La llave de Sefarad

Había llegado la hora de partir.
Abraham de Villanueva daba dos vueltas a la cerradura de la puerta de su casa, con la llave gruesa de hierro, como presagio de una etapa que se acaba y no regresará jamás, guardándola, más tarde, en una bolsa encarnada que puso en el cinturón de cuero que ajustaba su jubón, esa bolsa antaño llena de maravedís de plata, hoy casi vacía por la mala venta de sus bienes. Detrás suyo, su mujer y los niños lloraban.

Comenzaron a recorrer la encrucijada de calles que formaban la aljama del Corral de Almaguer, esta mañana de julio que aún traía cierto frescor desde el Riánsares, salieron a la calle Mudarra, la recorrieron en dirección contraria a la muralla, hasta llegar al cruce con Santa Ana, delante de la puerta de la sinagoga encontraron a su amigo Yucé, con su familia, esperándoles; fue entonces cuando se fijó en las vestimentas de su amigo, llevaba una rodela bermeja sobre la camisa, instintivamente bajó la vista y miró la suya, todos estaban marcados, todos debían abandonar Sefarad. A un lado de la puerta de la sinagoga, con su arco de medio punto de sillería, que permanecía cerrada hacía más de tres meses, habían marcado una cruz con sangre de cordero, al pie de la misma, “exsurge domine iudica causam tuam”; todas las casas a su alrededor ya habían sido vendidas.

“Unas medias casas que fueron de Pero Sánchez Loçano, linde Estevanía e la casa que fue synoga”

Tan lúgubre comitiva tomó la calle abajo hasta llegar al cruce de la calle Mayor con Tiendas, donde Abraham tuvo su comercio de venta de cueros, un grupo de vecinos les observaban, uno de ellos gritó – marranos, ydos del Corral – , no quisieron mirar por miedo a las represalias y continuaron su camino. Entre tanto, los recuerdos se agolpaban en su mente, el miedo que le transmitió su abuelo cuando le contaba que un Viernes Santo habían crucificado en Toledo a uno de ellos, las muertes y persecuciones que se produjeron hace 30 años y que le refirió su padre …
Había ido a despedirse de ellos la tarde anterior, salió por la puerta de la muralla en la calle Mudarra, tomó senda arriba, cruzó el río y llegó hasta el cementerio. Allí conversó con sus antepasados y lloró amargamente.

“Otra terra en la Vega Arriba, junto a la Laguna, llega al carril que se ovo a troque de la synoga … “

Finalmente atravesaron la puerta del carril del Quintanar, con sus ejes apoyados en los goznes de piedra. Cuando hubieron recorrido un trecho, todos volvieron la vista atrás, intentando perpetuar la imagen de su pueblo en sus retinas, esperando convertirse en estatuas de sal por mirar lo que les estaba prohibido.

Llegaron al Quintanar, allí, también en la sinagoga (actual iglesia de la Piedad), les esperaba su pariente Diego de Villanueva, judío converso, que les ayudó a ellos y a otros proscritos como ellos, con dinero y comida para iniciar su largo viaje a ningún lugar.

El grupo continuó hasta La Mota, recorrieron algo más de una legua para llegar hasta Manjavacas y, allí, tomaron el Carril de la Seda, ese camino medieval tan transitado que unía Toledo con Murcia, hasta llegar a Cartagena para embarcar hacia algún puerto del Mediterráneo Oriental.

Se cuenta, que alguna familia regresó a Sefarad después de la expulsión, diciendo haber sido bautizada en otro lugar, pero la mayoría no lo pudo hacer más.

Se han cumplido más de 500 años, un padre de familia, en Izmir, antes que su enfermedad lo lleve de este mundo, dice unas palabras a su hijo en el idioma meloso sefardí, le entrega una bolsa encarnada con una llave, abre una puerta a la esperanza de un mundo mejor.

La aljama de Corral de Almaguer

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Plano antiguo de Corral de Almaguer
Tomado del blog Tres Culturas. Lo añadido en rojo está supuesto por mí
Artículo de Rufino Rojo García-Lajara, “Fundación e Historia de Corral de Almaguer”

Corral de Almaguer, una de las más importantes villas de la Mancha Santiaguista, albergó una comunidad sefardí que debió tener un aceptable tamaño poblacional, calculo que un 20%, comparado con el total de vecinos del pueblo que, a finales del s. XV, eran alrededor de 400, unos 2.000 habitantes.

