La aljama de El Quintanar. Dos judíos conversos, los Villanueva.

Autor: Enrique Lillo Alarcón
ISSN 2386-5172 - Serie: XV-26
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Enrique Lillo Alarcón
Autor: Enrique Lillo Alarcón

Judíos de El Quintanar, s. XV

Verano de 1492, unos pocos judíos abandonan El Quintanar. El plazo dado por el Inquisidor General Tomás de Torquemada, en nombre de los Reyes Católicos, se ha terminado; los judíos influyentes, Isaac Abravanel, Abraham Senneor, cercanos a ellos no han podido hacer más para detener la expulsión. Se juntarán con otros cuantos del Corral de Almaguer, recogerán en el camino a los de La Mota, y todos ellos tomarán el Camino de los Valencianos para embarcar en un puerto de levante; abandonan su querida tierra Sefarad, con destino quizás a Génova, algún puerto del sur de Francia o, si se encuentra un barco propicio, a un punto extremo del Mediterráneo Oriental, pero su desgracia no finalizará aquí, pues en muchos de estos lugares fueron tratados peor que en España, llegando a ser, en algunos de ellos, incluso esclavizados.

Expulsión de los judíos de España
Expulsión de los judíos de España
Emilio Sala

No van todos los que estaban allí, muchos de ellos se han convertido al cristianismo, tenían su vida organizada en la Mancha, al sopesar su situación económica y social prefirieron bautizarse, forzados por tanta persecución durante todo el s. XV; ellos, los que se iban, no quisieron cambiar su religión por su estado; solo les permitieron sacar algunos bienes, casa y posesiones las malvendieron, dinero no se podía llevar, lo convirtieron en cartas de pago que se transformaron en nada, debido a los intereses tan altos que les impusieron los banqueros aprovechando la situación, los que se atrevieron a llevarlo escondido, sufrieron fuertes castigos; muchos llevaron entre su bagaje la llave de su casa, que aún hoy día conservan, muchos siguieron hablando el ladino, que también conservan aún, un dialecto de castellano antiguo que los acerca a nosotros y nos hace recapacitar sobre su injusta expulsión… Se calcula que de unos 200.000 sefardíes que habitaban Sefarad en tiempos de los Reyes Católicos, finalmente, solo salió un 10% que no regresó jamás, unos 20.000. Una cuarta parte, del total de judíos, se convirtió en los primeros meses de la expulsión, el resto regresó a los pocos meses de haber salido, alegando que se bautizaron en otros lugares.

Judíos saliendo de una villa Castellana
Judíos saliendo de una villa castellana

El Quintanar tuvo una Sinagoga, rodeada por una aljama.
En los años anteriores a la expulsión, decretada el 31 de marzo de 1492 y hecha efectiva el verano de ese mismo año, los judíos de El Quintanar vivían recluidos en su aljama, situada en el vericueto de calles entre la calle Real y la calle Aguas, por donde corría la antigua muralla de la villa. Desde las cortes de Toledo de 1480, los Reyes Católicos decretan que vivan en sus aljamas, pudiendo salir de ellas solo durante el día, debiendo llevar una rodela bermeja en el hombro derecho de sus vestiduras.
La sinagoga era el centro neurálgico de esa zona; además del culto, en las casas y dependencias cercanas a ella, se educaba a los niños, se lavaba la ropa, existían carnicerías propias, debido a la prohibición religiosa de comprar carne en otras distintas a las tratadas por un no judío, existían, en fin, los baños públicos de la aljama.
Se trató de una comunidad pequeña, baste decir que en marzo de 1495, los vecinos de El Quintanar solo llegaban a 115, unos 575 habitantes. En este año se tiene constancia que aún existía la sinagoga como tal, pero sin posibilidad de culto ya que, como se ha comentado, la expulsión se produjo tres años antes; así mismo tenemos constancia de dos posibles judíos conversos, Diego de Villanueva, propietario de unas casas junto a la sinagoga y Pedro de Villanueva, propietario de un terreno hacia el camino de El Toboso.

En los libros de visitas de los años 1495, 1498 y 1500, cuando se habla de la capellanía que instituyó en la iglesia parroquial, Juana, hija de Pero Hernández o Fernández de Juan Domínguez, se dice que, dicha capellanía, era propietaria de unas casas linderas con la sinagoga, así como otras casas en la misma judería sobre las que existían ciertas diferencias; es claro que ya se habrían marchado los judíos propietarios y la dicha capellanía habría adquirido la propiedad de ellas:

“Unas casas, linde de Diego de Villanueva y de La Synoga. Otras casas, linde de estas mysmas, sobre la mytad de ellas ay çierta diferençia…”

Cuando se habla de las posesiones del beneficio curado, éste es propietario de una haza que linda con tierra de Pedro de Villanueva:

“Otra haça camino del Tovoso, linde de Pedro de Villanueva, que haze tres fanegas.”
[AHN,OOMM,UCLÉS,L.1067]

El 4 de marzo de 1508, los visitadores Diego Hernández de Córdoba, comendador de Alcuesca y Alonso Martínez Salido, cura de Almedina, visitan El Quintanar, este año se producen grandes cambios, Diego de Villanueva ha fallecido, ocupa su lugar en las casas cercanas a la que fue sinagoga, el que, probablemente, debe ser su hijo, Alonso de Villanueva; Pedro de Villanueva ejerce como mayordomo de la iglesia; la sinagoga es comprada por unos feligreses y se convierte en ermita.

