Cercas y fortalezas en 1468

Autor: Enrique Lillo Alarcón
ISSN 2386-5172 - Serie: XV-14
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Enrique Lillo Alarcón
Autor: Enrique Lillo Alarcón

Cercas y fortalezas en 1468

La cerca medieval es el muro que rodea a una villa, dándole un carácter defensivo y jurídico, por un lado la protege de asaltos y robos,  sirve de refugio a los habitantes de su término y por otro lado le confiere un dominio sobre su terreno. Muchas de las villas de la Orden estuvieron cercadas.

Las cercas se hacían de tapia, también llamada tapial, por el cajón de madera que se utilizaba para su construcción. La tapia tenía una medida de 4 codos de largo por 2 de alto, lo que equivale, aproximadamente, a 2 m de largo por 1 m de alto, por tanto, cuando se dice que una cerca es de 2 tapias de alta, se quiere indicar que tiene 2 m de altura. 

Su construcción era muy parecida a los actuales encofrados de hormigón. En la base, se realizaba un zócalo de piedra que sirviera de soporte al tapial y le aislara del suelo. Se fabricaba el tapial, cajón de madera de tipo resinosa, para evitar que el material de construcción quedara adherido a sus paredes. La construcción del cajón era del modo siguiente: se hacían dos paños de tablas de madera, unidas por sus bordes; los paños se colocaban paralelos entre sí, de modo que en su interior se echaba el material; las tablas se unían con los costales, listones de madera de la misma altura que el tapial; para mantener los paños paralelos, durante el proceso de construcción, se usaban unos travesaños o riostras, entre los dos paños.

 

Cerca

 

El cajón se instalaba encima del zócalo de piedra, en su interior se echaba tierra de tipo arcilloso, mezclada con piedras de canto rodado y agua, una o dos personas la iban apisonando con un pisón de madera, para darle consistencia. Después se dejaba secar, se desmontaba el cajón y se continuaba con el siguiente. Las tapias se montaban contrapeadas, al igual que se ponen los ladrillos. En las esquinas, para dar consistencia a la fábrica, se solían poner piedras de cantería o ladrillos. Las cercas de mayor consistencia se fabricaron de cal y canto.           

 

Cerca

 

En esta visita de 1468, La Mota es una villa sin cercar. El visitador usa la palabra decercada, lo que puede significar que tuvo cerca en su día y se retiró o que nunca la tuvo. Queremos pensar que sí la tuvo, ya que muchos de los pueblos de alrededor estaban rodeados de cerca. No hay casa de alcaidía

El Quintanar tiene una cerca de tapias de, aproximadamente, 4 m de altura. No hay casa de alcaidía.

Villanueva de Alcardete no tiene cerca, pero tiene un cortijo fortificado. El cortijo tiene tapias consistentes, están rematadas con un pretil, paseo encima del muro, por donde puede caminar una persona, y almenas para su defensa, lo que le da un aspecto amurallado. Estas tapias llegan hasta la iglesia y forman parte de ella. Los vecinos de Villanueva guardan el trigo y el vino dentro de este cortijo, de modo que tienen construidas cámaras para el trigo y bodegas para el vino. No hay casa de alcaidía, ni de encomienda, ya que ésta se ha formado hace poco tiempo.

Mirabel está despoblada, tiene un monte y una casa de encomienda que se encuentra destruida. En tiempos pasados, fue casa de residencia de los comendadores.

Villamayor de Santiago está cercada, tiene unas buenas tapias rematadas con su pretil y almenas. En una esquina hay dos torres de piedra y un torrejón, todas rematadas con su pretil y almenas. Una parte de la cerca estaba hecha a cal y canto, formando un muro, en su interior había dos casas grandes de bastimento de la Orden, para guardar el pan y el vino que se diezmaba en toda la comarca. Una de las casas estaba construida a cal y canto, la otra construida con unas buenas tapias. 

