Porvenir: Ensayo periodístico en los 60

Autor: Fernando Tinajero Riquelme
ISSN 2386-5172 - Serie: XX-1
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Fernando Tinajero Riquelme
Autor: Fernando Tinajero Riquelme

Llevaba tiempo queriendo hablar de un ensayo periodístico, PORVENIR, que hicimos en La Mota a principios del año 1963, bajo la dirección de nuestro maestro, Francisco Moreno Viedma, llamado de forma cariñosa Paco “el Sacristán”. Aprovechando el reciente hallazgo en casa de mi madre Teresa Riquelme (q.e.p.d.) hemos podido recuperar los cinco ejemplares de aquel viejo periódico que con tanta ilusión confeccionábamos.

Este artículo no pretende ser un estudio de la escuela moteña de la posguerra sino unos pocos recuerdos -no todos por falta de espacio- y experiencias vividas hace casi medio siglo. Al principio solo daré unas breves pinceladas sobre mi escuela en general, para centrarme, luego, en dos particularidades que la hacían especial: las filminas y este pequeño ensayo periodístico, con nombre de tiempo futuro: Porvenir.

Dos cosas me motivaron a escribirlo. Por un lado, rendir un sencillo pero sentido homenaje a un maestro, que aunque nació en la bonita y renacentista Baeza, en la provincia de Jaén, se integró muy pronto en el entramado cultural de nuestro pueblo. De hecho, fue sacristán; y muchas de sus composiciones son referentes a La Mota, sus patronos y sus gentes. Por otro lado, que los lectores de la revista tengan conocimiento de lo que hacíamos en una época difícil en un pueblo perdido en la Mancha conquense.

No sé si Paco nos enseñó más o menos materias, lo que sí sé es que con él aprendimos comportamientos y valores que nos han servido en la vida y nos han dejado una huella imborrable, que yo recuerdo con cariño.

 

Los cinco ejemplares publicados del periódico
Los cinco ejemplares publicados del periódico

MI ESCUELA

Pertenecía al grupo escolar del Santo y estaba situada en la esquina de la calle de las Escuelas con la calle Ramón y Cajal, dónde hace algún tiempo estuvo la oficina de Correos.

El aula estaba presidida por un crucifijo flanqueado por dos retratos: uno, de Franco a la izquierda y otro de José Antonio, a la derecha; algún mapa político de España y otro físico donde se podía ver la orografía (los montes y los ríos). Algún mapamundi, sin marco, hecho de hule y enrollable. Tres banderas colocadas en mástiles de madera: la española (roja y gualda), la de los requetés (blanca con la cruz de San Andrés en rojo) y la de la Falange (roja y negra con el yugo y las flechas).

La estufa era encendida por los alumnos mayores que algunas veces con mucha gana de “guasa” hacían todo lo posible para que no ardiera la leña y se llenase el aula de humo.

Los pupitres, de dos plazas, eran indestructibles, hechos de madera y con la idea de que duraran mucho tiempo. Tenían un rebaje circular donde se ponía el tintero, pues nos enseñaban a escribir con pluma Habiendo tinta y chavales no podía faltar el socorrido papel secante.

Tras el izado de bandera y la oración daba comienzo la clase con la corrección de los deberes, que todos los días Paco nos mandaba y que para hacerlos tratábamos de involucrar a nuestras madres que nos ayudaban en lo que podían.

La coeducación, que funcionara en tiempos de la República fue suprimida, por lo que la “escuela de niños”, que éramos nosotros, estaba separada de la “escuela de niñas”, incluso, teníamos algunos libros distintos. Sin embargo, el cuaderno de rotación, se mantuvo. Cada día, un alumno diferente escribía en él. Primero, se anotaba la fecha y la efeméride, y después, las actividades que se hacían en clase durante el día. El maestro solía guardarlo para tener un resumen gráfico de lo que se había hecho durante el curso.

Los sábados había clase: se explicaba el Evangelio, se memorizaba el Catecismo y se daba Historia Sagrada. Para compensar, los jueves por la tarde si hacía buen tiempo, íbamos de paseo a las eras.

El material escolar era escaso a base de cartillas para aprender a leer y escribir, la Enciclopedia que servía para todas las materias, un libro de lectura propiedad de la escuela, el catecismo, una libreta, un lápiz y una pluma para los ejercicios.

Los maestros debían ceñirse estrictamente al programa establecido por el Ministerio de Educación Nacional, donde la censura estaba muy presente. Todos los manuales y libros estaban pasados por el tamiz de la censura que los marcaba como textos revisados para poder ser utilizados.

La enciclopedia Álvarez, la única que teníamos, se apoyaba sobre la base de que “la memoria es la principal arma a desarrollar y cultivar por el estudiante”. En la Enciclopedia estaban todos los temas Para aprender a escribir, leer y dibujar utilizábamos las Cartillas. También había Cuadernos de Trabajo adaptados a cada una de las asignaturas de las Enciclopedias (Aritmética. Lengua Española, Historia, Higiene,etc.). Había tres grados de la Enciclopedia Álvarez: Primer Grado: Hasta los 7 años. Segundo Grado: De 7 a 12 años. Tercer grado: De 12 a 15 años. A partir del 1973 se dejó de usar definitivamente como consecuencia del cambio en el sistema educativo.

