor de Zamarrillas, aldea medieval a unos 15 km al sureste de Cáceres, y propietario de la hacienda de los Ovando, por este motivo, su sobrino Nicolás tuvo que
pedir permiso para disponer de su hacienda cuando falleció su padre Luis Carrillo, así que Hernando de Ovando tuvo que intervenir forzosamente en la adjudicación de los apellidos a Constanza y en el permiso para entregar la suma de desagravio a la familia Cervantes.

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Palacio de los Ovando en Zamarrillas

Hernando de Ovando y Ulloa fue un noble distinguido en la Corte de Felipe III, caballero de la Orden de Santiago.
Por una real cédula de Felipe II, en Barcelona a 18 de marzo de 1564, se le da licencia y se le hace merced que pueda llevar ropas preciosas de colores o del modo que quisiera, sin tener en cuenta la pragmática de las cortes de Madrid que lo prohibía tajantemente.
Fue nombrado comendador de Aguilarejo y Dos Barrios, por el rey Felipe II, en Aranjuez, el 9 de abril de 1589.
Se le nombra caballerizo de los Príncipes y de la infanta doña Isabel Clara Eugenia, por fallecimiento de don Lope de Avellaneda.
Por otra real cédula, Felipe II, le nombra alcaide de La Mota, en cuya alcaidía lo encontramos como titular en el año 1603, todas estas villas, Aguilarejo, Dos Barrios y La Mota, pertenecientes a la Orden de Santiago.

“Ay, en la dicha villa, una alcaidía que al presente la tiene Hernando de Ovando, caballerizo de la Reyna nuestra Señora …”
[AHN,OM,UCLÉS,L.1088], Libro de Visitas de la Orden de Santiago, 1603, La Mota.

En el año 1599 es nombrado caballerizo, uno de los cuatro nombrados, de la reina doña Margarita, esposa del rey Felipe III, nombrado por el caballerizo mayor don Juan de Idiáquez, con ello libró de pasar a Flandes.
Un hecho curioso es, que fue nombrado caballerizo al mismo tiempo que Gómez Velázquez, comendador de Villarubia, encargado en el Capítulo General de la Orden de Santiago de visitar las villas de la Mancha en 1603, y entre ellas, la villa de la Mota, de este modo ambos coincidirían en el cargo de caballerizos y en La Mota.
Ejerció también el cargo de Regidor Perpetuo de Cáceres.

Otra singularidad de este personaje Hernando de Ovando Ulloa, a la que di muchísimas vueltas, que me llevó mucho tiempo pensando y buscando razonamientos y soluciones plausibles, fue la de que era comendador de Aguilarejo.
Cuando hice la transcripción y comentarios del Libro de Respuestas del Catastro del Marqués de la Ensenada perteneciente a Mota del Cuervo, encontré lo siguiente:

“Alcaydía y en su nombre la Iglessia de Pobres del Territorio de la Reales Ordenes Militares.
En la misma conformidad perttenece à la Alcaidía que nombran de Aguilarexo, el diezmo de los frutos que se coxen en sus ttierras, el que, guardada la proporción del quinquenio, hacen juicio que, ànualmente, la perttenecen seis fanegas de trigo y ttres de cevada, que à sus precios valen, ciento y quarentta y ocho vellón ….. d148.
Del mismo modo percive, dicha Alcaidía, el diezmo de canttaros y demás piezas de alfarería que se fabrican en esta villa (à excepción de las tenaxas sin asa para agua), que ès, de cada diez piezas una, y àl respecto del quinquenio, redittúa este ramo, en cada un año, dos mil settecientos sesentta y quattro reales de vellón ….. 2d764.
También toca, à la mencionada Alcaidía, el diezmo de los zerdos y pollos, que ànnualmente valdrá doscientos reales de vellón ….. d200.
Igualmentte, percive ottro derecho que llaman, Mencal, que consiste en dos fanegas de trigo, que, por razón del suelo, cobra de un molino de viento, sitto en la rivera de esta villa y paraje, donde, anttiguamente, estaba sittuado el Castillo de dicha Alcaidía; que, al precio declarado, importtan treintta y seis reales de vellón ….. d036 ”

[Libro de Respuestas del Catastro del Marqués de la Ensenada, Visita de La Mota, págs. 568 y 569]

Ahora aparece todo claro:
– La Alcaidía de La Mota, que durante la Edad Media y siglo XVI, estaba unida a las de Villanueva de Alcardete, La Puebla de don Fadrique y El Quintanar, formando una entidad jurídica y económica única, pasó a llamarse Alcaidía de Aguilarejo, porque el alcaide de La Mota, a principios del siglo XVII, Hernando de Ovando Ulloa, era también comendador de Aguilarejo, encomienda situada en Cáceres perteneciente a la Orden de Santiago, como ya se ha referido.
– El barrio de las Cantarerías de La Mota, pagaba el diezmo de los barros, de los cántaros y del resto de piezas de barro, excepto de las tinajas sin asa para agua. Ahora sabemos donde iban a parar los impuestos de los
cantareros, a la villa de La Mota está claro que no, y no era cosa baladí el dinero que entregaban cada año, 2.764 reales.
– A la Alcaidía de Aguilarejo se le hizo testamentaria del Castillo fortaleza de La Mota, que, a finales del s. XV, fue destruido por su alcaide Pedro Martínez de Casabermeja, por orden del marqués de Villena Diego López Pacheco, por este motivo recibe otro derecho que se llama mencal, consistente en dos fanegas de trigo, que paga un molino de viento por estar situado en el terreno que ocupó dicha fortaleza, en la Sierra de La Mota.
Al precio del trigo, en el año 1752, esas dos fanegas se convierten en 36 reales.