Cuenta el visitador que el muro y toda la madera que constituirían la construcción de las casas de bastimento, fue destruida por el príncipe Enrique (futuro Enrique IV), en tiempos de las guerras con don Rodrigo Manrique. Tras la batalla de Olmedo en 1445, entre el condestable y favorito del rey Juan II, don Álvaro de Luna, y una coalición de nobles, entre los que se encuentra Rodrigo Manrique, muere el Maestre de la Orden, el Infante don Enrique, dejando vacante la dirección del maestrazgo. Juan II, fuerza el nombramiento de don Álvaro de Luna como Maestre de la Orden, mandando a los Priores y Treces reunirse en Ávila para ello. Rodrigo Manrique se opone a este nombramiento, y realiza incursiones en villas de la Orden, tomando por las armas algunas de ellas. Por consiguiente, es en este año de 1445, cuando el príncipe don Enrique mandaría destruir las casas de bastimento de Villamayor, ya que eran como una fortaleza en el interior de la cerca de la villa.

El visitador, recomienda al Maestre que reconstruya las casas de bastimento porque aún es posible su recuperación, sobre todo la que está construida a cal y canto, conserva las paredes y la madera del suelo.

El Toboso tiene una cerca no muy buena, hecha de tapias, de unos 2,5 m de altura. No hay casa de encomienda.

Guzques no tiene cerca. Hay una casa el comendador que no está fortificada, estaba dañada y los visitadores la mandan reparar.

Corral de Almaguer, la fortaleza que tenía fue destruida. Tiene una casa de encomienda que no está fortificada, había cosas para reparar y se mandó hacer. Cerca de la casa de encomienda, hay una buena casa de bastimento para guardar el trigo, que pertenece al Maestre. Esta casa de bastimento requiere reparaciones urgentes, ya que sino se caerá pronto.

De Puebla de Almoradiel y Puebla de don Fadrique no dice nada respecto a la cerca o casa de encomienda.

Campo de Criptana tenía una fortaleza destruida, que la mandó destruir el Maestre don Álvaro de Luna, quizás por las guerras con el Infante don Enrique y don Rodrigo Manrique, quién atacó los pueblos de La Mancha. En las visitas posteriores de 1478 y 1480, los visitadores, la encuentran medio destruida, pero con la torre del homenaje en pie. Dicen que la mandó destruir el rey don Fernando, quizás dio también la orden el Maestre don  Alonso de Cárdenas, sugerida por Fernando el Católico, también se dice que la acción fue llevada a cabo por gente del concejo de Alcazar de San Juan. Es probable que se mandase destruir en 1468, pero aún hubiera quedado en uso para poder hostigar tropas desde allí, más tarde se volvería mandar destruir por el rey Fernando. 

La Torre de Vejezate. El visitador da la situación que ya conocemos, esta torre está en La Mancha, saliendo del Campo de Montiel, en un campo sin poblado. La torre está fabricada con muros de cal y canto. Las puertas han desaparecido, así como el tejado y la madera de la parte superior, se han caído tres partes de él, la cuarta parte conserva la teja y la madera, bajo éste hay dos buenas cámaras. Toda la torre conserva los suelos hechos de muy buenas maderas, pero se están dañando, por culpa del agua de lluvia que cae en el interior, por la destrucción de gran parte del tejado.

Se mandó al comendador Lorenzo Mejía que la reparase, para lo que se le facilitó 2.000 maravedís de ayuda, provenientes de unas penas que se habían cobrado a unos vecinos de Socuéllamos, como consecuencia de una reyerta que se produjo entre ellos, en la que resultaron heridos y acuchillados algunos de los vecinos. Cuando llega el visitador, Socuéllamos estaba muy revuelto por este acontecimiento.

La torre, tampoco dispone de valla o barrera alguna que la proteja.

A pesar del mandato de reparación, el comendador hizo todo lo contrario de lo mandado y  procedió a su total destrucción. El visitador se dirige al Maestre diciendo que, la torre de esta encomienda, la construyeron en tiempos pasados por alguna buena causa, por tanto, sería cosa justa que el comendador la tuviera reparada y bien hecha, y si la destruyó que la vuelva a construir.

Cerca de esta torre hay una huerta.

Socuéllamos tiene una casa de encomienda no fortificada, de aposentamiento.

Manjavacas tiene otra casa de encomienda no fortificada, de aposentamiento.

El visitador manda, al comendador, que se repare lo que sea menester en ambas casas.

Los Hinojosos tiene una casa de encomienda no fortificada. El visitador manda reparar lo que sea necesario.

Por: Enrique Lillo Alarcón
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