La capellanía de Juana Fernández o Hernández, es propietaria de una casa alinde con la casa de Alonso de Villanueva, así como otra casa que ya adquirió en la misma judería; también es lindera con otra casa de Hernán Garçía Delgado, quien debió adquirirla de algún judío que partió al exilio:

“Tyene, la dicha capellanía, una casa, alinde de casa de Alonso de Villanueva, e de Hernand Garçía Delgado. Otra casa linde de la susodicha.”

Pedro de Villanueva, continúa como propietario de la tierra que tenía camino de El Toboso, y lo que es más importante, ha conseguido ser nombrado mayordomo de la iglesia, por tanto pudo, como muchos otros judíos conversos, integrarse en el cristianismo. No olvidemos que Tomás de Torquemada y los dos colaboradores más fanáticos del Santo Oficio, Alonso de Espina y Alonso de Cartagena, eran descendientes de hebreos:

“Hallaron por mayordomo, de la dicha yglesia, a Pedro de Villanueva, vesino de la dicha villa. El qual paresçe que fue puesto, por el cura e conçejo de la dicha villa, dende veynte e syete días del mes de junyo del año de mill e quinientos e syete.”

El edificio de la sinagoga, que se encontraba abandonado después de 16 años, es recuperado por varios cofrades, seguidores de San Vicente Ferrer, quienes, junto con el concejo, lo compran para hacer la ermita en honor de Santa María de la Piedad, recuperan la imagen que se encontraba en el camino de Villanueva de Alcardete y la colocan en la pared de la alacena:

“Visitaron otra hermyta que se dise Santa María de la Piedad, que solía ser Synoga. Conpráronla el conçejo y çiertos cofrades para rezar. La dicha hermita está byen reparada. No tyene renta ninguna.”
[AHN,OM,UCLÉS,L.1071]

¿Sinagoga?

En la visita del 5 de mayo de 1515, se nombra mayordomo e la iglesia a Alonso de Villanueva, en sustitución de Martín Fernández Pintado, siendo el segundo converso que llega hasta ese oficio de la iglesia parroquial:

“Et porque, al dicho Martyn Fernándes, le hallaron que es persona ynpedida para el dicho ofiçio, quitárongelo, e mandaron al conçejo que luego nonbrase otro mayordomo, los quales nonbraron a Alonso de Villanueva, vezino de la dicha villa, el qual es onbre llano, e abonado, e ábile, e sufiçiente para el dicho ofiçio, el qual açebtó el dicho cargo, e fue luego executado en bienes del dicho Martyn Fernándes Pintado, mayordomo, por los dichos nueve mill e quinyentos e noventa maravedís del dicho alcançe.”
[AHN,OM,UCLÉS,L.1076]

Sinagoga del Corpus. Segovia
Sinagoga del Corpus, Segovia
Daniel Zuloaga

La sinagoga ermita

De la antigua sinagoga solo queda un pequeño rincón primitivo, un cuarto que precede a la actual sacristía, con acceso directo a la calle.
La sinagoga estuvo orientada en dirección este, como la mayor parte de ellas, condición necesaria para dirigir el rezo hacia Jerusalén. La entrada, desde la calle, no era directa sino que se hacía a través de un patio donde se distribuían las dependencias de la misma.
En la pared oriental, dentro de un armario o nicho (hejal), cerrado con puertas de madera o metálicas, cubiertas con bellas cortinas (parojet), se guardaban los rollos de la Torah y las Leyes hebreas, estas eran cantadas en el púlpito (tebá) por el hazán. El lugar donde se guardaron las Leyes es la actual alacena, adornada de azulejos.
Los hombres, dentro de la sinagoga, se disponían en bancos corridos de madera, dispuestos por las paredes de la sala de oración, las mujeres no estaban juntas con los hombres, disponían de un lugar reservado para ellas (azará), consistente en una tribuna.
Los muros solían ser altos, con ventanas que iluminaban el espacio de oración, lámparas en los techos, alfombras en los suelos, siete lámparas en el púlpito recordaban el candelabro de los siete brazos, trompetas para el año nuevo.

Interior Sinagoga. Cuadro antiguo

El culto se celebrada el sábado y los días de fiesta, se comenzaba con una lectura u oración, continuaba con las lecturas de la Torah y de los Profetas, así como alguna exhortación de los presentes, ya fuese miembro de la comunidad o de otra foránea. Así pues, en el cuartito de la Virgen se oyeron oraciones en hebreo, pronunciadas por antiguos habitantes de El Quintanar, así como lecturas y cantos de los libros sagrados.

Agradecimiento: a mi amigo y pariente Mariano de San Antonio Lillo, por su ayuda.

Por: Enrique Lillo Alarcón
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