Conclusiones

Miguel de Cervantes debió conocer la situación de Hernando de Ovando Ulloa, tío de Nicolás de Ovando, que había dejado embarazada a su hermana Andrea, que no quiso cumplir su palabra de matrimonio, que había dejado abandonada a su querida sobrina Constanza de Ovando y Figueroa, que vivía con él y con el resto de mujeres de su familia.

¿No era suficiente motivo para no desear encontrarse con este alcaide de La Mota?, ¿no era suficiente motivo para desear no acordarse de La Mota? y ¿no será La Mota el lugar de la Mancha del que Miguel de Cervantes no quiso acordarse?.
Cuando Miguel de Cervantes sitúa a don Quijote en la Mancha santiaguista (Don Quijote de la Mancha, no Don Quijote de Montiel), hay un lugar del que no se quiere acordar, patria y lugar de don Quijote, ese lugar pudo ser Mota del Cuervo.

Mi amigo e ilustre moteño, José Manuel González Mujeriego, autor del libro “Lo que Cervantes calló”, da innumerables razones, bien argumentadas, para suponer que el lugar de la Mancha del que Cervantes no se quiso acordar es Mota del Cuervo.
Comparto su opinión, y este artículo es una razón más en la que poderse apoyar para esas afirmaciones. Vaya por delante este regalo para ti, amigo.

El árbol genealógico Ovando

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Escudo Ovando Ulloa
Armas: en plata, una cruz flordelisada de gules, cantonada de cuatro veneras del mismo color.

Un árbol genealógico ilustre y noble.

Hernán Bázquez de Cáceres y Mogollón, casado con Leonor Alfón de Ovando.
Quinto nieto del conquistador de Cáceres, Juan Bázquez. Leonor Alfón dama de la reina Isabel la Católica.

Diego de Cáceres Ovando, casado con Isabel Flores de las Varillas, segundas nupcias Catalina Godoy.
Militar muy distinguido, estuvo en los reinos de Navarra y Aragón, pasó a Castilla al servicio del rey Alfonso que le nombró capitán, luego fue capitán con Enrique IV y los Reyes Católicos en la guerra de Sucesión, donde se distinguió notablemente. Fue alcaide de Benquerencia y Monleón, falleció en 1487. Isabel Flores fue dama de la reina Isabel la Católica.

Fray Nicolás de Ovando
Paje del Príncipe don Juan. Comendador Mayor de la Orden de Alcántara. Gobernador de La Española, en sustitución de Francisco de Bobadilla, fue el primer Gobernador de Indias.

Doctor Nicolás de Ovando, casado con Isabel Cano Téllez en 1521.
Estudió leyes en Salamanca. Alcalde de la Real Chancillería de Valladolid 1547. Oidor del Consejo de Ordenes 1549. Regidor Perpetuo de Cáceres y Caballero de la Orden de Santiago 12-9-1551.

Hernando de Ovando y Ulloa, nació en Cáceres 15-8-1530, casado con Isabel de Torres Paredes y Ovando.
Primer Señor de Zamarrillas. Comendador de Aguilarejo y Dos Barrios. Alcaide de La Mota. Caballerizo del Príncipe Felipe, de la infanta Isabel Clara Eugenia y de la reina Margarita. Regidor Perpetuo de Cáceres.

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El último sacristán de Mota del Cuervo. “La Cirila”, orígenes de las bandas de música de la Asociación Musical Moteña. Historias narradas por el Dr. D. José Zarco Castellano

Existió una raza de hombres dignos, humildes y grandes a la vez, no hace mucho tiempo, en los pueblos de la Mancha Santiaguista, estos hombres que, a su vez, hicieron grande y noble nuestra tierra.

Uno de ellos fue el último sacristán de Mota del Cuervo, mi bisabuelo Lucio García Mena.
En realidad sé que no fue el último, luego le sucedió su hijo Clodulfo, más tarde otros, pero su figura eclipsó la de cualquiera que le pudo suceder.

Era un hombre de una rectitud y seriedad por encima de lo normal, recuerdo oír contar que todo el mundo debía estar sentado a la mesa, para las comidas, a las horas estipuladas y en el momento que él lo hacía, nadie podía hablar una palabra más alta que otra y cuántas menos mejor.