Esta comunidad hebrea, se vio afectada por el acuerdo tomado en las cortes de Toledo de 1480, por el que eran obligados a vivir aislados del resto de la población. Promulgado por los Reyes Católicos, ya que tanto judíos como moriscos eran propiedad de la corona, fueron confinados en barrios cerrados durante la noche, las llamadas aljamas, permitiéndose la salida durante el día para realizar funciones comerciales o de abastecimiento. De este modo, en la zona vieja medieval de Corral de Almaguer, se formó una aljama concentrada en un núcleo cerrado de población, alrededor de su sinagoga.

Ocupaba la zona norte de la villa, con una forma almendrada, atravesada en dirección noreste suroeste por una vía principal, la calle de Santa Ana, delimitada en la zona norte y este por la muralla, en la zona oeste por la cuesta de Guardamino, y en la zona sur por la calle Chacón. Calles principales de la aljama fueron, la calle Mudarra y la calle de los Gascos.
La calle Tenerías ocupa el lugar donde se situó parte de la muralla norte. Esta calle conserva el topónimo que hace mención a una actividad propia de los judíos medievales, la del curtido de pieles, que mantuvieron como profesión casi exclusiva, prueba que reafirma la situación del barrio judío y una de sus mas frecuentes actividades. Cerca del río Riánsares, por la necesidad de agua que requería dicha actividad, disponían de una puerta en un torreón de la muralla donde llegaba la cuesta de Guardamino. Quizás, algún día que se realicen obras en esta calle, aparezcan tinajas enterradas, o pruebas del curtido de pieles que realizaban los sefarditas.

Al ser obligados a vivir en una zona cerrada y aislada de la población cristiana, éstos últimos tuvieron que vender sus casas y salir del barrio judío, la hacienda real permitió que vendieran sus viviendas sin pago de alcabalas. En el verano del año de la expulsión, 1492, la población hebrea se había reducido bastante, por la conversión de un importante número de ellos, los cristianos nuevos, que tanto sufrieron años más tarde, por la persecución e instigación a la conversión que realizó el Santo Oficio.

El barrio se abastecía y cubría sus necesidades por sí mismo, tenían escuelas propias para enseñanza a los jóvenes, de la ley judía, escritura y lectura, siendo más avanzados, en este aspecto que la población cristiana, tenían sus propias tiendas, su propia policía y justicia, su propio culto en su sinagoga. Todos estos aspectos y ventajas de su vida cotidiana que, además protegía la corona por ser de su propiedad, acarrearon envidias entre la población cristiana, siendo uno de los motivos que provocaron su posterior expulsión y diáspora.

Cuando la expulsión llegó, tuvieron que mal vender casas y haciendas, sin posibilidad de sacar del país el dinero que poseían, por ello, muchos llevaron consigo las llaves de sus viviendas, con la esperanza de regresar algún día y recuperarlas, de recuperar su parcela de tierra que amaban y que les vio nacer, Sefarad, los reinos de Hispania.

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Casa Encomienda. La Sinagoga de la aljama de Corral de Almaguer

La Sinagoga

Centro religioso y de reunión de la comunidad sefardí, es el edificio situado en la confluencia de las calles Santa Ana y Mudarra, con orientación este, hacia Jerusalén. Restos de ella, de sus espléndidos almizates enlazados, el entramado de madera de estilo mudéjar que se había hecho bajo los nudillos, le debió de dar un aspecto majestuoso. Las puertas adornadas con yeserías. La entrada realizada con un arco gótico de sillería da paso a un patio con tres corredores soportados por columnas de piedra.

Los libros de visitas de la Orden de Santiago, nos dan información del devenir de la sinagoga en los años siguientes a la expulsión.

