Alholí de Quintanar de la Orden del año 1531

Autor: Enrique Lillo Alarcón
ISSN 2386-5172 - Serie: XVI-43
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Enrique Lillo Alarcón
Autor: Enrique Lillo Alarcón

Con la llegada de los Austrias, los concejos de la Mancha Santiaguista comienzan a independizarse del gobierno de la Orden de Santiago, desean controlar la vida cotidiana de los vecinos de sus ayuntamientos y gestionar sus necesidades.

Hasta hace unos pocos años, en el comienzo de este s. XVI, solo la Orden de Santiago construye edificios para guardar los cereales y el vino que recogen de los diezmos que entregan los vecinos pecheros, como impuesto estipulado desde hace siglos, desde que los territorios fueron conquistados a los musulmanes y repoblados por la Orden a comienzos del s. XIII, son las tan conocidas Tercias Reales de los pueblos de la Mancha Santiaguista.

Ahora hay otra necesidad, los concejos quieren construir sus propios edificios para guardar el grano, ¿con qué objeto?, con el de cumplir una función social.
Estos edificios son los alholíes, cuya palabra proviene de alhorí y ésta del árabe alhurí, y que después se transformó en alfolí, para llamarse por el más conocido de pósito en nuestra Mancha.

¿Por qué cumplía una función social?, en su afán de ayuda a sus vecinos, y para regular las malas cosechas que se producían por la dependencia de las condiciones climáticas incontroladas, los concejos decidieron construir edificios para guardar el grano que se producía en exceso durante los años de buenas cosechas, y ceder grano a los agricultores, a un bajo interés, para plantar en los años de malas cosechas. Es una idea simple y que ya usó hace unos miles de años José, cuando construyó graneros para el faraón de Egipto. Son los precursores de las primitivas Cajas de Ahorro que aparecen a una edad tan temprana, prestar a un bajo interés para cubrir necesidades sociales.

Todos los pueblos de la Mancha Santiaguista, y Quintanar no iba a ser menos, tuvieron una fiebre repentina de construir sus alfolíes o pósitos, durante la década de los años treinta en el s. XVI. Aunque todas las villas tuvieron uno, el más conocido entre todos, el mejor conservado y el que ha llegado hasta nuestros días es el de Campo de Criptana, cuya imagen reproducimos.

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Alholí o Pósito de Campo de Criptana con el escudo del rey don Carlos

Todavía está muy presente el común de términos que concedió la Orden, a través de su maestre don Fadrique, allá por el año 1353, por esta razón, las villas santiaguistas, no tienen propios ni rentas con que hacer frente a sus iniciativas concejiles, y menos para construir un edificio para guardar grano, la piedra es cara y los maestros canteros cobran demasiado bien su trabajo.

– ¿Cómo podremos construir nuestro alholí, que nos demandan nuestros vecinos, (piensan los alcaldes y regidores del consistorio de Quintanar de la Orden) sin tener rentas para ello? –
Uno de ellos dice:
– Tenemos dos hazas que son tierras concejiles, la Vablanquilla y la Laguna, si las arrendamos durante unos años, con el dinero que obtengamos, podremos construir nuestro depósito y pagar el grano necesario para comenzar con nuestra actividad de préstamo –
A todos los oficiales del concejo del Quintanar les pareció una idea acertada y, ni cortos ni perezosos, mandaron al escribano del ayuntamiento que redactara una carta al Consejo de Ordenes que representaba al rey don Carlos.

El Consejo de Ordenes tramitó la petición y mandó, a su vez, una carta al gobernador del Partido de la Mancha y Ribera de Tajo, cuya sede estaba en Ocaña (aún no había sido nombrada Quintanar de la Orden la gran capital que fue de este Partido), de fecha 11 de marzo de 1531, cuyo texto transcrito es el siguiente:

“Sepades que por parte del conçejo de la villa del Quintanar me fue fecha relaçión, por su petiçión, que en el mi Consejo de la dicha Horden fue presentada, dyziendo que, en la dicha villa, no tienen alholí de pan para el proveimiento delos vezinos della.
E que, porque el dicho conçejo lo querría hazer, e para ello no tienen propios ny rentas, que me suplicavan e pedían por merçed, les mandase dar liçençia para arrendar por doze o quynze años dos haças de tierra conçegiles, la una que dizen la Vablanquylla, e la otra la Laguna.
E que los maravedís que, por el arrendamiento delas dichas tierras, les diesen, se conprasen de pan para el dicho alholí, como la my merçed fuese.”

[AHN,OM, AHT,leg.78171]

El rey don Carlos, a través de su Consejo de Ordenes, manda a su gobernador del Partido de la Mancha que envíe a sus oficiales a la villa de Quintanar, para que hagan averiguación de lo siguiente:

Que Quintanar de la Orden, efectivamente, no tiene alholí de pan del que se puedan proveer los vecinos de la villa y si es conveniente que lo tengan.

Que el concejo no tiene propios, ni rentas, ni deudas de cuentas pasadas, con las que puedan construir el alholí y comprar el pan necesario o parte de él. Para ello deben inspeccionar los libros de mayordomías y cuentas del concejo.

Que se informen de las dos hazas que el concejo tiene y quiere arrendar para lo susodicho, si son suyas, cómo se llaman, en qué lugar y parte están, con qué otras tierras lindan, si son dehesas o tienen algún privilegio de modo que no sea posible su arrendamiento, si tienen costumbre de pastar sus ganados en ellas, o labrarlas algún otro concejo o personas particulares, en definitiva, si se pueden arrendar sin perjuicio a un tercero, cuántos maravedís se pueden pedir de arrendamiento cada año.

Para toda esta información, se debe proceder a interrogar a los testigos que se consideren necesarios y a los oficiales del concejo.
Después a campana tañida, es decir, llamando a consulta a todo el pueblo y, con la opinión de todos, es decir, dando cada uno de los vecinos su opinión, conoced si todos los vecinos están de acuerdo con hacer un alholí de pan, que las dos hazas se arrienden por un tiempo de doce o quince años y si hay alguno que estuviera en contra que diera su parecer.
Obtenida esa información se debe enviar al Consejo para que se determine lo que se debe hacer con la solicitud de licencia.

Señores, nuestros antepasados de hace 500 años nos dan un ejemplo extraordinario de democracia, reunirse todos los vecinos para votar, a mano alzada, y tomar una decisión sobre lo que se debe hacer en su ayuntamiento.
Esto mismo es lo que hacía el pueblo griego, por eso se considera a la antigua Grecia el lugar de nacimiento de la democracia.

Transcripción del documento [AHN,OM, AHT,leg.78171] por Enrique Lillo Alarcón.

Por: Enrique Lillo Alarcón
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