Un gran temperamento. El abuelo del Dr. Zarco, Salomón Zarco, estaba casado con Emilia Contreras Ruiz de Valbuena, y mi bisabuelo con Isabel Contreras Ruiz de Valbuena, así que Emilia e Isabel eran hermanas, y Salomón y Lucio concuñados. A decir de Santiago Martínez, padrino del Dr. Zarco, quien los conoció bien, los dos hombres eran terribles, una gran seriedad y temperamento en sus hechos, por eso se decía popularmente que:“eran dos fieras casados con dos santas”

Su abnegación y cumplimiento en su trabajo eran encomiables, tocaba el órgano mayor de la iglesia espléndidamente, sabía de música como era obligado para un sacristán de la época, pero no solo eso, el coro de la iglesia lo componían sus hijas, Teodora, Sinforosa, Adelaida, Daniela, Lucia y Quinciana, las dos más pequeñas Lucia y Quinciana eran las que mejor lo hacían, eran muy nombradas y apreciadas en la comunidad por sus bonitas voces.
Además tuvo dos hijos: Antonio y Clodulfo.
Una familia numerosa y siempre junta, ocho personas que se apoyaron y se quisieron en épocas buenas y malas, ayudándose entre ellos con la vivienda, con la alimentación, con los hijos, una familia ejemplar. Lucio García se encargó que fuese así, la rectitud que imprimió en ellos trascendió más allá en sus nietos, nunca dejó que los problemas internos de la familia salieran al exterior de su vivienda de la calle de la iglesia, donde yo viví más tarde, cuando mi padre la compró.
Seguro que si sabe que escribo estas líneas, aunque es para bien, no me hubiese dejado hacerlo.

Su conocimiento de música y su cariño por el pueblo, le hizo fundar la primera banda de música de Mota del Cuervo, precursora de tantas otras bandas que vinieron después, y por tanto de las más recientes de la Asociación Musical Moteña, actual representante honorífico de la villa.
En esta banda inicial él fue el director y Clodulfo, su hijo, el subdirector, más tarde el hijo de Clodulfo, Gonzalo, formó parte de varias bandas más.

Esta banda primigenia de música fue conocida con el apodo de “La Cirila”, por el famoso pasodoble de la época que la banda tocaba como pieza importante de su repertorio,

http://www.youtube.com/watch?v=jIYVSti7Uxc
La cirila pasodoble coreado (J.Mª Martín Domingo)disco ODEON

Fue compuesto por el maestro José María Martín Domingo, muy popular durante los años 20 y la guerra civil, después en la División Azul y, más tarde, en las Milicias Universitarias.
Su letra comenzaba así:

“Soy el corneta de la escuadrilla,
el más granuja del batallón,
tengo sitiada a la Cirila
que es una hembra que está cañón …”

Pero al decir del Dr. Zarco, La Mota no usaba la letra anterior, sino que, el poeta popular de la villa, Eugenio Contreras Valbuena “Chinales”, había sustituido por otra que hacía mención a una famosa carrera ciclista que se produjo en los alrededores, y que todo el mundo cantaba al son de la banda de música:

“Hoy es La Mota muy deportista
que hay futbolistas con su balón
y está la Plancha que a carrerista
no hay quien le quite el campeón …”

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Canción de “la Cirila” que se cantaba en La Mota
Letra de Eugenio Contreras Valbuena “Chinales”
Documento cedido por Juan Manuel Ruiz de Valbuena

Nuevos documentos e informaciones aportados por D. Ernesto Riquelme Alcolado amplían nuestro conocimiento sobre esta primera banda de música de Mota del Cuervo.
D. Ernesto me confirma que “La Cirila” fue una banda de música de aire, constituida a la temprana edad de 1892, dirigida por mi bisabuelo Lucio García, acompañado por su hijo Clodulfo que tocaba el bombardino, quien más tarde le sucedería en el puesto de director de la misma.

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Documento aportado por D. Ernesto Riquelme Alcolado.
Abajo a la derecha se puede ver la firma de mi bisabuelo y director de la banda de música, Lucio García.
Carta de requerimiento del Sr. Juez Municipal de Mota del Cuervo, fechada el 26 de febrero de 1984, donde se requiere a varios vecinos la devolución de los instrumentos de aire que obran en su poder, en sus casas, porque no iban sus hijos a los ensayos de la Banda de Música de Aire, como ya referido, la primera banda de música de nuestro pueblo.
Los ensayos se hacían en el local donde está instalado actualmente el Juzgado.
La notable banda se deshizo durante la Guerra Civil, en 1936, así que duró 44 años, tiempo suficiente para deleitar los oídos de los moteños, fiestas y funciones de la Virgen de Manjavacas. Su insigne director Lucio García ya había fallecido para esa fecha, mejor así, ya que, por su carácter, no hubiera podido soportar ver desaparecer esta banda de música a la que tanto quiso, y a la que tanto esfuerzo y tiempo dedicó.

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Banda de música de Aire de Mota del Cuervo, “La Cirila” en el año 1910
Fotografía de D. Ernesto Riquelme Alcolado

Tuvo una sana competencia con otra orquesta que se fundó más tarde, la de Brígido Laguía en el año 1927. El hermano Brígido además de ser el maestro tocaba la bandurría y el violín, y uno de los compositores que contribuyó a la creación del pasodoble “Félix Palacios”.