En la visita realizada a Corral de Almaguer el 25 de abril del año 1515 (23 años después de la expulsión), por los señores visitadores don Iñigo López de Perea, caballero de la Orden, y don Gonzalo García de Monresín, cura de Llerena, al visitar la Capellanía que instituyó Diego Lozano en la iglesia, cuando se relacionan las posesiones de ella, se dice:

“Tiene más, la mytad de unas casas que fueron de Pero Sánches Loçano, linde la synoga que fue de los judíos e casas de Alonso Sánches de la Puebla.” [AHN,OM,UCLÉS,L.1079]

La sinagoga había dejado de ser lugar de culto hebreo, ya no se leía más la Torá.
Este Diego Lozano era hijo de Pero Sánchez Lozano, quien, este año de 1515, había sido nombrado mayordomo de la iglesia de Corral de Almaguer, quien a su vez era hijo de Alonso Sánchez Lozano, uno de los patrones de la Capellanía de su nieto junto con Martín Fernández Briceño. Alonso Sánchez Lozano, hasta el presente año era uno de los caballeros de cuantía de la villa, por tanto una persona adinerada, como así lo sería toda la familia Lozano, pero dejó de serlo por haber repartido sus bienes entre sus herederos.

Al visitar la Capellanía que instituyó el comendador Juan de Ayllón, se dice que dicha capellanía era propietaria de la sinagoga. Juan de Ayllón compró o se apropió de la Sinagoga de Corral de Almaguer. Ahora me surge la siguiente pregunta, ¿por eso se denominó Casa de Encomienda hasta la actualidad, por ser comprada por el comendador Juan de Ayllón?, puede ser un buen motivo.
La sinagoga fue mal llamada Casa de Encomienda, puesto que la verdadera estaba situada a las espaldas de la iglesia y lindante con la que fue Casa de Bastimento de la Mesa Maestral, este año de 1515 perteneciente a la Encomienda de Monreal, siendo Tercia Real de ella.

Más tarde, como dice el manuscrito de la visita de la Orden de Santiago, parte del edificio de la sinagoga se cambió por unas tierras, con la autorización del Prior del Convento de Uclés, don Antonio de Ordás. Digo parte del edificio porque en la visita del año 1529, vuelve a aparecer la Capellanía de Juan de Ayllón como propietaria de la Sinagoga.

Otra curiosidad de esta capellanía es que la servía un abad francés, en nombre de su titular Francisco de Ayllón, clérigo ordenado de epístola y familiar del fundador.

“Otrosí, solía tener, la dicha capellanya, unas casas que eran synoga de los judíos, las quales pareçió que con liçençia del Prior del Convento de Uclés, se trocaron por los heredamientos syguientes:
Una viña de mill e çient vides, en el Pago de la Foscosa, alinde, de la una parte, el Cacho Viejo, e de la otra, Martyn Gonçález e La Ovegera.
Más, otra faça de dos fanegas en la vera de Arryba, en la Laguna, linde Diego Muñoz.
Otra faça que dizen de los Olivyllos, que cabe tres fanegas de çevada, alinde de la huerta de Sebastián Sánches.
Otra faça de quatro fanegas, camyno de la Sazeda, alinde de los menbrillos de Alonso Martínes Madero.
Quatro tenajas, las dos fasta quarenta arrovas, e las otras dos a treynta arrovas.”

[AHN,OM,UCLÉS,L.1079]

Este fue el triste final del lugar sagrado de los hebreos y lo poco que se dio a valer: una viña de 1.100 vides, 9 fanegas de tierra y 4 tinajas con capacidad para 2.258 litros de vino.

Durante las visitas siguientes, de fechas 10 de junio de 1525 y 21 de marzo de 1529, continúa usándose, como referencia, la Sinagoga de Corral de Almaguer. En 1525 son los visitadores, don Lope Zapata, comendador de la Hinojosa y don Pedro González, cura de Azuaga en 1529, don Lope Sánchez Becerra, alcaide de Bienvenida y Manguilla y don Bartolomé González Rodríguez, cura de Villanueva de los Infantes.

Propiedades de la Capellanía de Diego Lozano
“Unas medias casas que fueron de Pero Sánchez Loçano, linde Estevanía e la casa que fue synoga.” [AHN,OM, UCLÉS,L.1080] año de 1525.
Parece que Estefanía Lozano, mujer perteneciente a dicha familia, había comprado las casas de Alonso Sánchez de la Puebla, anterior propietario.