Por la mañana, en la cartera, además de los libros, llevábamos una bolsilleta con el vaso, la cuchara y la porción de “Eko”, “Afín” o “Colacao”, o el sobre de “Toddy” para recibir en la hora del recreo la leche caliente procedente de la ayuda americana, que se daba en las escuelas para nutrir a los escolares. La leche se elaboraba con leche en polvo y tenía un extraño sabor, pero en los fríos inviernos, se agradecía.

Recogíamos sellos de correos que, en contra de lo que nosotros pensábamos, tenían algún valor y cuando llegaba las fechas del Domund cogíamos nuestra hucha de cerámica con la figura del negrito, el indio o del chinito y salíamos a la calle a recaudar fondos para tan justa causa. No tengo constancia de que existan fotos de los alumnos junto al maestro, una lástima.

LAS FILMINAS

Las filminas eran unas tiras de película diapositiva (imágenes positivas de color o en blanco y negro) que constaban de un número variable de fotogramas que presentaban un tema secuenciado o documento fijo (mapa , esquema, etc.).

Los proyectores de esta serie de fotografías o figuras estaban fabricados para que el operador pasase la tira manualmente. Tenían buena luminosidad y definición. Luego llegaron los automáticos. En aquellos tiempos, en los que la televisión no estaba tan extendida como ahora, las filminas eran un verdadero entretenimiento y disfrute.

Según me cuenta mi amigo Marciano grabábamos en un magnetófono los efectos especiales de viento, lluvia, tormenta etc. que complementaban la insonoridad de algunas filminas. Eran simultáneamente comentadas por el maestro ayudándose de un micrófono.

Los días de proyección eran los jueves. La película se proyectaba en la pared de la clase y venían alumnos invitados de otras escuelas. El precio de la entrada era de 5 perras gordas (esto, que en un principio parece una ridiculez, a veces era un problema el lograr que nuestros padres nos dieran 2 reales extras).

Las filminas eran de distintos tipos: educativas, recreativas, de naturaleza, de historia, de educación cívico-social, etc. Cuando llegaba el tiempo de Cuaresma, las filminas cambiaban de tema: siendo estos de tipo piadoso y religioso. En el tiempo de las primeras comuniones se exponían temas sobre la confesión y preparación para la primera comunión de los niños; estábamos muy motivados y disfrutábamos de lo lindo. Provocábamos envidia, no sé si sana o insana, en las otras escuelas que no tenían un maestro tan dinámico y emprendedor como el nuestro y que además tocaba muy bien el acordeón.

EL PORVENIR, PROPIAMENTE DICHO. SU ESTRUCTURA

Cuando Paco nos comentó la idea de que íbamos a escribir un periódico nos ilusionamos y a la vez sentimos miedo a lo desconocido pero nada teníamos que temer ya que la mayor responsabilidad recaía en el maestro. Él hizo todas las gestiones y en Enero del 1963, con todo dispuesto, salía el primer número de nuestro pequeño periódico. Sólo cinco ejemplares pudieron ver la luz, su vida fue breve pero muy intensa, fructífera y bonita mientras duró.

El periódico, dirigido principalmente a los padres y familiares de los alumnos, estaba estructurado de la siguiente manera:

Cuadro de Honor
 
Cuadro de Honor

Un CUADRO DE HONOR: Donde figuraban los mejores alumnos, que habían destacado en las pruebas semanales y mensuales.

Al menos, el primero de ellos, recibía un regalo (en la mayoría de los casos un libro). Otras veces, material didáctico, y en todas, el reconocimiento de haberse esforzado. El salir en el Cuadro de Honor implicaba un desplazamiento físico en el orden de la escuela. Los mejores, ocupaban los primeros pupitres de la clase. Cada mes cambiábamos de sitio; esto hacia que la clase fuera más dinámica y unida, pues al sacarte de tu grupo de amigos tenías que relacionarte con todos. Todos luchábamos para ser los primeros, pero sin zancadillas; cada uno era lo que era y sabia lo que sabía, todos estábamos picados unos con otros porque queríamos salir en el Cuadro de Honor. Procurábamos mejorar y y así poder ver nuestro nombre reflejado en el Cuadro para vanagloria nuestra y orgullo de nuestros padres.

Otra sección la EDITORIAL, titulada “Tu hijo te habla”. En este apartado, Paco insistía a los padres de que “…no llevasen a sus hijos a trabajar en el campo y así faltar a la escuela…” Yo, dentro de mi inconsciencia y falta de responsabilidad propios de mi corta edad, siete años, estaba interiormente muy contento de que mis padres no tuvieran tierras, para que así no pudieran mandarme a trabajar en ellas como a algunos de mis amigos y faltar a la escuela. Nunca se lo dije a mi madre, no obstante, si se lo hubiese comentando seguro que me habría respondido con algo ocurrente y gracioso, pues tenía un gran sentido del humor; aún así, me entraba remordimiento hasta de pensarlo.