Este pasodoble era una de las piezas fundamentales que interpretaba, más tarde, hacia los años 50, la banda de música de la Asociación Musical San Isidro, fundada por D. Félix Palacios Fernández en el año 1952, y que actuó por primera vez el día 15 de mayo de 1953, durante la inauguración del Campo de Deportes San Isidro en el Barrio de Santa Rita de Mota del Cuervo.

Por último hacer mención a una anécdota que Santiago Martín contó a su ahijado D. José Zarco, donde uno se da cuenta de la humildad y dignidad de este gran y sencillo hombre a la vez, fue algo así, como lo que sigue:

Corría el año de 1898, en este año, después de varios sirviendo en la iglesia parroquial de San Miguel de Mota del Cuervo, después de ser ordenado, va a dar su primera misa el sacerdote D. Casto Sánchez-Donaires Martínez-Uzado, cura párroco que después fue de La Mota, aunque más joven, amigo de Lucio García por el mucho tiempo que habían convivido en la iglesia, por la mucha ayuda que Lucio García le prestaba cuando comenzaba en su oficio de cura.

Una vez finalizada la que era primera misa, se acostumbraba a realizar un besamano, donde todos los asistentes, en una fila, van pasando hasta el pie de Altar Mayor y besan la mano del nuevo clérigo. Lucio García, a pesar de su amistad con el cura, espera hasta que todos hayan terminado, pasa el último, llega hasta el pie de Altar, se arrodilla delante de él, besa la mano de su amigo y comenta:

– Señor cura, el sacristán a su disposición –
D. Casto, algo abrumado por la circunstancia y su amistad con él, responde:
– ¡Pero Lucio levanta, hombre!, si nos une una gran amistad –
A lo que Lucio García respondió:
– Sí D. Casto, pero usted es el señor cura y yo soy su sacristán –

Con este gesto serio y humilde, Lucio García había antepuesto el deber a la amistad.

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Lucio Antonio García Mena

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Isabel Josefa Contreras Ruiz de Valbuena

Anexo:
Los siguientes fueron los García de Mota del Cuervo, una gran familia en la que muchos nos reconocemos como partícipes de ella y que, esperemos, algún día se vuelva a juntar.
Aquí están los padres de Lucio García e Isabel Contreras, sus hijos y nietos.

Padres de Lucio García: Florentino Antonio García y Antonia Josefa Mena (ella era de Las Mesas)
Padres de Isabel Contreras: Domingo Contreras y Feliciana Ruiz de Valbuena

Matrimonio: Lucio Antonio García Mena (probable fecha de nacimiento 1868, fallecido 16/02/1936) e Isabel Josefa Contreras Ruiz de Valbuena (fallecida 16/02/1928)

Hijos y nietos en orden de edades:

Teodora <> Pío Zarco Cuevas (hermano del beato Julián Zarco Cuevas)
Sin hijos.

Sinforosa <> Magdaleno Lillo
Lucio Lillo García.

Antonio <> Milagros Fernández
Asunción, Luis, Francisco, Esperanza, Álvaro, Isabel, Aureliano, Juan, Antonio García Fernández.

Adelaida <> Alfredo García Pérez
Sin hijos.

Daniela <> Albano Zarco
Isidoro, Juventino, Adelaida, Isabel, Albano, Daniela Zarco García.

Clodulfo <> María Moreno García
Pedro, Gonzalo García Moreno.

Lucia <> Vicente Ferrero
Paula, Alfredo Ferrero García.

Quinciana <> Ángel Carrasco
Angelines, África Carrasco García.

El último lance de la corrida de toros. Una historia del Dr. D. José Zarco Castellano

Cuatro de la tarde y ya subía una multitud de personas calle Mayor arriba, en dirección al Verdinal, donde se encontraba, en una amplia finca, la plaza de toros de Mota del Cuervo, propiedad de D. Federico Cosías.

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Plaza de toros de D. Federico Cosías en el Verdinal, año 1930
Fotografía propiedad de D. Ernesto Riquelme Alcolado

Grupos de mozas vestidas de domingo, con las pañoletas de seda sobre los hombros, matrimonios con alguno de sus hijos, mozos con su traje y corbata, un puro mordisqueado entre los labios, se arremolinaban a la entrada de la plaza, mostrando felices sus billetes de entrada o esperando su turno para adquirirlo.

No cabía un alfiler en la plaza, el público lo pasaba bien, se divertía con los lances y amagos falsos de toreros y banderilleros. Todo transcurría como cabía esperar, risas, botas de vino, bocadillos de longaniza, griterío con alguna oreja cortada por un novillero de segunda.