“Una mytad de casas que fueron de Pero Sánchez Loçano, linde de casas de herederos de Estevanya y de la Synoga.” [AHN,OM, UCLÉS,L.1081] año de 1529.
Las casas de Estefanía Lozano habían pasado a sus herederos.

Continuaban en poder de la Capellanía de Juan de Ayllón, las tierras por las que cambió parte de la sinagoga, aunque algunos de los propietarios de las lindes habían cambiado, tampoco se mencionan las tinajas que, muy probablemente, se habrían roto.

“Más, una viña de mill y çien vides, linde Alonso Madero e Juan Pérez.
Otra terra en la Vega Arriba, junto a la Laguna, llega al carril que se ovo a troque de la synoga, linde terra de herederos del liçençiado Gallego, de dos hanegas.
Otra terra en el camyno del Molinyllo, llega al dicho camino e a los Menbrillos de Alonso Martynes Madero, linde el bachiller Tostado, de quatro hanegas.
Otra terra alcaçer de aquel cabo de las heras, par del huerto de Pero Gonçalez de Villatobas, linde el benefiçio e la yglesia, de tres hanegas.”

[AHN,OM, UCLÉS,L.1080] año de 1525.

La Capellanía del comendador Juan de Ayllón, sigue apareciendo como propietaria de la sinagoga:
“Unas casas en la dicha villa que se dizen la Sinoga, linde casas de Juan Pérez el viejo e casas de capellanya de Diego Loçano.” [AHN,OM, UCLÉS,L.1081] año de 1529.
Además de hacer linde con las casas de la Capellanía de Diego Lozano y de Estefanía Lozano, también estaba unida a las casas de Juan Pérez el viejo.

El cementerio judío

Una comunidad hebrea tan importante, establecida en Corral de Almaguer, no podía dejar de tener su cementerio, donde enterrar y honrar a sus muertos.

Los manuscritos de la Orden de Santiago, no especifican el lugar donde se hallaba, solo lo menciona, pero teniendo en cuenta las costumbres judías para los enterramientos, he hecho los siguientes supuestos:

Primero, el cortejo fúnebre no debía de atravesar la villa, menos en los tiempos que corrían, expuestos a insultos y agravios por parte de la sociedad cristiana. Por ello supongo que, desde la sinagoga, tomarían la calle Mudarra, hacia la puerta en la muralla que existía al final de ella, de este modo se transitaba únicamente por la aljama.

Segundo, se cruzaría el río por el puente cercano, tal como ocurre en muchos otros cementerios judíos, significando el tránsito de una vida a otra.

Tercero, siguiendo paralelos al río, habrían buscado una buena pendiente, para poder orientar los cuerpos hacia Jerusalén, libre y apartada de tierras cultivables, de modo que no se viera afectada por las roturaciones de las tierras.

Los manuscritos afirman las anteriores suposiciones, ya que mencionan que, la iglesia de Corral de Almaguer, tiene una haza en dirección al cementerio judío, solo se menciona esta tierra, ninguna más entre la gran cantidad de ellas que aparecen en los manuscritos. Por consiguiente, existió un camino único para conducir a él, no compartido con otros caminos a otros lugares, alejado de tierras de cultivo.
“Otra camino del Honsario de los Judíos, que haze una fanega.” Visita de 1515.
“Otra en la Retortilla, de media fanega. Otra camino del onsario de los judíos, de una fanega.” Visita de 1525.

Finalmente decir que quizás sea posible determinar y recuperar su lugar exacto, ya que en la visita de 1529 se dice que las posesiones se han apeado, se han marcado los linderos y todo ello se ha puesto en el libro de la iglesia, por tanto, si aún se conservan los libros de ella, como cabe esperar, es posible que se diga donde estaba la haza que conducía al cementerio judío.

“Tyene, la dicha yglesia, çiento e diez e nueve haças de terras, repartidas en diversas partes por el térmyno de la dicha villa, de que ay apeamyentos e linderos de todas, en el libro de la dicha yglesia.”

Dedicatoria
Este artículo está dedicado a Red de Juderías de España – Caminos de Sefarad, porque me parece extraordinaria la labor que realizan en la recuperación de los lugares, vida y costumbres de Sefarad.
Espero que aporte nuevos datos para el conocimiento de la sociedad hebrea de Corral de Almaguer, que convivió con nosotros, hace algo más de 500 años.