El maestro deseaba liberar a los chavales de sus lazos primordialmente agrícolas y que pudieran el día de mañana labrarse un PORVENIR, mejorando su cultura. “…el mejor dinero que se puede invertir es en la cultura de los hijos….”, “…es mejor labrar las fanegas de tierra de nuestra inteligencia…”. Muchos talentos se perdieron en el camino.

En un país donde había un alto el índice de analfabetos resultaba complicado explicar y hacer comprender a los padres multitud de cosas: Ellos pensaban que lo que no era trabajo físico, no era trabajo; el intelectual, para ellos, no existía; pues muchas veces implicaba estar sentado en una silla y con unos papeles encima de la mesa y esto era complicado para que lo entendieran. No comprendían que este trabajo también agotaba. Era como predicar en el desierto. Aun así, los padres de forma generosa mandaban a sus hijos a la escuela hecho que sus padres no hicieron con ellos.

Muchas veces los hijos, viendo las estrecheces económicas que atravesaban sus familias, querían aportar su granito de arena yendo al campo aun a costa de dejar abandonado su futuro.

Paco no se cansaba de hacer advertencias a los padres: La educación de sus hijos les correspondía a ellos, los maestros solo eran una ayuda complementaria, Se pedía, en numerosas ocasiones, que los padres se implicasen en su educación.

Los padres no veían cuando el maestro explicaba la lección, corregía los cuadernos e imponía el orden y la disciplina. Algunos no eran capaces de dominar a un hijo y el maestro tenía cuarenta; y cada uno de su padre y de su madre.

También les advierte que si no ven a sus hijos en el Cuadro, insistan en motivarles para que en el próximo puedan aparecer.

Los días de paseo, eran muy mal interpretados por los padres de los alumnos, que pensaban que los maestros no tenían ganas de trabajar, pero nosotros encantados.

En aquellos tiempos, el padre confiaba plenamente en el maestro, cortaba de raíz los argumentos del niño y antes de escuchar al niño el padre le castigaba solidarizándose con el maestro. El maestro era respetado.
 

Imagen del periódico
 
Imagen del periódico

Otro apartado, el de ACTIVIDADES:

- Febrero de 1963 “…se envían 90 Pts. A Vitoria para bautizar a 6 niños, esta limosna fue recolectada por los niños de esta escuela…

- En marzo del mismo año, con motivo del día del Seminario “…se envían limosnas para que los seminaristas pobres puedan estudiar…

Se incluían palabras de aliento y felicitación de personajes relevantes apoyando al maestro y la idea de la publicación del periódico: En abril, el maestro recibió palabras de aliento de D. Jacinto Ruiz “Mi cordial felicitación al inquieto maestro y artista, Moreno Viedma por su acertada labor.”.

Una sección de ME GUSTARIA SER…, donde el alumno que escribía ponía sus preferencias y las justificaba (futbolista, pintor, etc.)

Luego los ARTICULOS propiamente dichos, que los alumnos escribíamos y el maestro era el encargado de pasar a máquina. Estos escritos eran variados, espontáneos y frescos, sabiamente dirigidos por el maestro. Y que ahora cuando lo leemos nos embarga la emoción. Estábamos como en casa, se nos respetaba los nombres cariñosos que en nuestra casa nuestros padres y familiares nos decían, Jesusito, Fernandito, etc.

El periódico era sacado por multicopista y las portadas eran coloreadas a mano una a una, (menos mal que la tirada era corta). Paco era el encargado de pasarlos a máquina y de hacer los dibujos alusivos. Nos parecía magia que con un rulo tan negro de tinta pudieran salir las hojas limpias y poder leerse.

Los cuatro primeros números fueron muy parecidos tanto en contenidos como en extensión. El Nº 5 salió mejorado y ampliado gracias a la ayuda recibida por un moteño Antonio Peñalver Palacios, jefe de la Delegación del Frente de Juventudes. Pero fue engordar para morir. Después de este número, PORVENIR terminó su pequeña andadura, posiblemente por traslado del maestro.

Al final del último número: “Todos los números de PORVENIR pueden leerse en la Biblioteca Pública municipal”, se envió una copia a la Biblioteca Municipal pero desgraciadamente se perdió; creo recordar que ardieron en un pequeño incendio que hubo en la Biblioteca. De una forma u otra nos perdimos su lectura y que la gente del pueblo pudiera verlos. Haré una edición facsímil que llevaré a la Biblioteca para que las generaciones venideras puedan ver lo que hacíamos en la escuela de aquellos tiempos.

Los medios eran muy pocos pero la ilusión y la vocación de nuestro querido maestro hacía el resto. Paco era muy querido por todos. Era polifacético (compuso entre otros muchos, el himno a la Virgen de Manjavacas), era muy emprendedor, dinámico y con una gran capacidad de convicción para involucrar a todos en su proyecto. Era en el más amplio sentido de la palabra UN MAESTRO.

Por todos los quebraderos de cabeza que te hayamos podido dar.

Gracias Don Paco.
 

Por: Fernando Tinajero Riquelme
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