Al fin de la corrida, cuando se apuntilló el último toro, y aún sin entrar las mulillas que lo arrastrarían hasta el lugar en que el carnicero lo iba a descuartizar, muchos mozos y niños saltaron al ruedo, ¿cuál era su fin? arrancar de lo alto del morrillo del toro los garrapullos que aún habían quedado clavados y no habían caído a la arena por la acción de los lances. No se sabe porqué extraña razón los mozos y niños tenían predilección por las banderillas, quizás como recuerdo de tan divertido día, para luego decir a sus amigos que ellos estuvieron allí, que vieron a tal o cual novillero o banderillero famoso, aunque las cuadrillas que llegaban hasta La Mota no fueran de primera fila.

Algo parecido recuerdo de mi niñez, cuando corríamos detrás de los palitroques que caían desde el cielo, una vez que explotaba el cohete, los días de función o de traída de Nra. Sra. de Manjavacas, como recuerdo o para presumir ante los amigos que habíamos cogido más que ninguno.

La plaza se llenó de mozos y niños empeñados en un sprint por ver quien llegaba primero al toro, pero no eran los únicos, un banderillero de la última cuadrilla también corría con el mismo afán por llegar antes que ninguno, esto era así porque el dinero era escaso, una banderilla con su arpón intacto era dinero, se podían sustituir algunos de los papelillos manchados de sangre que adornaban el palo y parecería como nueva en la siguiente corrida.
Llegaron al tiempo banderillero, algún mozo y un niño que quedó bacineando al lado de ambos, una de las banderillas la agarró el banderillero, pero también un mozo, forcejearon, ninguno quería soltar la presa, en un esfuerzo final el banderillero tiró hacia atrás, haciendo soltar las manos del mozo de la banderilla, pero con tan mala suerte que en el balanceo clavó la banderilla en la frente del chicote, aunque de esto último no hay total seguridad, pudiendo haber sido un simple rasguño, pero si es cierto que de la herida comenzó a brotar sangre que se deslizó por todo su rostro.

El público general que aún no había abandonado la plaza se percató de todo el suceso. Como si fuera un solo cuerpo, todos a una, se abalanzaron sobre el banderillero, querían matarlo no podía irse del pueblo sin recibir su escarmiento. El alcalde, auxiliado por alguna otra persona, dándose cuenta de lo que podía acaecer y el trágico final que se podía producir, acudió en auxilio del pobre hombre que sudaba y suplicaba.
Como pudieron lo acercaron hasta el coche negro y amplio de torero que ya estaba cargado con los bártulos de toreo en la baca, donde comenzaban a subir sus compañeros de corrida. Casi a empujones lo introdujeron en su interior. De inmediato numeroso público rodeó el vehículo, la situación empeoraba por momentos, alguien que estuviera separado del grupo sería incapaz de ver el coche, tal era la cantidad de gente que estaba increpando al pobre banderillero, al que querían sacar de su interior.

Cuando nadie daba un duro por la persona del subalterno, el público comenzó a separarse como impulsado por la vara de Moisés cuando abrió las aguas del mar Rojo, Gregorio “Pólvora” se estaba abriendo camino entre ellos con rapidez y energía gritando – ¡¿Qué ocurre aquí?! –, nadie se atrevió a hacerle cara, hacía honor a su apodo y era como la misma pólvora. Este apodo lo había heredado de su padre, que además de pólvora tenía un carácter fuerte e inmovilista, su casa fue la última de La Mota que recibió la electricidad porque decía que esos avances nunca eran buenos.

En un breve instante, se colocó en la parte delantera del vehículo, el público le miraba pero aún persistía el deseo de venganza, sin mediar palabra alguna, con la seriedad del pistolero del oeste americano que está preparado para el duelo en la calle principal del pueblo, deslizó lentamente su mano al interior de la chaqueta de su traje de domingo, y como si fuera chistera de mago, sacó un pistolón con el cañón más largo que ningún paisano había visto nunca en La Mota, apuntó al público gritando – ¡ lao ! ¡ lao ! – y al conductor del automóvil de torero, – ¡adelante!.
Los ánimos se calmaron, el público dejó de vociferar, apareció la palidez en algún rostro, otros muchos tuvieron que cambiar la muda al llegar a casa, el coche de torero quedó libre, arrancó motor y salió del pueblo escopetado, nunca mejor dicha esta expresión.

Este hecho indica que Gregorio “Pólvora” era un hombre cabal, de “pelo en pecho”, pero también con un gran corazón.

El Dr. Zarco nos contó esta historia con tal ánimo y entusiasmo, que mi amigo José Manuel y yo llegamos a vivir el acto como si estuviéramos a la entrada de la plaza de D. Federico Cosías en el Verdinal. Cuando llegó a la escena en que el Pólvora sacó el pistolón, se puso en pie, dejando el sillón donde se sentaba, y nos representó la secuencia del magnífico momento.
También nos contó que hizo el servicio militar con su padre, y, a decir de todos sus compañeros y mandos, fue un soldado ejemplar. Viva por eso siempre Gregorio el “Pólvora” en nuestra memoria, para que nunca lo olvidemos.

D. José nos confesó que, en realidad, él no vivió esta historia, era muy niño entonces y no le permitieron ir a los toros, se la contó su padrino Santiago Martínez, y digo bien padrino porque también nos contó que, cuando nació, solo había padrino para los chicotes y madrina para las chicotas, pero no ambos a la vez. Y nos dijo que su padre, Salomón Zarco, se había juramentado con Santiago para que ambos fueran padrinos de algún futuro hijo que tuviera cada uno.

Dedicado a mi pariente D. José Zarco Castellano, y desde ayer y para siempre mi entrañable amigo.

Ermita de San Andrés de Los Hinojosos. Renovación de la ermita. Capítulo II

Visitan Los Hinojosos de la Orden los visitadores y reformadores de la Orden de Santiago, don Diego Hernández de Córdoba, Comendador de Alcuesca, don Alonso Martínez Salido, cura de Almedina y Juan Ruiz, cura de Villafranca, llegan a la villa el 16 de marzo de 1508. Encuentran que la ermita de San Andrés está descubierta, sin techado, por renovación del mismo que están haciendo en ese momento, sin embargo las paredes estaban bien.

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Imagen tomada de SigPac
Las ruinas de la ermita corresponden a un rectángulo situado en la zona no cultivada
Se observa también en esa zona un enorme círculo, quizás procedente de un chozo de pastores
La Vereda de los Serranos transcurría por la línea verdosa a la derecha

Recibe unas rentas anuales de 8 fanegas de pan por mitad, es decir 4 fanegas de trigo y otras tantas de cebada, por unas tierras que tiene en propiedad.
Encuentran por mayordomo a Rodrigo de Armijo, vecino de Los Hinojosos a quien le tomaron las cuentas el cura y concejo, hace cuatro meses:
Tiene en su libro de recibo y gasto que ha ingresado la ermita 16 fanegas de trigo, 30 fanegas de cebada y 40 maravedís.

La iglesia de San Bernabé también está haciendo reformas en esa época, como está falto de dinero toma prestado de las rentas de la ermita:
Debe la iglesia 10 fanegas de trigo que mandó el Prior de Uclés que las entregara el rentero de la ermita. Los visitadores mandan al mayordomo que las cobre de inmediato a la iglesia.
Debe también la iglesia a la ermita 600 maravedís, nuevamente por solicitud del Prior al mayordomo Rodrigo de Armijo.
Así mismo tiene que cobrar el mayordomo, 57 tirantes, 109 ripias y 3 muelles, que mandó el Prior entregar a la iglesia. Los tirantes son vigas de madera que se usaban en la construcción de los techados para enlazar los pares, las vigas que desde la jácena llegaban hasta el muro y soportaban el techado. Las ripias son tablas de madera tosca, rectangular que se usa en construcción de techados para cerrar el mismo.

Además de lo anterior, el mayordomo había comprado 1.000 tejas para el techado de la ermita y que aún no estaban puestas por no estar terminado el mismo.

Los visitadores destituyen del cargo a Rodrigo de Armijo, y nombran un nuevo mayordomo en la persona de Diego de Perea, vecino de Los Hinojosos, a quien hacen entrega de los propios de la ermita y le mandan cobrar lo pendiente que debe la iglesia, toma la mayordomía bajo juramento en forma de derecho. Mandan que cubra la ermita en un plazo de 3 meses bajo pena de 2.000 maravedís que se aplicarán a la obra de dicha ermita.

“Tyene más, la dicha hermita, diez hanegas de trigo que le deve la yglesia de la dicha villa, que se las tomaron al rentero por mandado del Prior de Uclés. Mandáronle, al dicho mayordomo, que las cobre.
Ha de cobrar más, el dicho mayordomo, de la dicha yglesia, seys çientos maravedís que le deve a la dicha hermita, que fueron tomados al mayordomo de ella por mandado del dicho Prior.
Ha de cobrar más, el dicho mayordomo, de la dicha yglesia, çinquenta e syete tirantes e çiento e nueve ripias, e tres muelles que le tomó a la dicha hermita por mandado del dicho Prior.”

[AHN,OM,UCLÉS,L.1071]

Ermita de San Andrés de Los Hinojosos. Primeras noticias. Capítulo I

En época de repoblación de la Mancha Santiaguista, existió un lugar formado por unas pocas quinterías de vecinos del Hinojoso que labraban la tierra alrededor de una pequeña ermita bajo la advocación de San Andrés, este lugar que pudo haber llegado a ser villa se despobló, aunque la ermita perduró hasta bien entrado el siglo XIX.

En el blog loshinojosos.wordpress.com, en un buen artículo sobre las ermitas de la villa, se comenta que la iglesia parroquial de Los Hinojosos bajo la advocación de San Bernabé, debido al coste que le suponía mantener la ermita de San Andrés por estar alejada de ella, decidió en el año 1668 clausurarla y trasladar sus imágenes a la ermita de San Antón más cercana a la población.

Sigue diciendo que en 1864 el Obispo de Cuenca autorizó su venta en pública almoneda (Libro Becerro de la Orden, año 1532):

“…Su producto se invirtió en dar sopa económica a los pobres con acuerdo y licencia del Sr. Obispo, Prior de Uclés, sometida a la Junta de Caridad establecida en esta villa de orden del Concejo, la que invirtió más de trece mil reales que se juntaron de varias limosnas y rentas, en la manutención de 300 pobres, con la sopa económica…”

En la actualidad solo quedan algunos restos de piedras de sus cimientos y muros.

Desde estas líneas quiero contar la historia de esta ermita que mantuvo el fervor religioso por San Andrés de los feligreses de Los Hinojosos, y solicito al actual Sr. alcalde D. Guillermo Sacristán, al ayuntamiento que el preside y en nombre de todo el pueblo, que conserve, apee y señale lo que queda de tan notable ermita, para que siempre viva en el recuerdo y la historia de todos los que amamos la Mancha Santiaguista, porque ya lo vaticinó Marco Tulio Cicerón:
“Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”.

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Fotografía obtenida del SigPac
A puntos La Vereda de los Serranos. Con un punto rojo, situación de las ruinas de la ermita de San Andrés. A un lado de la Vereda, Pozo de San Andrés y Pozo de la Vereda

San Andrés es un lugar situado al suroeste de la villa de Los Hinojosos, muy cerca del límite norte del término municipal de Mota del Cuervo, al lado de la antigua vereda de Los Serranos, según Corchado el antiguo “Tránsitus ex Beronibus” de Tito Livio, el camino de los Berones, que desde Alhambra pasando por Ruidera llega hasta la zona del Molino de la Torre, en el término de Socuéllamos, cruza el puente romano sobre el río Záncara, recorre todo el término municipal de Mota del Cuervo de sur a norte, pasa junto a la ermita de San Andrés y el Pozo de la Vereda en el término de los Hinojosos, y llega hasta Segóbriga, que posiblemente usó Tiberio Sempronio Graco en su conquista de Cértima y Alces a los carpetanos en las guerras celtíberas del 179 aC [Tito Livio, Ab urbe condita], ese tribuno que pacificó Hispania en tiempos de la República y padre de los hermanos Graco, tribunos de la plebe, asesinados por los optimates romanos.

Esta ermita se menciona por primera vez en los Libros de Visitas de la Orden de Santiago del 9 de febrero del año 1495.
Tenía tierras en propiedad que habían cedido los labradores del lugar, le proporcionaban una renta de ocho fanegas de trigo y cebada al año.

“Yten, ay otra hermyta de Sant Andrés, la qual tyene de renta, cada un año, ocho fanegas de pan trigo y çevada de çiertas tierras que tiene.” [AHN,OM,UCLÉS,L.1067]

En la siguiente visita que se produjo el 20 de agosto de 1498 conocemos algo más de la ermita, sabemos que era mayordomo de ella Francisco de Ortega, a quien mandan los visitadores que la cuide y la tenga reparada.

“Ay otra hermyta que se dize de Santo Andrés. La qual tiene unas tierras que rentan, cada año, ocho fanegas de pan por mytad. De la qual es mayordomo Françisco de Ortega. Encargáronle que, de las rentas de la dicha hermyta, la procure e labre.”
[AHN,OM,UCLÉS,L.1068]

Dos años más tarde el 1 de abril del año 1500 la vuelven a visitar el comendador de Calzadilla don Diego de Vera y el vicario de Yeste don Francisco Martínez de Almaguer.

Seguía teniendo de rentas las ocho fanegas de pan por mitad, es decir cuatro fanegas de trigo y otras cuatro de cebada. Cuando preguntan por el mayordomo Francisco Ortega, que llevaba ya cinco años en el cargo, para tomarle las cuentas de la ermita, dijeron que no se encontraba en Los Hinojosos, así que los visitadores acudieron a su casa y mandaron a su mujer que en un plazo de cinco días, donde quiera que estuviese, se presentase ante ellos, los dichos visitadores, si no lo hiciere se le impondrá una pena de 5.000 maravedís que se usarán en el reparo de la ermita.

Los visitadores fueron hasta la ermita que está a una legua de distancia (5.572 m), la encontraron en esta situación: estaba construida con tapias muy viejas de tierra, las esquinas de ellas presentaban aberturas, con una capilla en malas condiciones, con el techado del cuerpo de la ermita y capilla a falta de madera y teja.

“E luego, los dichos vesitadores, fueron a ver e vesitar la dicha hermita de Santo Andrés, que es una legua de la dicha villa. La qual es de tapiería de tierra, de tapias viejas. E una capilla en ella mal reparada e hendidas las tapias por las esquinas, e mal cobijada de madera e teja, la capilla e el cuerpo de la hermita.” [AHN,OM,UCLÉS,L.1070]

La tapia es una medida de construcción medieval de valor 1 vara de alta por 2 larga (0,84 m x 1,68 m), teniendo un espesor desde 0,5 a 1 m. Se realizaba apisonando tierra humedecida entre dos tablas, se quitaban éstas y se dejaba secar.

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Ruinas de la ermita de San Andrés
Fotografía de D. Ernesto Riquelme Alcolado

El día 16 del mismo mes de abril, estando los visitadores visitando El Toboso, se presentó Francisco Ortega ante ellos y les presentó las cuentas de la ermita.
La cuenta que presentó ya había sido revisada con anterioridad, puesto que llevaba las firmas del alcalde de Los Hinojosos García Ruiz y del escribano Rodrigo de Armijo, en ella se le hacía cargo a Francisco Ortega de 2.690 maravedís del pan que había vendido procedente de las rentas de las tierras de la ermita, además de 42 fanegas y 9 celemines y medio de trigo, más 33 fanegas y 7 celemines de cebada.
De estos ingresos declarados había gastado 1.693 maravedís para reparar la ermita, más 10 fanegas de trigo y 1 de cebada del pan que tenía la ermita, que había dado al mayordomo de la iglesia de San Bernabé, por mandato del Prior, para que comprase una capa para la liturgia de dicha iglesia parroquial.
Así que el mayordomo todavía debe a la ermita 1.002 maravedís, más 32 fanegas y 9 celemines y medio de trigo, y 32 fanegas y 9 celemines de cebada y centeno.

Todo este dinero y pan que pertenecía a la ermita, mandaron los visitadores que lo gaste en mejorarla del siguiente modo:
Primero que haga las esquinas de yeso y piedra ya que las que hay ahora están abiertas. Repare los cimientos con yeso y piedra, los que hay ahora están muy mal hechos. Quite la teja que hay y haga un techo nuevo, sobre éste ponga teja nueva, construyendo caballetes de cal y arena. En la capilla haga poner cabríos y tirantes buenos, es decir renueve las maderas que soportan el tejado, esta madera que se retira no se tire y se use para ponerla en la nave de la ermita, instalando entre cada dos cabríos uno de los que se retiren ya que este techado está muy escaso de madera y soporta mal el tejado, después que pongan la teja y caballetes de cal y arena.

La campana para llamar a oración estaba situada encima del tejado de la nave, para tañerla tenía que subir una persona y pisar parte de la tejas, así que se iban rompiendo poco a poco. Mandaron a Francisco Ortega que la haga quitar de donde está y la instale en un campanario que se haga nuevo en la fachada de la ermita, de modo que con una soga se pueda tocar desde el suelo:

“Yten, que la canpana que está puesta a donde para subir a ella a la tañer, hazen mal en los tejados. Mandaron que la quiten donde está e la pongan en el hastial de la yglesia, haziéndole su canpanario, como para una canpana, e con una soga, la puedan tañer syn subir a los tejados.”

En la visita a la ermita, los visitadores habían encontrado dentro de ella a tres personas, que con muy poco respeto estaban haciendo lumbre y guisando para hacerse su comida, Bartolomé Hernández y sus dos hermanos Martín y Pedro. Mandaron al mayordomo que, en penitencia, les cobre 6 cahíces de yeso (4.140 kg), incluido el transporte a su costa, para que con él se pueda blanquear todo lo que han ahumado, haciéndose el blanqueo a costa de la ermita. Los tres hermanos Bartolomé, Martín y Pedro Hernández, dijeron que aceptaban la pena y les placía traer el yeso que se le había mandado, quedando obligados en sus personas a traerlo hasta la ermita:

“Yten, que por los dichos vesitadores hallaron a Bertolomé Hernándes haziendo lunbre en la dicha hermita e guisando de comer. En penintençia de aquello, mandaron que el dicho Bartolomé Hernándes e Martín Hernándes (falta Pero) sus hermanos, que dixo que se acogían con él en la dicha hermita, que por la poca reverençia que tovyeron a la yglesia, que den seys cayzes de yeso para el reparo de la dicha hermita, puestos en la dicha hermita a costa de ellos, para que se blanquee lo que en ella an ahumado. E el blanquear sea a costa de la dicha hermyta.”

También mandaron que se pague a un capellán dos fanegas de trigo de las rentas de la ermita, para que dé misa en ella las tres Pascuas del año, el día de Santiago, de Santa María de agosto y de Todos los Santos, para que toda la gente que vive alrededor pueda oír misa esos días.
Esta información que nos proporciona el manuscrito, viene a corroborar que existían quinterías de labradores que vivían permanente alrededor de la ermita de San Andrés y no acudían a Los Hinojosos, formando un pequeño poblado.

De todos estos mandatos obligaron al mayordomo Francisco Ortega, en su persona, y a Miguel Sánchez de la Viuda su veedor, que los cumplan antes del próximo día de Santa María de septiembre de este año, bajo pena de 2.000 maravedís para la Cámara e Fisco de Sus Altezas, los Reyes Católicos.
Por su parte Francisco Ortega entregó carta de cumplimiento, con poder a las justicias y renuncia de leyes. Actuaron como testigos las siguientes personas de El Toboso, el alcalde Antón López, el caballero de cuantía Pedro Martínez Zarco y Gabriel de Villanueva

Este primer artículo dedicado a Los Hinojosos, pueblo de la Mancha Santiaguista, va dedicado a mis amigos Elena y Francisco Javier, porque sé que Elena adora a este bonito lugar cargado de historia.

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